Jeirca M. Medina Pagán

Punto de Vista

Por Jeirca M. Medina Pagán
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El reto de construir vivienda asequible en Puerto Rico

Más de diez años pasaron para que mi tía lograra construir su casa en el segundo piso de la residencia de mis abuelos. 

Mensualmente crecía la cantidad de materiales de construcción y sus ahorros para la mano de obra. 

Sin embargo, aun siendo gerente de una tienda, y de no tener la responsabilidad económica de un hijo en esos momentos, de no tener que pagar por el derecho de superficie para construir, de no pagar renta, le tomó diez años lograr su sueño y construir una casa de dos habitaciones y un baño.

Los sismos de los pasados días trajeron a un primer plano el tema de la construcción informal en Puerto Rico. Son muchos los que en estos momentos carecen de un techo que los cobije por haberlo perdido ante el terremoto. 

Mucho se ha dicho sobre los problemas de la construcción informal en Puerto Rico. Sin embargo, creo que nuestra atención debe ser dirigida a cuestionar la falta de opciones para tener vivienda asequible, digna y segura.

El promedio del costo de vivienda para el 2018 fue de $161,503. Una de las maneras rápidas de calcular el máximo del valor de una casa que una persona puede comprar es multiplicando el salario anual por 2.5 o 3. Con esos números, calculamos que el promedio de las casas nuevas se diseña para personas que ganen $53,834.33. Ciertamente, esa no es la realidad económica de la mayoría de los puertorriqueños. El salario promedio anual para el 2018 fue $24,563 por hogar, por lo que el valor promedio de la casa que esas familias pueden adquirir es de $73,689, menos de la mitad del costo promedio de una residencia nueva.

Un estudio de la Asociación de Constructores de Puerto Rico (ACPR), realizado después del huracán María, estima que el 60% de los hogares no tienen ingresos para adquirir una vivienda de más de $90,000. Sin embargo, las ventas totales de casas durante el 2017 con un valor de menos de $100,000, representó solo un 8.93% del total de venta de casa y un 30% de las ventas de viviendas nuevas. Estos números nos permiten inferir al menos lo siguiente: existe una desproporción entre las viviendas disponibles a los precios que puede pagar el promedio de la población y un gran número de personas están adquiriendo propiedades fuera de su capacidad económica. Esto presenta obstáculos adicionales, ya que la persona puede terminar perdiendo su hogar por no poder pagarlo o recortando otros gastos esenciales.

Por eso, muchas personas enfrentadas ante esta cruda realidad, al igual que mi tía en aquella ocasión, han llegado a la conclusión de que la construcción informal es su única opción. El secreto a voces, que ha sorprendido a tantos luego de los terremotos, es que estas casas representan el 45% de las viviendas en la isla, según el estudio de la ACPR. Este dato, ciertamente afirma la crisis enorme que existe en Puerto Rico de vivienda asequible.

El tener una posibilidad real de adquirir una propiedad no debe ser reservado únicamente para un sector adinerado de la sociedad. Este problema debe ser seriamente evaluado de manera multisectorial para obtener soluciones que brinden como resultado la vivienda asequible, digna y segura que merece la población puertorriqueña.

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