Raymond Pérez

Tinta Boricua

Por Raymond Pérez
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Los Alomar son clase aparte

Roberto Alomar y su padre Santos Alomar caminan en estos días por senderos de luz, de mucha espiritualidad. Dando de lo que tienen sin pedir nada a cambio. Más bien, haciendo el bien sin mirar a quién.

Ahora se desempeñan en roles especiales con la organización de Toronto, ciudad en donde veneran al menor de los hijos de Santos y doña María Velázquez.

Y para muestra… dos botones de esa labor social, humana, deportiva, recreativa y espiritual que hacen ambos.

Ayer, en el Museo del Deporte en  Guaynabo, el historiador  Jossie Alvarado  presentó, oficialmente, su nuevo libro “Roberto Alomar: un pelotero especial”, en el cual se destaca la trayectoria del famoso jugador.

Y en su turno frente al micrófono, Alomar  dejó para récord que venera a su madre, doña María, pero además honró la memoria y legado de un gran  puertorriqueño, Roberto Clemente.

El exsegunda base, con dejos de humildad, fue claro en que desde que visitó y habló por varias horas con Matino Clemente, hermano de Roberto, ahora aprecia más el lado humano y deportivo del astro boricua. Y fue  más allá,  pues dejó saber que le cumplirá una promesa a Matino y su familia: los va a llevar a visitar el pueblo de Cooperstown en Nueva York,  en donde ubica el Salón de la Fama del béisbol de Grandes Ligas y en donde Clemente tiene un nicho especial. Matino nunca ha visitado el espacio en donde Roberto es un gran héroe. 

Y entonces, viene Santos, también padre de Santitos, coach de primera base de Cleveland.   El más veterano del trío Alomar labora como  instructor especial con Toronto. Un asesor de esos que, además de hacer que los jóvenes jueguen buen béisbol, trabaja para que se conviertan en mejores ciudadanos, amigos, familiares y ejemplos de la sociedad. Y Santos conoce muy  bien ese trabajo. Después de todo,  él ayudó a educar a un integrante del Salón de la Fama.

Y ahora, en Toronto, pasan por su manos -además de todos los jóvenes jugadores-  tres grandes proyectos de los Azulejos, dos de ellos, hijos de integrantes del Salón de la Fama. Santos contribuye en la educación del tercera base de 19 años  Vladimir Guerrero, hijo (hijo de Vladimir Guerrero), del campocorto de 20 años Bo Joseph Bichette (hijo de Dante Bichette),  y del segunda y primera base de 23 años Cavan Biggio (hijo de Craig Biggio).

Alomar les platica de la vida, les da consejos, les escribe frases positivas, los orienta, en fin, los prepara para enfrentar lo duro de la vida diaria. 

Es como resumirles la vida, dirigirlos a esa edad, con un   “honra a tu padre y a tu madre…” o “después de la tormenta, saldrá nuevamente una luz”.

Los Alomar, sin dejar atrás a Santitos, son sin duda una cepa aparte.


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