Jaime Lluch

Tribuna Invitada

Por Jaime Lluch
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¿Por qué fracasa Puerto Rico?

¿Por qué algunas sociedades fracasan mientras otras son “exitosas”?  

En 1688, Inglaterra tuvo una revolución política que cambió su trayectoria política y por ende su potencialidad económica, abriendo el camino a la Revolución Industrial y a la democracia liberal moderna inglesa.  Por otro lado, Egipto luego de que se librara del control del Imperio Otomano en 1798 pasó a ser dominado por el Imperio Británico, el cual tenía tan poco interés en la prosperidad y la felicidad de los egipcios como el Imperio Otomano.  

Eventualmente, los egipcios se libraron del yugo Británico, pero en ningún momento desde el 1952 Egipto logró tener una revolución política como la de Inglaterra en 1688. En vez, Egipto hasta el día de hoy ha sigo gobernado por élites extractivas que han tenido tan poco interés en traer prosperidad y bienes sociales para los egipcios como los antiguos imperios Otomanos y Británicos.  En 2012, el egipcio promedio tenía un ingreso promedio que era 12% del ingreso promedio de un estadounidense y su expectativa de vida era 10 años menos.

Una de las teorías recientes más importantes en las ciencias sociales sobre el enigma del éxito o fracaso de las naciones es la de Daron Acemoglu y James Robinson (2012).  Su libro comienza por descartar teorías alternativas que no ayudan a explicar este enigma social y político.  La primera tésis descartada es la que postula que la geografía es destino. La diferencia entre Nogales, Méjico y Nogales, Estados Unidos no es ni el clima ni la geografía, son las instituciones políticas y económicas.  Singapur, Malasia, y Botsuana recientemente han experimentado crecimiento económico significativo.  También descartan la tesis de la cultura o valores de los pueblos.  Las normas sociales pueden ser importantes para crear instituciones exitosas, pero en general la cultura, la religión, y los estereotipos culturales nacionales no nos ayudan a explicar el éxito o fracaso de las sociedades. 

Acemoglu y Robinson son institucionalistas (cónsono con tendencias recientes en la Ciencia Política) y para ellos la gran diferencia entre Nogales, Arizona y Nogales, Sonora se debe a la naturaleza de las instituciones políticas y económicas en ambos lados de la frontera.   Las instituciones estructuran la política y proveen incentivos para políticos, individuos, y negocios. Sin embargo, lo más notable de esta teoría es que la naturaleza de las instituciones políticas es más importante que las instituciones económicas. El proceso político y las instituciones políticas van a determinar qué tipo de instituciones económicas va a tener una sociedad.  

Sociedades exitosas tienen instituciones económicas inclusivas, como las de Corea del Sur o Canadá, que permiten que la mayor parte de la población participe y use sus talentos en actividades económicas para mejorar sus vidas. Sociedades fracasadas tienen instituciones económicas extractivas. Instituciones económicas inclusivas se crean si una sociedad tiene instituciones políticas inclusivas.  

En sociedades exitosas el poder está distribuido ampliamente con múltiples puntos de poder y de manera muy pluralista, y tienen estados funcionales, centralizados, eficientes, y confiables. Hay gran confianza en el aparato estatal y en las instituciones políticas pluralistas.  

Las sociedades fracasadas tienen instituciones políticas extractivas: el poder está distribuido entre élites o grupos sociales privilegiados, grupos cerrados y jerarquizados, o está basado en sistemas clientelistas jerarquizados o redes de corrupción.  En sociedades fracasadas las instituciones políticas permiten que las élites utilicen las instituciones del gobierno para su beneficio, etc.

Hoy día ejemplos de sociedades fracasadas serían Egipto, Somalia, o Haití. Puerto Rico no es todavía una sociedad fracasada, pero en mi opinión está en vías de serlo. 

Nuestras instituciones y prácticas políticas y nuestros partidos políticos muestran algunas de las características de las instituciones políticas extractivas: élites o castas o grupos sociales privilegiados, sistemas clientelistas jerarquizados o redes de corrupción, y el amiguismo o las conexiones sociales por encima del mérito.  Poca confianza en las instituciones del aparato estatal, disfuncionalidad en su funcionamiento, y percepción de que es poco eficiente.  Élites asociadas a los dos partidos principales que usan el gobierno para su beneficio.  

Ejemplos abundan: relaciones clientelistas a nivel de los municipios, la percepción de que el gobierno no funciona bien, pobre servicio a los ciudadanos por la Autoridad de Energía Eléctrica y la Autoridad de Acueductos y Alcantarilladso, un Departamento de Educación disfuncional, la experiencia dantesca de ir a un Centro de Servicios al Conductor, la corrupción generalizada en el Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Democrático en años recientes, etc.  

Y para colmo ahora tenemos una Junta de Control, que es literalmente una institución política extractiva neoliberal.

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