Luis Enrique González Martínez (Ramón “Tonito” Zayas)

Luis Enrique González Martínez confesó hoy cómo asesinó a la empresaria Hilda Padilla Romero para ganarse unos $1,500, de los cuales unos $750 los gastó en ropa, un celular y su vicio a sustancias controladas.

Los restantes los utilizó para pagarle a William Avilés González, quien guióo su carro el pasado 30 de septiembre cuando ocurrieron los hechos en la avenida Los Filtros, en Guaynabo.

González Martínez, dijo ante el juez Pedro Saldaña del Centro Judicial de Bayamón, y ante preguntas de la fiscal Jessika Correa González, que el dinero recibido era el pago que le prometió Keishla Pérez Bigio para hacer “la vuelta” -lo que en la calle significa dar muerte- contra Padilla Romero, su madrastra.

Según el testimonio de González Martínez, Pérez Bigio, lo había contactado al menos un mes antes del asesinato, indicándole que necesitaba que “le hiciera una vuelta… que (Padilla Romero) le estaba haciendo la vida imposible a ella y a sus hijos” y que “no podía tener trabajo con su papá”. Indicó, además, que la conoce hace unos dos años porque reside en Caimito donde él también residía.

El ministerio público le preguntó si podía identificar en sala a la persona que lo había contratado para cometer el crimen, a lo que González Martínez accedió señalando con su dedo a Pérez Bigio, quien se encontraba al lado de sus abogados.

Dijo que para poder identificar y asesinar a Padilla Romero, Pérez Bigio le envió una fotografía por texto y el día de los hechos le daba dirección por teléfono hasta el negocio de su papá, el que la víctima administraba.

“La foto era de la cara, era rubia, blanquita y gordita”, sostuvo a preguntas del ministerio público.

Por el encargo, González Martínez dijo que le había dicho a Pérez Bigio que le cobraría unos $2,000. “Ella me dijo que estaba bien”, relató. Dos semanas después de cumplir con el alegado pedido de Pérez Bigio, esta le indica que le faltaban unos $500 y González Martínez le dijo “que estaba bien, que me pagara cuando pudiera”.

Para que pudiera concretarlo, la imputada supuestamente le dio la información del trabajo de Padilla Romero y le describió su guagua. “Era una Honda Pilot, color negra, cuatro puertas”, sostuvo.

“Me dijo que trabaja en el negocio del pai. Me dijo que la hora que llegaba la muchacha de la foto… de 5:30 a 6:00 de la tarde”, relató.

El hombre de 23 años, que alcanzó un acuerdo con la fiscalía para con el testimonio reducir su sentencia a 37 años de cárcel, contó que llegó hasta el negocio del papá de Pérez Bigio en su carro, el que identificó como un Hyundai Elantra gris, cuatro puertas que había comprado en el punto de drogas en el sector Los Martínez en Caimito donde trabajaba. Hacía tres meses que tenía el vehículo que le costó $500 y que fue ocupado por la Policía luego de la ejecución de la empresaria.

Como parte del interrogatorio, González Martínez indicó que el 30 de septiembre, a eso de las 3:00 p.m., Avilés González, a quien conoce hace algunos siete años, llegó hasta su casa en su carro, un Nissan Sentra azul y luego se monta en el carro de González Martínez para guiar hasta el negocio de construcción donde trabajaba Padilla Romero. Ese día, Avilés González, presuntamente salía de trabajar de la compañía dedicada a la mecánica de aviación, Lufthansa, en Aguadilla. González Martínez era su pasajero.

Narró que supuestamente hizo el acuerdo con Avilés González ese mismo día al mediodía. Le dijo “que tenía una vuelta que hacer” y este asegura que le contestó “lo que yo quisiera”.

“Él llegó, se montó en el carro mío… él estaba en el conductor. Tenía un jacket negro y un pantalón largo color azul. Yo estaba vesti’o de negro completo”, narró.

Acto seguido, el testigo estrella de la fiscalía dijo que “arrancamos hacia Bayamón”. “Cogimos la (carretera) 177 hacia el Complejo de Bayamón. Cogimos la Avenida Las Cumbres y la 177”, añadió.

Manifestó que a eso de las 4:30 p.m. a 5:00 p.m. llegaron frente al negocio donde trabaja Padilla Romero, se estacionaron en reversa en el negocio del frente que estaba abandonado.

¿Cómo iban a matar a la persona?, preguntó la fiscal.

“Con la pistola... una glock .40 negra”, indicó. El arma tenía 17 municiones, indicó. Mientras, aseguró que Avilés González cargaba con otra pistola .45 color gris.

