José R. Nadal Power

Tribuna Invitada

Por José R. Nadal Power
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La hoja de ruta de Rafael Hernández Colón

No se me hace fácil escribir en estos momentos sobre el exgobernador Rafael Hernández Colón, nuestro eterno hombre de Estado. Es muy dolorosa su pérdida y muchas las anécdotas. Extrañaré sus enseñanzas y amenas conversaciones con él y su familia sobre los retos que enfrenta Puerto Rico. En su honor escribo sobre lo que considero fue uno de sus principales legados al país, el mapa que nos trazó para decidir nuestro futuro. 

Para Hernández Colón resolver el asunto del estatus político de Puerto Rico siempre fue máxima prioridad debido, en parte, a que “[e]l conflicto existente sobre el estatus politiza la administración pública y fomenta la discontinuidad programática” en el gobierno. Esto afecta la vida diaria de todos los puertorriqueños, por eso al igual que Luis Muñoz Marín siempre estuvo claro en que las opciones sobre estatus deben visualizarse como instrumentos para ayudar a Puerto Rico alcanzar sus metas sociales y económicas y no “como dogmas religiosos”, como una vez dijo.   

Para que Puerto Rico pueda encaminar una solución definitiva a la eterna discusión sobre su estatus político resulta fundamental que se promueva un proceso plebiscitario justo para todas las opciones. Esta es una de las principales enseñanzas que nos deja e exgobernador, quien encaminó durante sus últimos años como primer mandatario un proceso plebiscitario que sigue siendo el más constructivo y de avance al que han llegado Puerto Rico y los Estados Unidos desde la creación del Estado Libre Asociado en 1952.

Desde la década de 1990 los puertorriqueños hemos aprendido que la discusión sobre el estatus político no se puede encaminar de manera seria mediante plebiscitos que no cuentan con un compromiso por parte del Congreso de los Estados Unidos de respetar sus resultados. Mucho menos funcionan procesos que son diseñados para forzar resultados mediante la exclusión de sectores políticos que impulsan opciones legítimas que deben ser presentadas a los votantes. Los “plebiscitos” de 1993, 1998, 2012 y 2017 son ejemplos de esfuerzos excluyentes y fracasados.

El principio de acudir a Washington para exigir un proceso vinculante que atienda la voluntad del pueblo sobre la situación política tras la promulgación del ELA tiene su génesis en la Comisión de Estatus creada por el Congreso mediante ley el 20 de febrero de 1964. Cuando dicha Comisión rinde su informe en 1966, concluyó, entre otras cosas, que “[l]a política que gobierna la relación entre los Estados Unidos y Puerto Rico está y debe continuar basada en los principios de consentimiento mutuo y libre determinación” y que “[d]e acuerdo con esta política y estos principios, es fundamental que para que ocurra cualquier cambio en el estatus político, el Congreso debe entender plenamente los deseos del pueblo de Puerto Rico”.

Luego de un exitoso segundo término como Gobernador en la década de 1980,durante el cual se defendió la Sección 936 y el desempleo en Puerto Rico se redujo en más de 7% (lográndose que la economía de la isla creciera a un ritmo mayor que la de Estados Unidos), Hernández Colón decide dedicar su tercer mandato a resolver el asunto del estatus político mediante un esfuerzo plebiscitario en el que se exigiría al Congreso respetar los resultados, el que fuese, en unión con los partidos políticos de oposición en aquellos años. El exgobernador expresó en su mensaje inaugural el 2 de enero de 1989 que “ha llegado la hora de que el pueblo exprese nuevamente su preferencia sobre las alternativas de status político y creo que es igualmente necesario que el gobierno de los Estados Unidos de América manifieste su posición al respecto”.

Esto dio pie a la histórica carta de 17 de enero de 1989, dirigida al presidente George Bush y al liderato congresional, firmada por los presidentes de los tres partidos políticos de Puerto Rico, donde se exigió que se consulte a los puertorriqueños sobre su situación política y que dicha consulta tenga la garantía de que se implantará la voluntad del pueblo mediante legislación del Congreso. La primera respuesta a dicha comunicación llegó el 25 de marzo de 1989, mediante carta conjunta de Bennett Johnston, presidente del Comité de Recursos Naturales del Senado de los EE.UU. y James McClure, líder de la minoría republicana, en la que se comprometen a iniciar el diálogo solicitado, aclarando que para que el resultado del propuesto plebiscito sea vinculante el Congreso debe ejercer su responsabilidad de definir los términos de las opciones de estatus disponibles para Puerto Rico.

Aunque el plebiscito que se impulsaba mediante el proceso de estatus de 1989-1991 nunca se materializó, fue en dichos años cuando más se ha logrado avanzar una discusión seria sobre el estatus político. Y esto se logró mediante mecanismos que otorgaran igualdad de condiciones y acceso a los proponentes de todas las alternativas sobre estatus político. Es por eso que debemos aprender de la historia, del ejemplo que nos legó Hernández Colón, quien siendo el máximo ideólogo de la autonomía y del Estado Libre Asociado desde la década de 1960 reconoció que él no podía pretender resolver el asunto del estatus viajando solo a Washington, D.C. excluyendo a los otros partidos, como lamentablemente se ha estado haciendo recientemente con la mal llamada “Comisión de Igualdad” y los proyectos para imponer la estadidad que se han presentado.

Rafael Hernández Colón creyó en Puerto Rico, demostró que existen vías para solucionar nuestros retos políticos, demostró que puede haber buen gobierno y desarrollo económico en nuestro país. Pero para lograrlo hay que creer en nuestras capacidades como pueblo, dejando atrás el tribalismo y pensando en los grandes retos y en las grandes soluciones de manera responsable, rechazando (y esto me lo recordaba constantemente) los mitos que tantas veces se crean en la política. Como dijo en un memorable discurso en 1991: “Aquí hay poder, y ese poder viene de dentro, para hacer futuro como nosotros lo queremos. No un futuro que vamos a copiar de otros, sino el futuro de una familia grande que confronta unida los problemas…”. Gracias Rafael por su ejemplo y legado, gracias por enseñarnos que hay futuro, que hay una ruta a seguir para Puerto Rico. ¡Seguiremos su ejemplo y nunca le olvidaremos!


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