Carlos Rosa Rosa

Periodista

Por Carlos Rosa Rosa
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El BSN tiene que atemperarse a los cambios

Cuando termine la serie final del BSN -en algún momento a finales de este mes- el presidente Fernando Quiñones y todos los apoderados de la liga deberían retirarse a un lugar apartado para analizar ciertos aspectos fundamentales en la operación del organismo. Hay varios temas neurálgicos, pero en esta ocasión, prefiero centrarme en uno: la fecha y duración de la temporada.

Históricamente, el BSN ha celebrado su torneo durante el verano. Antes tenía una lógica: darle la oportunidad a los jugadores de la NCAA de venir a participar en la competencia. Desde el 2002, la NCAA prohibió la participación de los colegiales, por lo que no hay ninguna razón de peso para seguir llevando a cabo el torneo en el verano con un calendario tan atropellado. 

La sociedad ha cambiado con un incremento sustancial en elementos de entretenimiento, que antes no existían. Hoy día, el BSN compite con centro comerciales, con Netflix, con el cine, con espectáculos artísticos, con la NBA, entre otros, sin olvidar la difícil situación económica que atraviesa el país. Hay grandes cambios en la sociedad, pero el BSN sigue con la misma operación con un torneo regular de 36 juegos en dos meses y medio, jugando lunes y martes. No creo que sea tan difícil observar los cambios y detenerse por un momento y evaluar cómo la liga puede atemperarse a esta nueva realidad.

El jueves, por ejemplo, el coliseo Manuel “Petaca” Iguina estuvo lejos de llenarse para ser un primer partido local de los Capitanes de Arecibo en la serie final ante Bayamón. Un amigo arecibeño me ofreció su opinión: “El bolsillo ya no aguanta más”. Hice un cálculo para entender de lo que él me hablaba: Arecibo jugó ocho partidos de postemporada, entre round robin y semifinal, como local en un periodo de 19 días. Mi amigo tiene una familia de cuatro. Si hubiera asistido a todos los juegos, en taquilla solamente, hubiera invertido $384 (cada boleto de general tiene un costo de $12). Eso sin incluir los gastos de estacionamiento y comida. “Y como $600 me ganó en una quincena”, me dijo. Por más que él quiso, no encontró la manera de invertir esa suma de dinero en un periodo de tres semanas.

La economía del país ya no resiste este tipo de formato de torneo. Habrá que analizar seriamente la posibilidad de efectuar partidos entre jueves y domingo con dos para cada equipo. Habrá que extender más la temporada y hacer los ajustes necesarios en los presupuestos de los equipos si eso conlleva eliminar otra plaza de refuerzo. 

A la larga, el desarrollo de los jugadores nativos también se beneficiaría con una temporada más extensa. 

 Hay que atemperarse a los cambios y es ya.

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