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La proliferación de negocios privados desde el 2010 ha facilitado la creación de esquemas de corrupción para obtener suministros de las tiendas estatales. (horizontal-x3)
La proliferación de negocios privados desde el 2010 ha facilitado la creación de esquemas de corrupción para obtener suministros de las tiendas estatales. (EFE)

La Habana - La corrupción ha comenzado a convertirse en un problema de alta visibilidad en Cuba, lo que ha obligado al gobierno a intensificar sus esfuerzos para detener una actividad que desangra las resentidas arcas cubanas y a buscar el freno de una conducta moral que se viraliza a pasos agigantados en diversos sectores sociales del país.

El gobierno cubano ha ido lentamente subiendo el tono para llamar la atención sobre los problemas que está generando el incremento de la corrupción a todos los niveles en la compleja estructura gubernamental de Cuba, donde las iniciativas privadas están circunscritas a ciertos pequeños negocios.

De hecho, la primera gran medida para atajar la corrupción se dio en agosto pasado, cuando se frenó el otorgamiento de nuevas licencias en el sector privado para iniciar un proceso de “perfeccionamiento” que debía tomar unos pocos meses, pero aún no ha concluido.

Las autoridades cubanas tienen la teoría de que el incremento en los casos de enriquecimiento ilícito está directamente vinculado a los negocios privados, los cuales, ante la inexistencia de un mercado mayorista para comprar sus suministros, han tenido que recurrir a los sectores informales o a funcionarios corruptos.

La hipótesis gubernamental no es totalmente descabellada, pero igual no se da en un vacío, pues existe un marco contextual del cual se desprende este fenómeno.

Trasfondo

Durante los años dorados del campo socialista, Cuba mantuvo una economía basada en el trueque, que le permitió dar a sus ciudadanos un nivel de vida aceptable y en el cual la inequidad social estaba bajo un férreo control, lo que limitaba considerablemente el radio de acción a los corruptos, pues el enriquecimiento ilícito era fácilmente detectable fuera de los altos niveles.

Esa realidad cambió a raíz de la caída del bloque socialista y de la llegada de lo que Fidel Castro Ruz llamó el “periodo especial”. Fue poco más de una década en la cual la escasez marcó el panorama de la vida cotidiana del país y fueron muchos los cubanos que recurrieron a “buscársela por la izquierda” para sobrevivir.

Esa cultura de solucionar lo que no se tiene por vías informales no logró borrarse con el fin del periodo especial y a pesar de los avances que ha hecho el país en materia económica, pues las cadenas de suministro estatales no dan abasto para satisfacer el apetito de consumo de la población.

Complicaciones actuales

El panorama entonces comenzó a complicarse con la entrada en escena de los negocios por cuenta propia en octubre de 2010.

Para impulsar el sector, el gobierno comenzó un proceso de otorgamiento de licencias para negocios privados que marchó a gran velocidad, pero no contó con los controles necesarios. Así, en poco másde cinco años, se entregaron sobre 500,000 permisos para trabajo por cuenta propia.

La falta de marco regulatorio y de esquemas intensivos de fiscalización trajo consigo prácticas ilícitas como la evasión de impuestos, la importación ilegal de insumos o la contratación irregular de empleados a salarios que superaban las condiciones de un trabajador estatal, que devenga en promedio unos $20 mensuales.

A este escenario se suma la carencia de suministros. En Cuba no existe un mercado mayorista ni tampoco se ha hecho una inversión extraordinaria para incrementar las importaciones o la producción nacional, de manera que el déficit se pueda compensar.

Los cuentapropistas, por lo tanto, deben comprar su mercancía en los mercados estatales que también usa la población, compartiendo todos el mismo bizcocho. Hay, entonces, demasiadas bocas para un mismo plato.

Por ahí es que se ha gestado el mayor problema con el sector privado, sobre todo en las áreas de restaurantes y casas particulares, las cuales requieren de suministros constantes que no necesariamente siempre están disponibles en los mercados del gobierno.

Los cuentapropistas han recurrido al mercado informal para solventar ese déficit. Las manifestaciones son varias, pues van desde sobornos a personajes en la estructura de las empresas estatales para garantizar el acceso privilegiado a los suministros a las importaciones ilegales, mediante convenio ilegal con personal de Aduana, hasta utilizar para el negocio materia prima que fue importada al país para consumo personal.

En ese escenario, los personajes adscritos a los entes estatales se vieron ante la realidad de que ya no debían apropiarse de recursos estatales para consumo propio o para ganarse unos pesos con un vecino, pues la llegada de los pequeños empresarios abrió todo un mundo de posibilidades para lograr dinero fácil si se monta el esquema correcto.

Los cuentapropistas pagan bien, así que el negocio de la corrupción se transformó de uno de lucro por pura necesidad de supervivencia a uno que busca la acumulación de riqueza, un término que no agrada para nada al gobierno cubano dentro de los parámetros del modelo socialista.

