David Efron

Tribuna Invitada

Por David Efron
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La embajada en Jerusalén

Acostumbraba a escribir una columna sobre el año nuevo judío y el siguiente día de arrepentimiento. Este año lo hacemos algo más tarde. El comienzo del año nuevo judío (a esta fecha el 5778, de acuerdo al calendario que el propio Jesús seguía) fue el 20 de septiembre, el mismo día que el huracán María destrozó nuestra bella isla.

Pocos judíos en Puerto Rico han podido regresar a sus sinagogas. Los que llegaron fue a un servicio religioso limitado por falta de electricidad y agua. Pero de alguna forma los judíos siempre han celebrado la tradición y el legado del año nuevo, demasiadas veces en circunstancias mucho más difíciles que un devastador huracán categoría cinco.

Apenas una generación atrás, durante el Holocausto, los judíos celebraban el año nuevo escondidos de los nazis, temerosos de que los oyeran o vieran la luz de las velas tradicionales y les costara la vida. En los campos de concentración también se les prohibía, pero lo observaban igualmente callados y escondidos.

Siglos antes, durante la Inquisición y desde finales del siglo XV, los judíos, aun los que convertidos al cristianismo para no levantar sospechas, observaban esta fecha hebrea en secreto. Lo mismo hacía la diáspora hace más de 2000 años (año 30 después de Cristo), cuando los romanos controlaron a Israel y prohibieron las costumbres judías.

Es posible que sea más que casualidad que el huracán María llegara el día de año nuevo judío, el cual representa renovación. Avinu Malkeinu, el himno festivo principal que ha sido interpretado hasta por Barbra Streisand, nos habla precisamente de la renovación de un pueblo. En este caso Puerto Rico.

Desde los tiempos bíblicos, el pueblo de Israel tiene la obligación humanitaria, tradicional y cultural de reparar el mundo y ayudar a todo el que más lo necesite, trayendo luz -no necesariamente electricidad- a todos los pueblos. Tan pronto les fue posible, llegaron grupos desde Israel a ayudar. Venían de salvar vidas de bajo los escombros del terremoto que cobró cientos de vidas días antes en México.

De esta forma, el estado de Israel y las comunidades judías hicieron lo posible para ayudar a la isla, hogar adoptado de miles de judíos. Israel ayuda a reparar casas destrozadas en la montaña. Un grupo de médicos y enfermeras provee asistencia médica en los campos. Han llegado aviones con ayuda para la capital y el gobierno central. Se han repartido generadores, comida, agua y medicina, al parecer más efectivamente que FEMA.

Como cónsul honorario en Puerto Rico, acompañé al cónsul general de la Florida en su visita al honorable secretario de Estado, Luis Rivera Marín. Se le entregó una carta en la que el primer ministro de Israel ofreció todo su apoyo al gobernador Ricardo Rosselló.

Sin embargo, la noticia del momento en torno a Israel es que la embajada americana se muda a la capital de Jerusalén. Jerusalén ha sido la capitaldel pueblo judío desde que el rey David así lo declaró hace más de 3000 años. Aún durante la diáspora, Jerusalén siempre ha sido la capital espiritual del pueblo judío.

Alberga al templo de Salomón, el Muro de los Lamentos, la tumba del rey David, conocida como el Cenatorio donde Jesús tuvo la última cena, y muchas otras importantes. El mismo día en que Israel declaró su independencia, ejércitos árabes y Jordania se apropian de Jerusalén por los próximos 19 años. En 1967, durante la guerra de los seis días hace 50 años, Israel recuperó su capital y reunificó en esta a su país. Desde entonces, todas las instituciones importantes de Israel operan desde su capital Jerusalén: el Tribunal Supremo, el Knéset, el Parlamento, y las oficinas del ejecutivo bajo el primer ministro. Israel es el único país en el mundo al que aparentemente Estados Unidos no le reconocía su capital.

Hace casi un cuarto de siglo, bajo la administración del presidente Clinton, cabildeé para que en 1995 dieran paso a la ley de la Embajada Americana en Jerusalén. El Departamento de Estado federal ha empujado, por los últimos 22 años, extensiones de seis meses para lograr el cambio. Implementar la ley es tan fácil como ponerle al mega consulado de Jerusalén la placa de embajada, y a la embajada en Tel Aviv, la placa del consulado. Insisto en que negar que Jerusalén sea la capital de Israel y del pueblo judío pone en tela de juicio los lazos que tienen, no sólo los judíos, sino los cristianos, con la sagrada ciudad donde ubican la Vía Dolorosa, la iglesia del Santo Sepulcro y Getsemaní, entre otros sitios sagrados cristianos.

Es desafortunado que el presidente estadounidense que finalmente ordenó mover la embajada sea el actual, cuya débil credibilidad podría afectar la opinión pública sobre una ley que Estados Unidos aprobó en 1995.

Las amenazas de los extremistas musulmanes de que esta decisión causará terrorismo, no debe impedir corregir una injusticia. Los terroristas no necesitan razones para aterrorizar a todo el mundo, como lo han hecho por décadas.

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