José Antonio Maes Aponte

Tribuna Invitada

Por José Antonio Maes Aponte
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Venezuela: dictadura del Siglo XXI

El control casi absoluto de los poderes públicos le ha permitido al gobierno venezolano dar apariencia de constitucionalidad y de legalidad a la instauración de una cruenta dictadura.

Esa apariencia de legalidad es una herramienta clave para el engaño y la manipulación. La dictadura materializa la arbitrariedad, la usurpación y la comisión de delitos de lesa humanidad a través de actos, decretos y sentencias emitidos por autoridades competentes.

El Consejo Nacional Electoral, encargado de la organización de los procesos electorales, subordinado a las órdenes y deseos del partido socialista único de Venezuela, ha sido uno de los principales responsables del asesinato sistemático de la democracia. Fue el protagonista y autor material de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, electa fraudulentamente, según se ha demostrado nacional e internacionalmente.

El Poder Judicial, dirigido por el Tribunal Supremo de Justicia, ha estado secuestrado por una banda de abogados que no cumplen con los requisitos para ser magistrados, algunos con prontuario delictivo, seleccionados entre gallos y medianoche, que han transformado el sistema de justicia en la muestra más evidente de la inexistencia de la separación de poderes.

El Tribunal Supremo de Justicia ha sido el verdugo predilecto del gobierno, cualquiera sea el abuso de poder, la arbitrariedad y la inconstitucionalidad de las actuaciones de la dictadura, existe siempre una diligente sentencia que le da apariencia de legalidad.

La fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, cuya única misión legal sería únicamente la discusión y redacción de una nueva constitución, se ha transformado y ejerce funciones públicas cobijadas bajo el ejercicio del poder originario como un poder supra constitucional.

Se trata del supuesto ejercicio de la soberanía popular delegada por los venezolanos a través de una elección que desde su convocatoria hasta sus resultados estuvieron plagados de irregularidades. Bajo el marco constitucional todavía vigente, era imposible e inviable.

Los constituyentes decidieron unilateralmente cuál es su mandato, hasta donde llegan sus facultades constitucionales y legales, por cuánto tiempo existirá y lo más interesante, que sus decisiones no son revisables por ningún otro poder público, ni siquiera por el Tribunal Supremo de Justicia.

Tal es el carácter celestial de la ANC que todos los poderes públicos deben subordinarse a su mandato. El presidente de la República, los magistrados del Tribunal Supremo, los rectores del Consejo Nacional Electoral, el Fiscal General de la República, el Defensor del Pueblo, el Contralor General, el Alto Mando Militar y los Diputados de la Asamblea Nacional, requieren someterse a los poderes de la ANC y ser “ratificados” para continuar ejerciendo funciones públicas.

Una de las primeras decisiones tomadas por la ANC, para lo cual no estaba facultada, fue destituir a la Fiscal General de la República, quien se convirtió en un objetivo político del régimen, al haber fijado su posición institucional y pública sobre la inconstitucionalidad que suponía la convocatoria y eventual elección de una asamblea constituyente como la propuesta.

Hoy luego de semanas de persecución, la Fiscal General se encuentra en Colombia evaluando su futuro. Tuvo que escapar en una lancha hacia Aruba y luego volar a la hermana república. Fue designado en su sustitución quien hasta hace poco se desempeñó como Defensor del Pueblo, cómplice de las muertes, la tortura y el encarcelamiento durante los más de 130 días de protestas.

Para justificar la persecución de los enemigos políticos han decidido crear una “Comisión de la Verdad”, cuyo único objetivo es sepultar la disidencia y justificar las innumerables violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen.

El viernes 18 de agosto decidieron disolver el parlamento electo por más de 14 millones de venezolanos en diciembre del 2015.

La dictadura se consolida, Venezuela se nos muere...

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