Alexis Massol

Punto de vista

Por Alexis Massol
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Casa Pueblo en su 40 aniversario

Cielito lindo

Observando nuestro cielo nocturno me encontré con la “Luna rosa” de abril. Se veía débil su figura y opacado su brillo por las nubes y el mal tiempo. Perdida la ilusión de apreciar el esplendor de la superluna más grande de este año, se iba poco a poco cayendo por el occidente. 

“Por fin corazón, por fin alienta con la esperanza”, como diría José Gautier Benítez, cuando comienza a manifestarse brillante y más grande. La aprecio tan cercana como nunca. Emocionado, contemplo la unidad de propósitos. Con ella se agrupan Júpiter, Saturno y Marte. Un poquito después, se incorpora el insurrecto hermano Sol conspirando como Manolo El Leñero desde las “Tierras Adjuntas” de Puerto Rico, reanimando la razón para vivir.

Razón para vivir

Casa Pueblo cumple, hoy 22 de abril de 2020, cuarenta años en medio de una coyuntura en la cual convergen todas las crisis ante el problema mundial de la salud ocasionado por la pandemia del COVID-19. Circunstancia retante de lo que vendrá a nivel local, nacional y global. Requerirá a la autogestión comunitaria mucho amor, sabiduría y coraje. Más que nunca, deberá mantener vivo el derecho de soñar y jamás aceptar la condena de resignarnos al Puerto Rico actual. Prohibido olvidar las conquistas del pueblo para poder alumbrar el camino por andar.

Como fue la quinceañera victoria en defensa del territorio nacional, las aguas y nuestra gente, amenazadas por una explotación minera que hubiese causado una catástrofe ecológica y social. Les aseguro que Adjuntas, Utuado, Lares y Jayuya, donde se ubican los 17 yacimientos, serían pueblos fantasmas y Puerto Rico un país no apto para vivir colectivamente. Razón para continuar viviendo y luchando por el bien común.

Transformar la zona en el Bosque del Pueblo y el manejo comunitario con 23 años de historia es un triunfo que hay que seguir cuidando. De la misma manera, ha sido y es la estrategia de proteger áreas vitales como los bosques, cuencas hidrográficas, lagos y ríos. La gestión comunitaria en la conquista del territorio y sus aguas es una buena razón para vivir y serán espacios de visitación cardinales una vez superada esta crisis.

La construcción de proyectos autosostenibles como el Café Madre Isla, Radio Casa Pueblo, Finca agroecológica, Bosque Escuela y la Escuela Comunitaria de Música, entre otros, nos sugieren que un Puerto Rico alternativo es posible. Mantener viva y solidaria la “casa que por dueño tiene un pueblo” ante el huracán María como un oasis energético durante largos meses, fue una gran lección para vivir en comunidad construyendo cambios sociales.

Pero este no es el primer aniversario al que nos enfrentamos en condiciones adversas. Así fueron el 31 y 32, en franca lucha contra el proyecto de la Vía Verde o gasoducto “de la muerte” impulsado por el gobierno colonial y la metrópoli. La jornada valió la pena al conmemorar el aniversario treinta y tres en el 2013. Celebramos el gran triunfo de la reserva moral boricua que rompió dependencias de partidos y políticos decidiendo, desde las calles, que aquel no sería nuestro futuro energético.

Razón para vivir es celebrar continuamente la Marcha del Sol que avanza con la construcción de sistemas solares en hogares, colmados, égidas, restaurantes, barberías, ferreterías, centros agrícolas, parque de bomberos, entre otros, en barrios y el pueblo en ruta nacional. Razón para soñar despierto es que están dadas todas las condiciones para ultimar en el casco urbano el modelo de Adjuntas Pueblo Solar. 

Soñar despierto

La pandemia del coronavirus converge con las crisis provocadas por los huracanes Irma y María, el colapso del sistema energético, los constantes apagones y los sismos. Coincide con la ineptitud del gobierno en el mal manejo de la situación, el oportunismo de partidos y políticos, incluyendo la impunidad en la agresión a los más desventajados, corrupción y el pillaje millonario. Trata de los males endémicos del modelo económico político colonial neoliberal. 

Ante ese modelo caduco y patético, la Luna rosa y el insurrecto Sol nos invitan al placer de soñar despiertos desde el resguardo de los hogares. Al estímulo de una imaginación creadora que inspire tejer un nuevo contrato social. A dibujar el modelo de país que aspiramos tener con una democracia donde el poder se pueda ejercer por el conjunto de asociaciones, grupos y comunidades que practican funciones por el bien común. La sociedad misma, el pueblo en sus distintas manifestaciones, ejercerá el control del Estado. 

La invitación viene, entre otras cosas, porque los gobiernos y el poder económico y político están discutiendo una nueva configuración para mantener el poder después del coronavirus. Y ¿por qué nosotros no?

Y ahora me despido abrazando a tantos protagonistas, voluntarios y colaboradores en distintas disciplinas, incluyendo a los acompañantes locales, nacionales y globales solidarios que han hecho posible que celebremos con orgullo a Casa Pueblo en su 40 aniversario. 

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