Francisco Montalvo Fiol

Punto de vista

Por Francisco Montalvo Fiol
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Un punto de inflexión geopolítico

En su libro, The Tipping Point, el periodista y escritor británico Malcolm Gladwell comentaba que si miramos el mundo a nuestro alrededor, puede parecer un lugar inamovible e implacable. No lo es. Con el menor empujón, en el lugar correcto, puede inclinarse. La combinación de la crisis del coronavirus (COVID-19), el colapso de los precios del petróleo, la desaceleración económica global y la extrema volatilidad de los mercados de capitales, presenta una tormenta perfecta, un coctel explosivo, en comienzos de la segunda década del Siglo XXI. Dentro de poco tiempo, el mundo que conocemos hoy en día, pudiera ser irreconocible.

Primero, el brote de coronavirus es, ante todo, una tragedia humana que afecta a cientos de miles de personas. La economía mundial está en shock por la pandemia del coronavirus (COVID-19). El virus ha expuesto lo frágil de un mundo dependiente en cadenas de abasto e inventarios internacionales. ¿Tendremos que repensar la globalización? La crisis del coronavirus está teniendo efectos agudos en tres frentes: disrupción en las cadenas globales de abastecimiento en un mundo interconectado (shock de oferta), caída en la demanda agregada con un impacto fundamentalmente en el tráfico de las líneas aéreas y el turismo (shock de demanda) y caída de precios de activos bursátiles internacionales (canal financiero).

China se ha convertido en la central manufacturera mundial de muchos sectores. Actualmente, cerca del 20% del comercio global de productos intermedios manufacturados se origina en China, en 2002, esa cifra alcanzaba el 4%. En el caso de varios medicamentos y reactivos farmacéuticos, la dependencia en China es alta. Por ejemplo, 100% de toda la penicilina utilizada en los Estados Unidos se produce en la China. Por otro lado, China es el principal importador de materias primas del mundo. Por ejemplo, Chile despacha 50% de su producción de cobre al gigante asiático, y Brasil destina el 28% de sus exportaciones a ese mercado. Organismos internacionales, analistas y gobiernos no dudan que habrá un fuerte golpe negativo en la tasa de crecimiento económico global. Localmente, Puerto Rico, una economía basada en consumo (más del 80% del producto nacional bruto), experimenta cierres y bajas en ventas, impactando especialmente el sector de las empresas pequeñas y medianas. Esto es preocupante.

Próximo, la guerra que se desarrolla actualmente por el precio del petróleo ha estado en proceso durante un tiempo. El conflicto sucede en el contexto de la interacción geopolítica entre tres las potencias petroleras dominantes: el Reino de Arabia Saudita, Rusia y los Estados Unidos. La súbita baja del precio del petróleo por más de un 30 porciento (ha recuperado algo al momento de este escrito) impacta a las economías dependientes en la venta del crudo como Venezuela, Irán, Omán, Angola, Colombia, Canadá y Ecuador, entre otros países. Todo esto desestabiliza las bases del petrodólar establecido por la administración Nixon y Arabia Saudita tras la Guerra de Yom Kippur del 1973, a través del cual Arabia Saudita se comprometía a vender petróleo exclusivamente en dólares estadunidenses y a su vez invertir en bonos de Tesoro Federal y otros instrumentos financieros norteamericanos. En adición, un precio bajo del barril de petróleo impacta severamente a los productores de petróleo de esquisto de Estados Unidos (¨shale¨) que necesitan un precio por encima de los $60 dólares para ser rentables. Muchos de estos productores no podrán sostenerse y su vez impactaran los mercados en Wall Street al entrar en impagos o bancarrotas – un efecto dominó.

Además, China, el mayor importador de petróleo mundial, comenzó a vender contratos petroleros en el 2018 bajo su moneda (petroyuanes), desafiando el dominio del dólar estadounidense para la venta de petróleo en el mundo. Recientemente, países productores de petróleo, incluyendo de la OPEP, amenazan con vender petróleo en petroyuanes u otras monedas en vez de dólares estadounidenses. Rusia y China ya hacen transacciones de petróleo en sus monedas nacionales. Esta situación impacta el papel del dólar como moneda de reserva global. Muchos opinan que esta situación pudiera llama a un re-ordenamiento del sistema monetario mundial. ¿Volveremos a un estándar de oro? El dólar será reemplazado paulatinamente por otra moneda – propuesto recientemente por el gobernador del Banco de Inglaterra – o por una unidad internacional como el SDR (Special Drawing Rights) del Fondo Monetario Internacional?

En tercer lugar, la posibilidad de una recesión económica global se ha convertido en una certeza. Ya no es un asunto si se experimentará una recesión económica, sino cuándo y que tan prolongada. Es importante establecer que la economía global ha venido experimentando una gran desaceleración y en especial las economías de varios países industrializados como la Unión Europea. La economía de los Estados Unidos, que a primera vista ha experimentado repuntes en tiempos recientes, resulta muy vulnerable al depender de estímulos a sus mercados financieros por el Banco de la Reserva Federal.

Algunas de las industrias más afectadas por la crisis del coronavirus incluyen aerolíneas, restaurantes, hoteles y recreación (centros deportivos, parques, conciertos, teatros, cines, etc.). Se estima que el impacto en la economía de los Estados Unidos de un cese de todas estas actividades durante un período de 8 semanas sería de más de $650 mil millones, equivalente al 3% del PIB del país. Es imposible predecir con seguridad qué tan grave será la recesión económica o la duración. Nada en esta escala ha afectado a la economía estadounidense y mundial en los últimos 50 años. Esta interrupción va mucho más allá del trabajo y las finanzas porque también abarca la movilidad de las personas, la atención médica, la educación, todas las formas de entretenimiento y recreación, y la larga pudiera afectar la confianza en los gobiernos.

Los elementos de crisis arriba mencionados pudieran hacer el repensar la relación entre los ciudadanos, sus gobiernos y el papel del sector privado. Entre las reacciones de los gobiernos a la crisis económica causada por el CODVID 19 ha sido el proveer fondos e inyecciones multibillonarias a empresas y ciudadanos. ¿Veremos la introducción de un sistema de ingreso básico universal (universal basic income)? ¿El impacto del coronavirus hará repensar los sistemas sanitarios y de cuidado médico? Dada la importancia central que ha tomado el internet y los canales de comunicación durante los periodos de aislamiento, ¿se consideraran como una utilidad pública al igual que el agua y la electricidad? ¿Deben ser regulados por el gobierno? ¿Es el internet un derecho público como la educación y la salud?

Vivimos tiempos noveles y de gran incertidumbre – el punto de inflexión. Sería un error pensar que las condiciones comerciales y financieras volverán rápidamente a los niveles previos al brote de coronavirus. Una recesión global podría cambiar el comportamiento de los consumidores y las empresas de formas difíciles de predecir o pronosticar. La economía global se encamina a una nueva era.




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