María de Lourdes Lara

Tribuna Invitada

Por María de Lourdes Lara
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Avanzando hacia el oasis del Este

Amanecía el 21 de septiembre.  El ojo del huracán María había acabado de atravesar una de las regiones más empobrecida del país.  Atónitos y devastados, sin lo mínimo para sobrevivir, ciudadanos de toda una región avanzaban a pie hacia la Universidad de Puerto Rico en Humacao.   Atravesaron cables de electricidad, árboles tumbados en calles y, también, sus incertidumbres.  Brincaron verjas, avanzando con un espíritu tan aguerrido, como cuando una madre busca en los restos de un derrumbe fatídico, el corazón latiendo de su hijo.  Allí llegaron: eran estudiantes, profesores, personal administrativo, comerciantes, industriales, vecinos y familiares de los más de 16 pueblos que sirve.  La vida que sostiene a una universidad, así como a un país entero, avanzaba a la institución que les ha dado una oportunidad de prosperidad y desarrollo por más de cinco décadas.

Ese primer mes fue de retos, pero también del avance de una comunidad que no se había dejado confundir por espejismos y discursos de que el desarrollo lo sostiene sólo su tamaño, sus majestuosas estructuras, sus leyes y políticas.  Esos espejismos, que en la práctica sólo han traído desigualdad y violencia, quedaron evidentes ante la destrucción del Huracán María. La UPRH ha sido proyecto de equidad, de oportunidades educativas y movilidad social para varios miles de familias de todos los estratos sociales. Un proyecto, como lo concibió Águedo Mojica, para robustecer la democracia y la ciudadanía del país. Por eso no puede desaparecer como el agua de los grifos o la energía de las viviendas.  Fue más que evidente para todos que había que levantarla desde las manos de sus pueblos.  ¡Y así sucedió! 

El 30 de octubre, cuando el país iniciaba los trabajos de mitigación y reconstrucción, la UPRH iniciaba clases y recibía a sus estudiantes en carpas, donde compartían con profesores la experiencia traumática del huracán. Mientras, analizaban cómo fortalecer y sostener a futuro sus comunidades.  Lo hicimos investigando, creando redes colaborativas con organizaciones comunitarias, la industria y el comercio. Desbordados en una institución que le ha generado riqueza, patentes y los mejores egresados; con nueve programas únicos en el país y a nivel internacional que evidencian su pertinencia para la innovación y creación de inteligencia.

Ese semestre atendimos miles de retos, ofrecimos almuerzo gratuito, asistencia psicosocial, con actividades culturales, científicas y un trato humano sin precedentes en la región.  Fuimos un oasis de recuperación y esperanza para evitar una emigración estudiantil mucho más devastadora. 

Ahora que inicia un nuevo semestre avanzamos a la transformación que demandan estos tiempos.  Nos ocupa la justa indemnización de los seguros que pagamos y la responsabilidad estatal y federal que aún no recibimos.  Esto es vital porque el Este debe continuar su camino a la prosperidad.  Tenemos la gente, la inteligencia, la pertinencia, las investigaciones y las alianzas multisectoriales que nos apoyan y, sobretodo, el espíritu y la pasión de una región que quiere y sigue contando con su UPRH para lograrlo. 

 Se equivoca la Junta de Control Fiscal si piensa que somos una universidad que no podrá recuperarse.   Se equivocan los que piensan que se trata sólo de dinero, de tamaño, de cantidad de estudiantes.  Ellos se sostienen en números. A nosotros nos sostiene nuestra trayectoria, nuestra calidad y nuestra voluntad de avanzar.

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