Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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No llores por ti, AEE

Se supo esta semana la razón por la cual cayeron tantos postes al paso del huracán María: no estaban bien puestos.

Un experto recalcó que había que enterrarlos como mínimo el diez por ciento de su tamaño, más otros dos pies. Un poste de cien, por ejemplo, tendría que estar hundido doce pies bajo tierra. Y parece que muchos no cumplían con ese requisito.

Ocurrieron también otras cosas que son síntoma de la anarquía estructural del país.

Se utilizaron materiales que no se usaban en ninguna parte y menos en Estados Unidos (chanchullo a la vista), y para colmo, muchas compañías de teléfono y de televisión por cable, usaron los postes de la luz para hacer sus propias conexiones y colgar sus propias cajas de distribución.

Eso ya lo sabíamos. ¿En cuántas ocasiones hemos visto a un tipo subido a un poste, tomándolo por empleado de Energía Eléctrica, y cuando preguntamos, en realidad está reparando internet, o dándole cobertura teléfonica a un barrio?

Sospecho que nadie pensó jamás que esa sobrecarga en postes ya inclinados, medio carcomidos, iba a traer grandes dolores de cabeza ante el paso de una tormenta.

Lo de las empresas telefónicas y el cable, se entiende. Es decir: les resulta baratísimo montar su parafernalia en una estructura que ya está lista, lo hacen en menos tiempo y tienen que invertir menos dinero.

Pero lo que es desastroso, y no se puede explicar, es que la Autoridad de Energía Eléctrica lo haya permitido.

Las primeras están defendiendo sus ganancias; son compañías que cuentan hasta el último centavo, y si les regalan el muñequito ya montado, lo aceptan muy contentas.

La corporación pública no se quejó, por lo menos no lo hizo reiteradamente; no realizó estudios, no mandó inspectores, no se alarmó de que esos postes hubieran seguido cargándose de “racimos” con los que apenas podían mantenerse en pie.

¿De quién es la responsabilidad?

Evidentemente, de esa capa gerencial de la AEE, que tragó con que “hicieran y deshicieran” en los postes que pagamos los abonados. Algún beneficio habrán sacado de eso.

El sector sindical —hay que señalarlo una vez más— se quejaba en los medios, sí, la UTIER denunciaba la fragilidad de los postes, y no sé si en algún momento se refirió al aprovechamiento de las compañías privadas. Pero en el fondo estaban más interesados en negociar sus convenios y salir con unos cuantos beneficios más, que en paralizarlo todo y apretar el botón del pánico.

Un huracán, cualquier fenómeno atmosférico fuerte, puede tumbar un cierto número de postes, pero no decenas de miles como fue el caso aquí.

Este periódico editorializó sobre el problema hace dos años, a raíz de un “demayo” colectivo de postes en Barceloneta. Ese día de marzo de 2015 no hubo viento; nadie los empujó con el dedo; no se les acercó un viejito para soplarlos. Los postes se cayeron solos, se murieron de asco, y de milagro no dejaron víctimas. ¿Hubo autocrítica, revuelo, explicaciones de los encargados de aclararnos una cosa tan elemental, como que los postes estaban mal instalados, y pedirle cuentas al que los instaló? No. Pura impunidad.

Tienen razón los que sostienen que la AEE hace tiempo no es nuestra. Claro que no: es de los políticos. Es parte del botín por el cual se pelean cada cuatro años. No es cierto que deliberamente hayan llevado a esa corporación al hoyo para poder venderla. Llegó a esta situación por el robo, la corrupción, la mediocridad y la avaricia. Lo menos que querían los aprovechados de ambos partidos era venderla. ¿Cómo iban a querer vender la guarida donde ubicaban a parientes y colaboradores? ¿Cómo iban a querer vender el negocio donde los “amigos” de la Junta de Gobierno nombraban a otro "amigo" como director ejecutivo, con salario y bonos que salían de los extorsionados bolsillos de los abonados? ¿Cómo querer vender el lugar que les facilitaba lanzar medidas simpáticas, subsidios que pagaba el cliente, para contentar alcaldes, líderes religiosos, sectores de la población que luego no se preocupaban por ahorrar la luz?

Aquí nadie ha tenido que empujar a la AEE al abismo en que se encuentra ahora. La corporación ya estaba hundida antes del huracán María, desmoralizada (que eso es lo peor) y ahora no hay Dios que la levante. Mejor asumir la realidad, algo que parece que le cuesta tanto a alguna gente, y pasar a discutir aspectos que sí pueden ponderarse, partiendo de un sentido práctico del estado del país; de la dependencia extrema del país, y de lo que ya no tiene vuelta de hoja: esa privatización que se cae de la mata.

La mayoría de los trabajadores de la AEE, técnicos y celadores diestros, serán muy bien contratados y remunerados por otras companías. Yo me pongo a mirar a los que vienen a la Isla con las empresas contratadas por FEMA: no creo que esos hombres que veo en los camiones privados, subiendo y bajando de los postes, estén mal pagados, ni faltos de beneficios. Es una profesión dura, es verdad, que requiere de muchas habilidades, pero tienen un nicho seguro y una gran demanda.

Quienes no tienen nicho ni demanda son los burócratas. Los compinches de los gobernadores, o de los poderosos en la Legislatura. Los que entraron y salieron de la AEE, machacándonos cada vez más.

Se me dirá que también las compañías privatizadoras nos machacarán. Pues sí. Igualito que ésta. Pero será un alivio saber que el director ejecutivo que nombren andará más derecho que una vela; se reportará a Kansas o a Missouri; no atenderá las llamadas de los legisladores, ni aceptará subsidios para que ganen votos.

Si íbamos a “llorar”, debimos hacerlo antes. No sé por qué siempre lo hacemos a destiempo.

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