“Cuando nos estacionamos vimos que llega la muchacha de la foto en su guagua color negra. Se baja, entra al negocio. Era la misma de la foto”, aseguró.

Describió que era rubia y ese día vestía mahón y camisa oscura.

Continuó narrando el momento en que Padilla Romero, sale, monta a sus hijas en su guagua y luego ella hace lo propio y se dispone a conducir.

“Vi que se prendieron las luces de freno de la guagua. Le digo a William que se ponga en vela para poder arrancar”, dijo.

“Nos vamos detrás. Estábamos en el carril izquierdo y ella en el derecho. Arrancamos hasta la luz del Costco. Ahí doblamos a la izquierda hacia la 177 para San Juan. Reducimos velocidad para poder verla bien. Pasamos el Shell, nos topamos con un semáforo, estaba la luz roja. Cuando cambia la luz ya yo tenía la máscara negra en el cuello. Me la subí a mi cara. Después decidimos hacer la vuelta (matarla) después del semáforo loco (intermitente)”, contó, quien ese día dijo que se encontraba bajo los efectos de cuatro Percocet y cuatro tramadol, sustancias que usaba a diario.

“Antes de llegar a la luz loca le digo (a William) que se pegue para yo sacar mi brazo y pegar los tiros. Rápido que se pegó, saqué la mano y le hice los disparos. Hice los disparos hacia el conductor, del lado izquierdo de la guagua Pilot”, continuó.

“Hice 14 disparos al área de la cabeza a la señora de la foto”, prosiguió.

González Martínez dijo que luego de los disparos rápido atravesaron la Martínez Nadal hacia Caimito y que de inmediato llamó a Pérez Bigio “para decirle que la vuelta que había mandado a hacer estaba hecha”.

“Llegamos a Caimito Alto, sector Los Martínez, nos bajamos del carro. William se monta en su carro y se va. Yo me quedé en mi casa”, aseguró.

Relató que no cometió el crimen en el negocio donde trabajaba por instrucciones de Pérez Bigio, quien les advirtió que se trataba de la empresa de su papá.

El 1 de octubre, González Martínez fue a buscar a la casa de Pérez Bigio el pago por el encargo. “Me dio $1,500 en billetes de $20. Rápido que recibo el dinero me fui a la casa otra vez. Por la tarde le entrego los $750 a William”, testificó.

Como parte de la evidencia presentada en sala, la fiscalía presentó el documento donde se estipula el acuerdo al que llegó con González Martínez. González Martínez aseguró que sí se trataba del pacto porque incluía su firma y sus iniciales. De igual manera, leyó parte del documento donde se certifica que como parte de su colaboración con el Estado solo cumpliría 37 años de cárcel.

En su contrainterrogatorio, el licenciado Carlos Beltrán, quien representa Pérez Bigio, trajo ante la atención del tribunal la vida escolar de González Martínez , quien a sus preguntas admitió que fue estudiante de educación especial y que reprobó el séptimo grado. Solo completó su décimo grado.

De igual manera, se le preguntó si en el 2016 había sufrido un accidente. El testigo dijo que sí y que como consecuencia del accidente resultó “convulseando” en referencia a convulsiones.

Beltrán estableció, además, que durante su testimonio había indicado que trabajaba en un punto de drogas, sin embargo, en una declaración jurada dice que se dedicaba a “chivear”.

Dijo que su adicción a las sustancias controladas viene de hace dos años y que las utilizaba diariamente. Indicó que contrario a la Percocet y la tramadol, usaba Zanax todos los días para dormir. Confesó que también inhalaba heroína, pero que no dijo durante interrogatorio porque se le olvidó.

A preguntas del licenciado, González Martínez dijo que el Hyundai que utilizaron la cometer el delito lo compró por medio de otra persona en el punto de drogas y que fue a recoger a Bayamón. Sostuvo que desconocía que el auto era producto de un carjacking.

Beltrán también le preguntó si el arma que tenía la había utilizado para cometer otros delitos, lo que González Martínez negó. O sea, ¿Qué este es el primer asesinato que usted comete?, le cuestionó

Al momento de la interrogante, la fiscalía la objetó por el derecho del testigo a no autoincriminarse.

El juez en tanto concedió espacio para que el abogado del testigo se reuniera con él, sin embargo, este pidió tiempo para hacerlo mañana en la mañana. No obstante, el juez decidió recesar y continuar la vista mañana en la tarde como se había programado.

Al salir de sala, tanto familiares de la víctima como los abogados no emitieron comentarios luego que el juez desde la vista anterior aplicara la ley de mordaza a las partes.


💬Ver 0 comentarios