De esa manera, lo que era ya un dolor de cabeza antes de octubre de 2010, comenzó a convertirse entonces en un problema serio para las autoridades.

Respuesta del gobierno

El propio presidente Raúl Castro Ruz hizo referencia a esa realidad y, en un discurso en 2011 ante la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), alertó de que la corrupción era una actividad “contrarrevolucionaria” y que podía llevar al país a la “autodestrucción”. En el 2013, volvió al ataque.

Desde entonces, poco ha sucedido en la práctica, a pesar de que el presidente insiste en el tema una y otra vezen sus alocuciones ante la ANPP y el Partido Comunista de Cuba (PCC), y de que las autoridades han cerrado emblemáticos bares y restaurantes habaneros por manejos turbios, además de congelar el otorgamiento de nuevas licencias.

Ante ese panorama, el gobierno ha decidido recurrir a una estrategia distinta y empezó a divulgar los casos más escandalosos de corrupción que han acabado en condenas de sus perpetradores.

La revista Bohemia, de corte oficial como todos los medios en Cuba, ha publicado un escandaloso reportaje en el cual trata con crudeza y apertura el flagelo de la corrupción.

Titulado “Corrupción: peligro que nos afecta a todos” y firmado por el periodista y exdirector de Granma, Lázaro Barredo Medina, el artículo hace una extensa alusión a cómo la corrupción se ha ido adentrando en el tuétano social del país.

El mayor valor del artículo, además de su inusual crudeza, estriba en los casos citados como ejemplos de los niveles de corrupción que ha alcanzado el país en los últimos años.

“En un caso procesado en La Habana por lavado de activos, falsificación de documentos públicos y evasión fiscal, se le aplicó al principal acusado... un procedimiento confiscatorio administrativo de cinco viviendas y una finca, 23 autos y múltiples efectos electrodomésticos, muebles y otros objetos suntuosos por un capital valorado en 25 millones de CUP (poco más de $1 millón)”, sostiene el artículo, acompañando la escandalosa información de una foto.

Otras manifestaciones 

Los delitos de corrupción, sin embargo, no se circunscriben solamente a las redes de abastecimiento de los cuentapropistas. En su afán por mejorar su condición económica, los cubanos están entrando en aguas profundas y cometiendo delitos de carácter serio, vinculados a la estafa, el soborno, el desfalco, la falsificación de documentos, el manejo ilegal de nóminas, el cobro ilegal de servicios primarios, como los médicos, entre muchas otras manifestaciones.

Por ejemplo, Bohemia cita un caso en el Banco Internacional de Comercio mediante el cual 12 ciudadanos orquestaron un esquema para apropiarse ilegalmente de 1,134,278 euros. El grupo fue sentenciado a penas entre los dos y los 15 años.

Publica, entre otros casos, cómo dos personas falsificaron las nóminas de médicos para así alzarse con el dinero de manera ilegal, por lo cual fueron condenadas a 12 y ocho años respectivamente.

Los datos más recientes, correspondientes al 2016, señalan que 196 denuncias por actos de corrupción fueron presentadas ante la Fiscalía General de la República. Según Bohemia, entre 2015 y 2017 se realizaron 23 procesos de confiscación contra 151 personas, lo que representó un monto de $5.6 millones, una sobra nada despreciable para el caso de Cuba.

El gobierno no exagera en su preocupación, pues la corrupción se respira en las calles y no es complicado toparse con ella en lugares tan comunes como una tienda estatal o una gasolinera.

El tema está tan candente que el cantautor Silvio Rodríguez se refirió a él en su blog, y lanzó toda una diatriba contra este mal social.

“¿Cómo calificar a los que hasta ahora no se atrevieron a decir que la corrupción era una expresión contrarrevolucionaria? Porque es obvio que llevan años siendo cómplices de esa forma de contrarrevolución que nos está minando la moral del país a grandes pasos”, escribió Rodríguez, quien defiende el sistema cubano, pero lo critica desenfadadamente cuando puede.

“Pero lo más terrible no es eso. Lo peor es no reconocer que todo eso pasa porque muchos aspectos del sistema son obsoletos y no funcionan. Y cuando un sistema no funciona, la gente, espontáneamente, inventa el suyo propio para sobrevivir. Y a esa necesidad de supervivencia de los que no tienen nada también le llamamos corrupción. A pesar de que los que prohíben esto o aquello tienen la mayoría de sus problemas materiales resueltos... Y mejor me callo”.

“Y mejor me callo”, dice Silvio Rodríguez, porque se metió en aguas profundas, pero su planteamiento queda expuesto, pues se hace necesario que alguien levante la voz contra un problema social que ya se hace viral en las arterias sociales cubanas.


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