El líder norcoreano se reunirá con el presidente ruso, cuando Corea del Norte busca apoyos internacionales en su pulseo con Estados Unidos.

Cuando el líder norcoreano Kim Jong-un se reúna con el presidente ruso Vladimir Putin, tendrá una larga lista de exigencias, especialmente después del fracaso de su reciente cumbre con el presidente estadounidense Donald Trump.

Pero la incógnita ahora es hasta qué punto Putin estará dispuesto a cumplir.

A pesar de una cooperación que data desde la misma fundación de Corea del Norte, las relaciones entre Pyongyang y Moscú no siempre han sido las mejores.

Aquí un vistazo a lo que Kim desea de su vecino del norte, y a las razones por las que podría estar tratando de provocar cambios políticos en momentos en que se ven estancadas sus relaciones con Estados Unidos y su campaña para conseguir más inversiones surcoreanas.

Lo que Kim desea

Kim tiene dos temas urgentes en su para tratar en la cumbre.

Más de 10,000 obreros norcoreanos en Rusia, muchos en la industria maderera en el Lejano Oriente de Rusia, serán expulsados para fines de año en cumplimiento con unas sanciones de la ONU del 2017. Los obreros le han estado dando a Corea del Norte remesas que según cálculos ascenderían a cientos de millones de dólares y que el régimen de Kim desea mantener.

Kim además está preocupado por la posibilidad de una escasez de alimentos en su país. Rusia ha expresado su disposición a dar ayuda humanitaria y el mes pasado anunció que había enviado más de 2,000 toneladas de trigo a puerto norcoreano de Chongjin.

Pero su decisión de cortejar a Putin seguramente tiene raíces más profundas.

A pesar de todos los análisis mundiales sobre la desnuclearización, la principal prioridad de Kim es la economía de su país. Tras el fracaso de su cumbre con Trump en Hanoi en febrero, sus esfuerzos por salvarse de las sanciones internacionales y mejorar la economía se han visto paralizados.

Corea del Norte siempre ha dependido de China como su principal socio comercial. Pero esa dependencia, y la ventaja enorme que le otorga a Beijing, tiene nerviosos a muchos funcionarios norcoreanos.

Además, Kim ha estado presionando a Corea del Sur a que participe en proyectos binacionales a fin de construir ferrovías y mejorar su infraestructura. Su retórica en pro de la unidad coreana, sin embargo, se ha topado con la fuerte alianza entre Seúl y Washington, que le ha advertido al gobierno surcoreano a que se abstenga de cualquier medida que debilite las sanciones internacionales.

Según documentos internos obtenidos por un experto surcoreano y publicados esta semana por un diario japonés, Kim desea multiplicar por 10 su intercambio comercial con Rusia para el 2020, llevándolo a 1,000 millones de dólares.

Ello, obviamente, necesitaría una significativa relajación de las sanciones, lo que luce improbable. Pero además requeriría de un cambio en la política rusa.

A diferencia de China, que tiene a muchos empresarios dentro de Corea del Norte, Rusia tiene escasa presencia en ese país. Las autoridades han hablado de ambiciosos proyectos como rutas de trenes hacia Europa u oleoductos entre las dos Coreas, pero Putin no parece muy interesado.

¿Por qué ahora?

La cumbre entre Kim y Putin, sorpresivamente, ha tardado mucho en hacerse realidad.

Ha pasado casi un año y medio desde que Kim anunció su plan de salir de su aislamiento y ampliar sus relaciones diplomáticas con China y con Corea del Sur, y de negociar con Estados Unidos sobre una desnuclearización.

Desde entonces ha realizado cuatro cumbres con el presidente chino Xi Jinping, tres con el presidente surcoreano Moon Jae-in y dos con Trump.

La cantidad de encuentros ha impulsado a Kim, retratándolo como participante activo en el escenario diplomático mundial.

Pero la cumbre de Hanoi demostró que sus destrezas son limitadas. Terminó sin acuerdo sobre la desnuclearización ni sobre el levantamiento de sanciones, condición que ahora luce más difícil ya que ambas partes han asumido posiciones más duras.

La decisión del líder norcoreano de reunirse ahora con el mandatario ruso podría ser reflejo de sus frustraciones.

Putin tiene más experiencia lidiando con el régimen norcoreano que muchos otros gobernantes. Visitó Pyongyang en el 2000, y se reunió con el padre de Kim, Kim Jong Il, en Moscú en el 2001 y en Vladivostok en el 2002. El expresidente ruso Dmitry Medvedev también se reunió con Kim Jong Il en Vladivostok, en el 2011.

Rusia desempeñó un importante papel en llevar al poder al abuelo de Kim, Kim Il Sung, y a reconstruir a Corea del Norte tras la guerra de 1950-53. Esas relaciones, sin embargo, declinaron a raíz del derrumbe soviético y la decisión de Rusia de poner fin a los subsidios otorgados a ex aliados soviéticos, debido a sus propios problemas económicos.

Al igual que Kim, Putin no es de ninguna manera admirador de la forma en que Estados Unidos usa sanciones económicas como herramienta de presión diplomática. Incluso una tenue declaración por parte de Putin, de solidaridad con Corea del Norte o de rechazo a la política estadounidense de “presión máxima”, sería un triunfo para Kim.

Pero Putin tiene bastantes problemas propios, y bastantes razones para negarse a aceptar onerosos compromisos.

Particularmente, no quiere irritar a China. Inmediatamente después de reunirse con Kim, Putin viajará a Beijing para una cumbre sobre un plan chino de mejorar la infraestructura regional, algo que podría ser sumamente lucrativo para Rusia.

¿Qué vendrá después?

Si Putin decide involucrarse más en el tema norcoreano, los esfuerzos estadounidenses de obligar a Kim a aceptar una desnuclearización podrían verse complicados. Y Putin ya ha indicado que se opone a la política de sanciones tan preferida por Trump.

A Putin también le interesa debilitar la influencia de Washington en la región, aunque como China, no quiere un caótico colapso del régimen norcoreano que desemboque en un éxodo masivo de refugiados y una inestabilidad económica.

Entonces, ¿cuál es el beneficio para Putin?

Aun si no tiene intenciones de involucrarse más en el asunto norcoreano, el solo hecho de reunirse con Kim le da a Putin la oportunidad de ejercer influencia sobre un país que, al final de cuentas, está allí mismo al lado.

Y para Kim, dada a la persistencia de las presiones norteamericanas, no es mala idea mantener todas las opciones viables.


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