Eduardo Lalo

Isla en su tinta

Por Eduardo Lalo
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Nuestra coloniahecatombe

Pasan los días en nuestra coloniahecatombe. La cuarentena agrandada que padece el país lleva a uno a la reflexión y la reflexión en un calabozo hogareño lleva a reconsiderar todo. Debo aceptar por fin lo que salta a la vista: Wanda Vázquez es una excelente gobernadora, una gobernadora como pocas, una gobernadora máxima, única, rubia. Durante su corta incumbencia todo, absolutamente todo, excepto las contrataciones más cuantiosas, se ha dilatado tanto que cada cuatro meses parecen un cuatrienio, y da la impresión que en la próxima primaria con el ex casi gobernador Ricardo Pierluilló estaría optando por su tercer turno al bate. Al menos así se siente.

Como se sabe esta es la contienda determinante y la sangre es más dulce cuando es fratricida, luego de la riña entre el íncubo de la gobernadora Leónidas Dávila y Edwin Díaz Mundo-Postsantini, el del eterno subcampeón Ricky Pierluisi, eximios púgiles diabólicos idóneos para la batalla por proxy, que a insultos buscan descubrir quién tiene la gloria de demostrar a su opositor la pequeñez de su hombría y quién le tumbó la pajita a quién bajo las luces de nuestros softballs de debatientes con anfitriones derrotados en pretéritas elecciones, que ahora lo mismo entrevistan a políticos que a los que les compran los anuncios.

Lo de las elecciones posteriores es un guame. Hace exactamente 48 años que la otra extremidad del bipartidismo-única-alternativa no gana sin gomas de repuesto, sin zanahoria delante del burro, sin arropamiento en la bandera en las últimas 24 horas, sin “Verde luz” en photo finish. No ha sido justo tener esta prerrogativa, no es recto que hace décadas el PNP corra la milla con una vuelta de ventaja, juegue con 25 puntos en el marcador antes de que comience a correr el reloj, pero así han sido las cosas y lo que es peor, durante todos estos años, en muchas ocasiones los árbitros locales han estado comprados y los jueces de la Calle Chardón eran parte del equipo.

Por eso entiendo, por qué muchos de nuestros políticos defienden la democracia puertorriqueña con tanto encono, desparpajo, griterío: a quién no le gusta un dulce o un presupuesto bajo su control o un préstamo de millones y millones para los nuestros que no son pendangos, quién no disfruta la sangre que mana de la cabeza rajada de un pelú o el aroma a gas lacrimógeno en las azoteas de la Milla de Oro. La democracia puertorriqueña es lo que más se parece a la democracia nicaragüense, lo único que aquí tenemos la ventaja impuesta de que nuestras elecciones coinciden con las de la democracia más grande, perfecta, prestigiosa, esa en la que es posible ganar sin tener la mayoría de los votantes, con la de la bandera de las estrellas y las barras y las invasiones y los derrocamientos y los buenos modales de la Agencia Central de Inteligencia.

No hay nada como nuestra democracia, porque nada tiene de democrática nuestra toda colonia, la ya atesorada por una centuria coloniahecatombe. Nuestra democracia es más cracia que demos, más fuete que nosotros o, puesto de otro modo, más nosotros-los-usurpadores que ellos. En nuestra democracia “ellos” es un concepto importante y lo mismo significa los que viven una clase social más abajo, los amantes de otro color primario agrupados en mafia cada cuatro años, los que no han enturbiado el banco genético de los de siempre desde que llegaron los conquistadores o, simplemente, los que en el partido vencedor tienen el privilegio de la pendanguidad y el bruterío. Así con 59% de votantes en su contra el mártir Pedro Rosselló Jr. gobernó hartándose el “banquete total”, pero cometiendo eso sí el pecadito de limitar la lista de comensales a la familia más íntima, masculina, malhablada y adolescente, dejando fuera a esposas enviadas a pasear en limusina blindada o helicóptero, sin permitir la entrada en el salón de la fiesta a Pedro el Padre ni a Pedro Rivera Schatz ni a Pedro Jenniffer que esperaban que el actual cuatrienio fuera algo así como Todos los Pedros el Junior.

La coloniahecatombe es una maravilla y Wanda Vázquez, la incomparable, es luz, salón de los espejos, traje largo, beauty parlor y no ha habido en la historia colonialdemocrática puertorriqueña una primera mandataria que se haya impuesto motu proprio un supervisor federal teniendo ya para su falta de libertad y para su disminución absoluta de poder a siete miembros de la Junta de Control Fiscal no electos y una ucrania que cada vez que firma una carta en que dice “Eso no” cobra cien mil dólares y esto sí que no es hipérbole. La coloniahecatombe ha hecho que se transformen mis admiraciones en esta cuarentena que va convirtiéndose en ochentena, y de pronto caigo en la cuenta de la maravilla que lo que más se parece al sueldo de Jaresko son las pruebas compradas con 1,200% de sobreprecio. Una pena que el Centro de Convenciones Mártir Ricky Rosselló no se haya podido convertir en un hospital de campaña para apoyar a los hospitales vacíos tanto de pacientes como de empleados, porque estos últimos fueron cesanteados en el curso mismo de la cuarentena. El Señor y el empresarismo siguen sendas misteriosas. Este, el del hospital, habría sido un tumbe tan tumbe, un tumbe para llegar al cielo o a lo que es lo mismo, a una urbanización cerrada con vista a los Everglades y con caimanes como vecinos.

Wanda Vázquez es grandiosa, elocuente, firme, transparente, políglota. Defiende a brazo partido, es decir con un yeso en la mano inmóvil, al feminismo organizado que aún espera, a los damnificados de los terremotos que aún esperan y a los acumuladores de suministros en almacenes secretos que por siempre nada tienen que esperar ni temer. Trae el pan a los comedores escolares y los niños aún esperan, paga rápido y bien las pruebas de coronavirus para los ciudadanos en riesgo mortal que aún esperan. Pasan los días en la coloniahecatombe y me digo que aún beneficiándome de la espléndida Wanda Vázquez el futuro puede traer a Pedro Ricardo Pierluisi o que Eduardo Bhatiayulín sueñe con una batalla campal y la satisfacción por el subcampeonato en noviembre. Pasan los días en la coloniahecatombe y disfrutamos la unión permanente con la artimaña, el timo y el truco. ¡Por la encendida calle puertorriqueña va la coloniahecatombe: Wanda, Pierluisi, Penepé, tumbándola, tumbánbula!

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