Noel Algarín Martínez
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Guerra de pelotazos

El béisbol es un deporte hermoso, con una historia centenaria muy ceñida a la tradición. Pero también tiene su lado oscuro, peligroso, como ese momento en que un pitcher golpea intencionalmente a un bateador con un lanzamiento. La pasada semana vimos uno de los más claros ejemplos de esta temeraria práctica y sus ramificaciones.

Todo comenzó cuando el abridor de los Tigres de Detroit, Michael Fulmer, le pegó un bolazo a Gary Sánchez, de los Yankees de Nueva York, durante el partido del jueves. Sánchez había acabado con los lanzadores de Detroit y en su turno previo pegó su cuarto jonrón de la serie de tres partidos.

A partir de ahí el ambiente se fue calentando. La regla ‘no escrita’ del béisbol dice que si le pegas un pelotazo intencional al mejor jugador de un equipo, el lanzador contrario asume el desquite y golpea al mejor jugador de la otra novena.

En este caso, el relevista de los Yankees, Tommy Kahnle, eligió como blanco al venezolano, Miguel Cabrera. Pero falló. Este detalle es importante pues al fallar, la frustración y deseo de desquite en lugar de menguar, fue creciendo, lo que degeneró en que el receptor de los Yankees, Austin Romine, se liara a golpes con Cabrera encima del plato y desatara una batalla campal entre ambos conjuntos.

Lo que ya era un ambiente feo se tornó peligroso cuando una entrada más tarde el relevista de los Yankees, Dellin Betances, golpeó en la cabeza a James McCann. Otra regla ‘no escrita’ del béisbol establece que si vas a pegarle un pelotazo a un jugador, nunca le tiras a su cabeza. Más que enviar un mensaje, puedes terminar enviando al pelotero al hospital o, peor aún, a la tumba. Afortunadamente, el pelotazo no afectó a McCann. Pero la riña entre Tigres y Yankees podría apenas estar comenzando.

Lo curioso es que todo esto ocurrió en la víspera de una de las mejores iniciativas que ha tenido Major League Baseball (MLB): el “Players Weekend”. Durante este fin de semana se le ha permitido a los jugadores expresar su individualidad e intereses, ya sea por medio de piezas de su ropa, calzado o utilizando apodos o nombres en su uniforme en lugar del apellido. Pero fueron los viejos vicios del béisbol los que se robaron los titulares, ensombreciendo en parte lo se supone fuesen días de color y celebración.

Lidiar con este tema de los pelotazos no es tarea fácil para MLB. Es una práctica que existe posiblemente desde que se comenzó a jugar béisbol de forma organizada además de estar sujeta a todo tipo de apreciaciones e interpretaciones sobre si el pelotazo es accidental o intencional. Pero el daño que puede ocasionar un bolazo a la salud de un jugador es razón suficiente para que MLB revise sus castigos y evalúe acciones más severas si verdaderamente quiere cuidar a su principal activo: los jugadores. Sin ellos no hay béisbol, no hay nada.

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domingo, 17 de septiembre de 2017

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