Víctor Maldonado Santiago

Punto de vista

Por Víctor Maldonado Santiago
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Bad Bunny: ¿millennial o centennial?

En enero de 2019, se publicó el artículo “Bad Bunny como representante de la posmodernidad” en el periódico El Nuevo Día. Este escrito sirvió para exponer de manera general en torno a la figura artística de Benito Antonio Martínez Ocasio, el Conejo Malo. Se abordaron algunos de los sellos distintivos de su producción musical, sus logros, aportaciones sociales, entre otros aspectos que sirvieron de pie forzado para debates en favor o en contra de este cantautor. Evidentemente, su carrera se ha mantenido en escalada y su presencia invita a sostener en la palestra pública la discusión sobre este cantante, en esta ocasión, para determinar si es este ¿millennial o centennial?

En su exposición titulada “Generación Z in da haus”, con fundamento en fuentes como The History of America’s Future: 1584-2069 Generations de Strauss y Howe, así como Conclusión: Libertad con Responsabilidad, la profesora Vivien Mattei (2019) abordó el tema de la “Generación Z, Centennial, Generación K, Gen Zers, PostBieber o PostMillennial”.  Incluyó gráficas comparativas para conocer algunas coordenadas que sirven para deslindar a esta generación, de su predecesora, los millennials o Generación Y. Por ejemplo, de esta última nombrada, destacó que se posiciona entre el 1981 al 1994, con características particulares como el establecimiento de objetivos a mediano-largo plazo, conectados a la tecnología, motivados por el disfrute y la socialización, amantes de los desafíos y en busca del equilibrio entre su vida y su carrera. Por contraste, la Generación Z, 1995 en adelante, se reconoce por el establecimiento de objetivos a corto plazo, la búsqueda del equilibrio, la seguridad laboral y la autonomía, al tiempo que están hiperconectados y quieren contribuir socialmente, con la disposición a la movilidad, de ser necesario. Igualmente, asumen posturas claras en relación con tópicos controversiales como el aborto, la legalización de la marihuana y las relaciones del mismo sexo. Según Daniel Verdú de El País, como citado por Mattei (2019), para esta generación:

Se terminó el egoísmo, la pasividad, el narcisismo selfie y la obsesión por el consumo. Esta generación quiere salvar el mundo, pero todavía no sabe cómo. Han crecido en plena recesión, en un mundo azotado por el terrorismo, con elevados índices de paro y el miedo apocalíptico generado por el cambio climático. Son más realistas que sus hermanos mayores, los millennials.

Precisamente, el nacimiento de Martínez Ocasio ocurre en la colindancia de las fechas que los estudiosos han establecido para delimitar el cierre e inicio de dos generaciones. Su decir, escribir y hacer responden más a los lineamientos de los centennials. Nacido el 10 de marzo de 1994, este artista urbano saltó a la fama en el año 2016, con su tema “Diles”, según se desprende del portal cibernético Buena Música. En lo sucesivo, su crecimiento imparable le ha permitido despuntar y convertirse en un ídolo para muchos o el descontento y pesadilla de otros.

Ahora, ¿por qué podría clasificarse como centennial?  Primero, sus canciones exhiben el discurso irreverente característico del género artístico por el cual se decanta, el trap. Para esta generación, más vale una expresión soez y honesta, que el lenguaje adornado de hipocresía y mentiras. Por ejemplo, el pasado 21 de noviembre de 2019 el público pudo escuchar y ver el vídeo de la canción “Vete”. En este, la voz del artista de dirige a un interlocutor para decirle que se puede ir de su vida, pero no vuelva. El imperativo del hablante viene acompañado de la “mala palabra”, pues desea puntualizar que la decisión está tomada y no hay vuelta atrás.  Tan recientemente como el 23 de diciembre de 2019, salió a la luz el último vídeo de su álbum X100PRE inspirado en la canción “¿Quién tú eres?”. Presenta un mensaje visceral al oyente, aplicable a cualquier persona. Nadie está autorizado a hablar u opinar sobre la vida de otros, menos cuando ni el pago de las cuentas ni sus vidas se supeditan al criticón o hablador. Posiblemente, para sus seguidores, el atractivo de estas letras estriba en que representan maneras alternas de expresión que no necesariamente responden al decoro, sí a la intención del emisor y al deseo de los escuchadores.  

Conjuntamente, como se consigna en sus entrevistas y publicaciones en redes sociales como Twitter, sus expresiones o escritos pueden ser lacónicos, irónicos y, en otros casos, hasta metafóricos. De manera consistente, no atiende las normativas de la corrección gramatical u ortográfica y la sustancia podría considerarse banal o vacua. Más bien presenta mensajes que pueden interpretarse de diversas maneras; todo dependerá del receptor que atienda el contenido compartido.

De igual modo, este representante del “yo no me dejo” generacional también ha utilizado su palabra para defender o promover diversas causas, de carácter político-social. Así, en el verano de 2019, junto con otros de sus congéneres, lideró el movimiento que provocó la salida del exgobernador Ricardo Rosselló Nevares. Asimismo, ha puesto palabra y acción al patrocinar por segundo año consecutivo la entrega de regalos a más 20,000 niños de escasos recursos en Puerto Rico, mediante su fundación Good Bunny. En ese sentido, no se muestra enajenado de su realidad; más bien se proyecta un joven adulto con conciencia social definida. 

Al momento, Bad Bunny ha sabido navegar las aguas turbulentas de la fama y, por ahora, su relevancia en el mundo artístico no luce con un fin cercano. Durante el año 2019, ha llevado su música a más una treintena de ciudades o países. Asimismo, se ha posicionado nuevamente en los primeros lugares de plataformas musicales como Spotify+Youtube con 4,575,000,000 de vistas para el 24 de diciembre. Por estas y otras razones, se puede resaltar la gestión de este artista que por su santo y seña puede considerarse un centennial.

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