Nilsa Pietri

Elecciones 2020

Por Nilsa Pietri
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Panes, peces y contratos


Con unos pocos panes y otros tantos peces, relata la Biblia, Jesús alimentó al pueblo que le seguía. En el Puerto Rico de hoy, los escasos panes y peces no dan para alimentar al pueblo, pero sí a los amigos de nuestros líderes legislativos, que los reparten en forma de contratos.

Cuando acudimos a las urnas, cada cuatro años, no votamos por los contratistas gubernamentales, pero los funcionarios que elegimos los favorecen a ellos por encima de las necesidades del pueblo.

Para el pueblo, las migajas. Para los amigos, los contratos jugosos, como los que este diario nos ha estado presentando esta semana.

El año entrante, esos mismos legisladores que ahora reparten millones de dólares en contratos a sus amigos y correligionarios, pedirán a los electores que los reelijan y les prometerán las villas y castillos que luego solo compartirán con los contratistas.

La historia no es nueva. Se repite cuatrienio tras cuatrienio, estén azules o rojos en el poder. Haya salud fiscal, como supuestamente había años atrás, o estemos en quiebra como ahora.

Lo que se supera con el paso de los años es la inventiva. En esta ocasión, hasta un contrato de bienestar físico hay en la Cámara de Representantes y, cómo no, los beneficiarios son amigos del contratante.

Mientras leemos sobre el reparto a manos llenas de fondos públicos entre los amigos —algunos, como el exrepresentante Edwin Mundo, amigo de muchos años e igual número de contratos—, en el Tribunal Federal los fiscales citan al presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, como testigo en el juicio contra un colaborador cercano suyo acusado de corrupción mientras ejercía un cargo de confianza en ese cuerpo legislativo.

Rivera Schatz se lava las manos en cuanto a responsabilidad se refiere y dice que va como testigo de fiscalía— o sea, de la acusación— lo que supuestamente quiere decir que él no es investigado.

En el Senado también se reparten contratos a diestra y siniestra, como en la Cámara y como en el Ejecutivo. Y, por supuesto, en la Junta de Supervisión Fiscal que ahora controla las finanzas quebradas del país.

Y no pasa nada. Es más, el exsenador penepé Héctor Martínez, aquel que tenía al narco apodado “Coquito” en su personal, está considerando regresar a la Casa de las Leyes.

Es que los panes y los peces están mal repartidos en estos tiempos.

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