Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Para empezar de nuevo

El Tribunal Supremo ha puesto orden constitucional al pandemonio que vivimos y dictado que la gobernación corresponde a la secretaria de Justicia.  Esto conlleva que Wanda Vázquez entra a La Fortaleza sin ambicionarlo o quererlo y que la comisionada residente Jenniffer González tiene consenso político para ser designada secretaria de Estado y, al confirmársele a ese cargo por la Cámara de Representantes y el Senado de Puerto Rico, como se anticipa, convertirse próximamente en gobernadora en propiedad.

Respire profundo.  Todavía no acaba.  Ábrase espacio al nuevo capítulo de “La Crisis del Verano 2019” porque entonces habrá que cubrir la vacante del delegado colonial con voz y sin voto que nos representa en el Congreso; y estando como andan las cosas de Puerto Rico con la Administración Trump, las mayorías demócrata y republicana en el Congreso, identificarlo no será nada fácil.  Se busca un comisionado que sea republicano y simpático, angloparlante y articulado, capaz de nadar en las aguas turbulentas del radicalismo republicano, pero que no haga sombra al nuevo liderazgo que se afianza en el partido Nuevo Progresista.  Con esos atributos no hay muchos, y menos en un partido político venido a bancarrota tras el desplome de la Administración Rosselló.

Tómese en consideración que si bien la responsabilidad de este desastre recae sobre el partido de gobierno, la crisis desnudó la incapacidad de nuestra clase política y de la partidocracia para poner el deber por encima del egoísmo.  En su momento de mayor desconcierto colectivo, con la gobernanza desplomada, el pueblo no encontró orientación ni consuelo en sus líderes político que se enredaron en indigna garata por el despojo del poder que rodaba por las callejuelas del Viejo San Juan.  Esa es la cruda y dolorosa verdad.  De los partidos de la oposición fueron muy pocos – se contaron con los dedos de la mano y sobraron – los líderes que reaccionaron a la crisis con desprendimiento y responsabilidad democrática.  Nunca aceptaron que todos contribuyeron a esta debacle montada durante décadas de errores acumulados.

De cumplirse la predicción, y finalmente Jenniffer González Colón convertirse en gobernadora de este tiempo revuelto, enfrenta retos muy fuertes que pondrán a prueba la firmeza y habilidades que le permitieron emerger de la juventud progresista a los planos de más alto liderato.  Tendrá por delante la monumental tarea de poner la casa en orden, tanto la del gobierno como la de su partido, y por el bien de Puerto Rico, hay que desearle lo mejor.

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