Gerardo A. Carlo-Altieri

Tribuna Invitada

Por Gerardo A. Carlo-Altieri
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“il Gattopardo” y la ley Promesa

“Si queremos que todo quede igual es preciso que cambie todo”

(Il Gattopardo, 1963 - Cannes - Palma de Oro)

El gobernador ha enviado otra carta oponiéndose fuertemente a los recortes que exige la Junta de Supervisión de Puerto Rico (Junta), para evitar la eliminación de los bonos de Navidad, la reducción de los días de enfermedad y las pensiones gubernamentales para los empleados de gobierno.

Por otro lado, Rob Bishop, el congresista a cargo del asunto de Puerto Rico en Washington, reiteró en una carta al presidente de la Junta que ellos tienen que ser más agresivos para forzar al gobierno a implantar los cambios estructurales necesarios para restablecer el crédito y cumplir con las obligaciones a los bonistas.

Bishop hasta señaló los poderes específicos que debe utilizar la Junta bajo la ley Promesa para forzar por vía judicial la cooperación de Rosselló. Por el tono tan agresivo de estas misivas, es predecible que el conflicto termine muy pronto en un litigio ante la jueza Laura Taylor Swain en el tribunal de Título III de Promesa donde se decidirá el alcance de los poderes de la Junta.

Los nuevos conflictos entre Junta y gobierno sobre la magnitud de las reformas nos recuerdan el mensaje sobre los cambios socio-económicos presentados en el fabuloso cine italiano titulado Il Gattopardo (“El Leopardo”).

El filme, basado en la obra de Giuseppe Tomasi di Lampedusa y dirigida por Luchino Visconti, describe los conflictos que trae la transformación social utilizando la figura imponente de don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina (Sicilia), quien se confronta con los cambios radicales impuestos por los camisas rojas de Garibaldi a mediados del siglo decimonónico.

El príncipe, representado espléndidamente por Burt Lancaster, siente temor por la destrucción del sistema aristocrático (monarquía, iglesia y nobleza) sustituido por un nuevo paradigma integrista y moderno.

Aunque don Fabrizio acepta las ventajas del nuevo modelo garibaldino, a la vez experimenta angustia ante una ruptura tan radical. Al final, Fabrizio se mantiene fiel al sistema antiguo, aunque reconoce que hay que cambiar para que las cosas queden igual. Don Fabrizio también cuenta con el amor platónico de una esplendorosa y joven Claudia Cardinale y el aprecio de su sobrino, protagonizado por Alain Delon.

El príncipe también explica que Garibaldi invadió a Sicilia para enseñarle a los sicilianos “modales” pero, que los sicilianos no aprenden a comportarse porque se consideran dioses. Implicando también, que los mortales no entienden a los dioses.

Parecido al pueblo siciliano de Fabrizio, el pueblo puertorriqueño está pasando por una transformación terriblemente angustiosa, impuesta por unos mortales extranjeros.

El dilema envuelve el aceptar o rechazar los cambios estructurales y la imposición de austeridad que afecta desproporcionalmente a los más necesitadosy aquellos en la parte baja de la pirámide socio-económica.

La cancelación abrupta o reducción de protecciones para los empleados públicos puede entenderse necesario por los tecnócratas de la Junta, pero crea una angustia colectiva aguda parecida a la que sintieron los sicilianos.

Además, la falta de entendimiento entre gobierno central y los isleños sicilianos se repite; es muy difícil que congresistas y tecnócratas comprendan la mentalidad de los boricuas y su temor y oposición hasta inconsciente al cambio. Se hace muy difícil para unos mortales nombrados por Washington entender, la excitación que brota cuando una tenista con sangre caribeña derrota a una continental o cuando una joven mujer regresa a la Isla con otra corona de belleza.

Desgraciadamente, son estos mismos tecnócratas de la Junta quienes tendrán que buscar alguna forma de implantar los recortes a los trabajadores boricuas, ya que el gobernador no tiene intención de cooperar en este esfuerzo suicida.

Además, se podría decir que el Congreso (igual que hizo Garibaldi con Sicilia) invadió nuestra isla al aprobar la ley “Promesa” quizás para que “aprendiéramos”, en palabras de don Fabrizio, “modales”. Dudo que los dioses Tainos aprendan a comportarse.

Me parece que él gobernador ha entendido el mensaje del príncipe. Hay que cambiar para quedarse igual.

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