Billy de Jesús Reyes fue asesinado en una agencia hípica donde laboraba.
Billy de Jesús Reyes fue asesinado en una agencia hípica donde laboraba. (Suministrada)

Billy de Jesús Reyes, una de las cinco personas convictas por el asesinato del procurador de menores Antonio Barceló Jiménez y dos de sus hijas el 11 de diciembre de 2004, fue ultimado a balazos en la tarde de hoy, viernes, dentro de la agencia hípica 8218 ubicada en la intersección de la avenida López Sicardó con la calle Jerusalén en San Juan.

De acuerdo con el informe preliminar difundido por el Negociado de la Policía, agentes llegaron al lugar tras una llamada al Sistema de Emergencias 9-1-1 que alertó sobre detonaciones, y al llegar a la escena encontraron el cuerpo de De Jesús Reyes, de 36 años, y vecino del residencial Manuel A. Pérez.

El capitán Luis Díaz, director del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de San Juan, confirmó a El Nuevo Día que De Jesús Reyes fue una de las cinco personas condenadas por la jueza Vivian Durieux, el 23 de agosto de 2017, a cumplir una sentencia concurrente de 99 años de cárcel por tres cargos de asesinato y uno de conspiración tras ser encontrado culpable mediante votación de 9-3, o un veredicto no unánime.

Los otros coacusados fueron Abdiel Moreau Dones, Ángel Díaz Vélez, Israel Sánchez de la Rosa y Alex Rivera Huertas. Sánchez de la Rosa y Rivera Huertas ya se encontraban en la cárcel al momento de ser sentenciados por la muerte de Barceló Jiménez y sus hijas debido a otros casos de Ley de Armas y asesinato.

Sin embargo, al momento de ser ultimado, De Jesús Reyes se encontraba bajo libertad supervisada mediante grillete y llevaba cuatro meses como empleado de la agencia hípica debido a una decisión del 26 de junio de 2020 del Tribunal de Apelaciones.

El panel de jueces compuesto por Luisa Colom García, Carlos Candelaria Rosa y Roberto Sánchez Ramos dejó sin efecto la sentencia del 23 de agosto de 2017 y ordenó la celebración de un nuevo juicio para los cinco coacusados tras la decisión del 20 de abril de 2020 del Tribunal Supremo de Estados Unidos a los efectos de que la Constitución requiere que un jurado emita un veredicto unánime en casos criminales estatales, incluyendo en la jurisdicción de Puerto Rico.

En la decisión del Supremo federal (tras el análisis del caso Ramos V. Louisiana), el alto foro resaltó que se debía celebrar un nuevo juicio para toda persona que hubiese sido sentenciada como resultado de un veredicto no unánime y cuyo caso todavía estuviese pendiente en apelación. El Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó, en una opinión del 8 de mayo de 2020 en el caso de Pueblo v. Torres Rivera, que dicha estipulación del Supremo federal era aplicable en la isla.

Tanto De Jesús Reyes como Rivera Huertas y Sánchez de la Rosa apelaron el veredicto, por lo que el caso no tenía una resolución final y firme y le aplicaba la decisión del Supremo federal en ese momento.

El Procurador General del Departamento de Justicia, mediante un escrito entregado al panel de jueces el 20 de mayo de 2020, “se allanó a que se dejasen sin efecto las sentencias apeladas y se ordene un nuevo juicio para los apelantes”.

“Concluimos que, a la luz del hecho de que todas las sentencias apeladas fueron producto de un veredicto rendido por un jurado de forma no unánime (9-3, en todos los casos), y de conformidad con la nueva norma establecida en Ramos, supra, y reconocida como aplicable a Puerto Rico en Torres Rivera, supra, procede dejar sin efecto las sentencias apeladas y ordenar un nuevo juicio para los apelantes”, escribió el panel de jueces en su decisión.

No fue hasta el 17 de mayo de este año que el Supremo federal dictaminó que la regla de veredictos unánimes no aplicaría retroactivamente a personas condenadas antes de su decisión del 20 de abril y cuyos casos eran finales y firmes pero, para ese momento, ya el Apelativo había dejado sin efecto las sentencias y ordenado la celebración de un nuevo proceso judicial.

En la vista del 23 de agosto de 2017, solo De Jesús Reyes clamó por su inocencia antes de ser sentenciado por Durieux.

“Soy completamente inocente. Lo dije desde que comencé este proceso tan largo. Y me levantaré y acostaré llevando una sentencia injusta”, dijo en aquel momento.

El 11 de diciembre del 2004, tras buscar a cuatro de sus hijas y a una amiga a un concierto en el coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón, el auto Grand Marquis que manejaba Barceló Jiménez fue perseguido por tres automóviles en la carretera PR-2 y baleado frente a San Patricio Plaza en Guaynabo, provocando la muerte del padre y dos de sus hijas.

Según el testimonio arrojado en el juicio por uno de los participantes del triple asesinato –también convicto por otro asesinato-, Albert “Pirulo” Saldaña Esquilín, los autores del asesinato confundieron el automóvil en que viajaban las víctimas por un auto usado por dos enemigos.

💬Ver comentarios