Carlos Rosa Rosa

Punto de Vista

Por Carlos Rosa Rosa
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Buenas señales en el BSN

El pasado miércoles sucedió algo casi “histórico” en la conferencia de prensa del Baloncesto Superior Nacional (BSN) sobre el comienzo de la temporada 2020. 

Al menos desde el 2000, es la primera vez que la liga presenta las mismas franquicias en temporadas consecutivas. En el pasado año, un total de nueve equipos participaron en el torneo y este año confirmaron todos. Y más llamativo es el hecho de que los nueve apoderados que estuvieron en la campaña 2019 están de vuelta en la temporada que comenzó anoche en Aguada.

Hay que reconocer el dato.

A ellos se añade el equipo de Guaynabo como franquicia de expansión, bajo la tutela de los empresarios estadounidenses establecidos en la isla, Mark Linder y Marc Grossman.

Diez franquicias es un buen número para este tiempo.

Durante los últimos 19 años, el BSN fue incapaz de repetir los mismos equipos de una temporada a otra con más de 15 peticiones de receso, cerca de 10 mudanzas de franquicias y la eliminación de plazas como Fajardo (con Marcelino García de apoderado), Carolina, Isabela y Santurce.

La presencia de todos los equipos es un paso de avance en el objetivo del nuevo presidente de la liga, el exjugador Ricardo Dalmau, de darle estabilidad al organismo.

La falta de consistencia siempre estuvo ligada al tema de las elevadas nóminas de los conjuntos. 

Y a raíz de esta problemática, la junta de directores tomó el pasado año una medida bien drástica: reducir el tope salarial de los jugadores nativos a $40,000. Y, al parecer, la medida tuvo un efecto positivo en su primer año.

De paso, el tema de las deudas a los jugadores no acaparó la atención en la temporada muerta, a excepción del caso de Miguel Alí Berdiel con Fajardo y Guayama. Berdiel jugará este año con los Mets.

El nuevo presidente de la Asociación de Jugadores, el licenciado Ricardo Carrillo, comentó —en pasados días— que la cantidad de reclamaciones de canasteros no fue sustancial. 

Tampoco he escuchado ningún movimiento de los jugadores para solicitar un aumento en el tope, cuando el pasado año hubo un amague de huelga tras la determinación de los apoderados de reducir el salario otra vez, cuando en un momento fue de $120,000 por temporada. La huelga, finalmente, quedó en nada. 

Con la aprobación del tope salarial, entiendo que los apoderados le dieron un nocaut a la Asociación de Jugadores, la cual ha perdido fuerza dentro de la junta de directores. Los tenedores de franquicia estaban muy seguros de que la huelga no iba a llegar a ningún lado y tuvieron razón al final del camino.

Si la presencia de todas las franquicias es confirmada en cada campaña, este tope salarial llegó para quedarse. 

Ya es tiempo que el organismo goce de una estabilidad económica que garantice la participación de todas las franquicias año tras año. Sería muy beneficioso para todos los componentes de la liga. Sería el mejor canasto de los apoderados.

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