Luis Vega Ramos

Punto de vista

Por Luis Vega Ramos
💬 0

40 años sin Muñoz Marín

En medio de la pandemia del COVID-19, son muchos los cumpleaños, aniversarios y otras fechas memorables para individuos y el país en general que han pasado sin poder celebrarse o conmemorarse.

El jueves 30 de abril fue otra fecha importante en nuestra historia. Se cumplieron 40 años de la muerte de Luis Muñoz Marín. Y hubiera obviado la fecha, inmerso en esta coyuntura, si no hubiera sido por el recordatorio cibernético hecho por el profesor Eloy Ruiz. 

Muñoz Marín es una figura protagónica en el siglo XX puertorriqueño. Alrededor de él se aglutinó la fuerza política puertorriqueña más vigorosa en dicho siglo, tras consignas (y acciones posteriores que las validaron) como: “Vergüenza contra dinero”, “el poder del voto” y “Pan, Tierra y Libertad.”  

Con su liderato, todos los índices de calidad de vida, mortalidad infantil, expectativa de vida, alfabetización, acceso a educación universitaria, empleo y remuneración, mejoraron sustancialmente. Bajo la “Operación Manos a la Obra” se transicionó de una economía agraria pobre a una de manufactura que por 49 años generó buenos empleos directos e indirectos vinculados a enormes industrias estadounidenses. 

También se adelantó mucho en el desarrollo comunitario y de afirmación puertorriqueña con proyectos como la División de Educación a la Comunidad, el Instituto de Cultura Puertorriqueña, la misión educativa original de WIPR y la UPR. 

Bajo la “Operación ELA” Muñoz intentó dar un marco estable de gobierno propio a Puerto Rico. Redactamos nuestra Constitución y pusimos las tres ramas de nuestro gobierno interno en manos puertorriqueñas. Pero no logró abolir la nefasta relación territorial entre Puerto Rico y Estados Unidos, cuyos poderes no fueron invocados en la era que Muñoz lograba respeto y deferencia del liderato político estadounidense. Ahora en tiempos del caso de Sanchez Valle, de Promesa, de la Junta (y los bonistas) y de Mr. Trump, esa deferencia se ha venido a menos y hoy ha retornado el azote territorial. 

Hubo graves errores y horrores también en la era de Muñoz. La colaboración en la persecución del independentismo y en la política migratoria a Estados Unidos son cuestionamientos legítimos. También la apuesta casi absoluta al éxito de la industrialización por invitación en detrimento de nuestra agricultura y de lo que hoy llaman la diversificación económica. El no prever el efecto secundario de muchas de estas políticas: la adoración a la economía del consumo, que hoy nos arropa y que, irónicamente, Muñoz aborrecía tanto en su entorno personal. 

Muñoz intentó enfrentar estos problemas con su “Operación Serenidad” pero ya el tiempo corría en su contra y eso, combinado con la pugna trágica de 1968 con Roberto Sánchez Vilella, terminaron trayendo el bipartidismo que nos ha consumido por casi cinco décadas. 

Van 40 años de la muerte de Muñoz. Que mucho hay que reflexionar sobre él, serenamente, particularmente ante nuestra realidad de 2020. Hagámoslo objetivamente. Aunque admito que hoy me dejaré derrotar por la nostalgia. 

Aún recuerdo el día del entierro de Muñoz como si fuera ayer; tenía nueve años. El Viejo —que sabía que sus logros y oportunidades de servicio en la vida hubieran sido imposibles sin Muñoz— nos levantó a las 5 am y ya a las 6:30 am íbamos rumbo a Barranquitas.  Oímos todas las incidencias de la misa en la Catedral de San Juan y de la caravana fúnebre por radio de transistores. Nos ubicamos frente a la escuela del pueblo donde Papá me ayudó a treparme entre la verja y un poste para ver la entrada al mausoleo.  

Llegó tío Rafin, desde Naranjito, café puya y Winston en mano, como siempre. Horas después, el caos de la llegada del féretro. El llanto a lagrima suelta, incluyéndome. Victoria pidiendo espacio y respeto para despedir a Muñoz con dignidad. Hernández Colón dando la Eulogia. Y la gente. La cantidad de gente. Pero sobre todo recuerdo esa devastación, ese sentido de indefensión, de derrota en la cara y el semblante del Viejo y tantos otros.

Cada vez que voy a ese mausoleo en Barranquitas siento al Viejo haciendo guardia. Como percibo el alma de cientos de miles también haciendo guardia de agradecimiento. Pero los siento con espíritu crítico. Celebrando sus aportaciones, pero igualmente conscientes de los errores. Y pienso que todos allí, incluyendo a Muñoz, albergan la esperanza de que los puertorriqueños de hoy sepamos distinguir las lecciones de los errores. Y de construir nuestro camino hacia “la gran aurora”. Ojalá.

Otras columnas de Luis Vega Ramos

💬Ver 0 comentarios