Fernando Calderón Juliá

Tribuna Invitada

Por Fernando Calderón Juliá
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Esperanza y sensibiliad para nuestros viejos

Dicen que después de la tormenta viene la calma, pero en nuestro caso el país vive la mayor devastación de su historia moderna. Ante un escenario incierto, como es natural, los niveles de ansiedad y desesperanza, en especial de las personas de edad avanzada, son indescriptibles.

No importa por dónde pasó la furia del huracán María. Emocionalmente hemos perdido la normalidad, por lo que es vital mantener la calma, tener sensibilidad con nuestros viejos, y nunca abandonar la esperanza.

Por su vasta experiencia de vida podemos escuchar a nuestros viejos comparando al huracán María con los estragos que dejaron otros fenómenos como San Ciprián (1932) o Santa Clara (1956), potentes huracanes del siglo 20, que de niños sobrevivieron en un Puerto Rico pobre y de infraestructura raquítica. Hoy, sentados en el balcón de un país devastado, nuestros adultos mayores se sienten agobiados, ansiosos y olvidados.

Por eso, en el plan de levantar a Puerto Rico, es vital incluir a nuestros viejos en la lista de asuntos urgentes. En el proceso de reconstrucción es nuestra responsabilidad brindarles seguridad, calma, conexión y esperanza.

Debemos hacer una pausa y asegurar que cuenten con lo que necesitan; un lugar seguro, sus medicamentos y sobre todo compañía. Los adultos mayores sufren, no solo por la carencia, sino por tener menos fuerzas y recursos. Si conoces algún adulto mayor que s viva solo, bríndale ayuda y comunícate con las autoridades para que lo asistan y le provean sus necesidades apremiantes. Recuerden, ellos nos necesitan, y no podemos olvidarlos.

Si van a hacer alguna donación o si son parte de una empresa que está apoyando a las víctimas, no olviden incluir pañales de adultos, bebidas suplementarias, toallas húmedas, líquidos antibacteriales, ropa cómoda y fresca, zapatillas (pantuflas) cómodas, ungüentos de articulaciones, libros o revistas y libros de entretenimiento (sopas de letras, busca palabras). También pueden donar su tiempo para ofrecerse como voluntarios en sus comunidades, para ayudarles en sus casas o simplemente para hacerles compañía.

En el Puerto Rico post María estamos ante un nuevo escenario y, como sociedad, tenemos la responsabilidad y el compromiso de caminar juntos, acompañados también por nuestras personas de edad avanzada. Debemos protegerlos e incluirlos en el proceso de reconstrucción porque nos iluminará su experiencia y sabiduría. Al hacerlos parte de crear un nuevo Puerto Rico podremos cambiar su ansiedad por esperanza.

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