



El proyecto Esencia, una comunidad residencial y turística planificada para desarrollarse en unas 2,000 acres en la costa del municipio de Cabo Rojo, ha sido objeto del debate público en años recientes, a medida que avanza su proceso de permisos, estudios y consultas.
Según explicó Roberto Ruiz, promotor del proyecto y principal oficial operativo de Three Rules Capital, una de las empresas detrás del desarrollo de Esencia, el proceso ha sido exhaustivo y responde tanto a la magnitud del proyecto como al sinnúmero de consideraciones en evaluación, que incluyen desde el impacto ambiental hasta el acceso público a la playa y a otras áreas comunes.

“Hemos estado aquí consistentemente escuchando [los planteamientos]”, indicó Ruiz, de raíces puertorriqueñas y dominicanas e ingeniero de formación. “Cuando se nos levanta algún punto de preocupación legítima, lo atendemos. Tenemos las mejores intenciones y sabemos que este tema genera mucha discusión. Son trabajos de largo plazo que hay que hacer con mucho cuidado, siempre con la puerta abierta para trabajar con las agencias gubernamentales, la comunidad y nuestros vecinos, para asegurarnos de que sean de provecho para todos”, abundó.
Terreno con proyectos previos
El desarrollo de Esencia, que busca componer unas 1,200 unidades de vivienda y unas 500 habitaciones de hotel en un entorno sostenible y de baja densidad, alcanzó un hito significativo en diciembre pasado cuando la Oficina de Gerencia y Permisos (OGPe) aprobó la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto, aunque con ciertas condiciones adicionales que los desarrolladores deberán completar durante su construcción.
Para Ruiz y demás miembros del proyecto, dicha aprobación valida el enfoque de Three Rules Capital y la firma codesarrolladora Reuben Brothers en el proyecto, especialmente al compararlo con iniciativas similares propuestas anteriormente en la región.
“Los terrenos ya habían sido sujetos a varios estudios de impacto ambiental y consultas de ubicación sometidas por otros desarrolladores que se aprobaron en su momento, y se había iniciado la construcción de esos múltiples proyectos [que no fueron ni son parte de Esencia]. Ya sea por la crisis financiera u otras razones ajenas a nosotros, esos proyectos no se completaron”, explicó.
Ruiz agregó que una parte considerable de la inversión inicial en el proyecto, de unos $200 millones hasta la fecha, ha sido para la adquisición “de terrenos, prácticamente todos de propietarios locales”.

“No nos encontramos con un terreno virgen y vacío, sino con un ecosistema en crisis, con humedales que han sido pisoteados por vehículos todoterreno”, comentó por su parte Pablo S. Massari, director de EDSA y diseñador del plan maestro de Esencia.
Los diferentes proyectos abandonados iban a componer unas 5,000 unidades residenciales y aproximadamente 1,800 llaves de hotel, continuó Ruiz. “Armamos un equipo de consultores, la mayoría locales, e incluimos a arquitectos, arqueólogos, biólogos y planificadores. A base de ese análisis, cambiamos el planteamiento a un proyecto de mucho menor impacto y densidad, reduciendo la escala en un 80% y logrando reducir el potencial impacto ambiental en un 75%”, subrayó.
Modificaciones en el camino
Pero para los desarrolladores de Esencia, el proceso de estudios y consultas partió desde cero. “Cuando sometimos nuestro plan formalmente por primera vez, en mayo del 2024, ya habíamos hecho una cantidad significativa de trabajo previo de consulta comunitaria. Temas como la infraestructura, la zona marítimo-terrestre y los accesos públicos son superimportantes, e incorporamos ese insumo al plan”, relató Ruiz.

El anuncio del proyecto dio paso a vistas públicas, donde los desarrolladores recogieron comentarios adicionales tanto de la comunidad como de las agencias públicas concernientes.
“Como resultado de las vistas públicas, aunque nosotros no entrábamos en un debate público al respecto, el récord del proceso ambiental muestra cómo fuimos tomando en cuenta todo el insumo, analizando lo que la gente decía, haciendo los estudios complementarios necesarios según lo requerían las agencias, y mucho de eso dio como resultado mejoras al plan maestro”, continuó.
“Con la zona marítimo-terrestre, contábamos con una certificación. Luego de las vistas públicas, donde hubo comentarios al respecto, le pedimos voluntariamente al Departamento de Recursos Naturales (DRNA) que volviera al terreno y midiera de nuevo la delimitación”, enfatizó Ruiz. “Incluso, movimos la delimitación de zona marítimo-terrestre en ciertos casos más allá de lo requerido por ley”.
Existían además preocupaciones de que el proyecto se conectara al sistema de acueductos y afectara la presión de agua de la zona, perjudicando, a su vez, sectores agrícolas aledaños. Para evitar esto, los desarrolladores están construyendo una infraestructura completamente nueva para el proyecto que incluirá una planta de tratamiento de agua, otra de filtración de agua, reaprovechamiento del agua de lluvia y del agua tratada, y paneles fotovoltaicos como fuente primaria de energía, mitigando así el impacto a la infraestructura existente en la región.
“Estamos haciendo una inversión realmente considerable, y la infraestructura, desde el día uno, fue un punto clave. Cuando pasamos por todo el proceso de revisión ambiental, planificamos que nuestra infraestructura fuera autosuficiente”, agregó Ruiz, destacando la inversión total estimada en el proyecto de unos $2,500 millones durante los próximos siete años, así como la creación de hasta 4,500 empleos directos.
Considerando esto, los entrevistados señalaron que otro reto apremiante de la región y de Puerto Rico en general es la fuga de talento, por lo que muchos jóvenes que crecen en esta zona y completan estudios universitarios se ven obligados a salir de la isla en busca de oportunidades laborales, fenómeno que ha limitado el desarrollo de la costa suroeste durante años. En este sentido, plantearon que Esencia busca impulsar una transformación económica significativa en la región, con efectos que podrían extenderse a nivel isla.
Sostenibilidad como norte
En cuanto al asunto del acceso público, Ruiz destacó que ahora solo se puede acceder a la playa del lugar mediante caminos construidos a medias y que se encuentran en condiciones precarias, producto de proyectos anteriores que fueron abandonados. “No hay infraestructura, no hay facilidades sanitarias”, dijo. “Desde un principio, planificamos cuál queremos que sea la experiencia del público general que visite Esencia, y no limitarla solamente a cumplir con la ley y dar acceso público”.
Como resultado de esta visión, el proyecto contará con una red de cerca de 16 millas de senderos para caminantes, bicicletas y demás, interconectados con los accesos públicos a la playa. En total, el proyecto dedicará tres cuartas partes del terreno a la recreación activa y pasiva, la conservación y el uso público. Estas áreas se han seleccionado utilizando criterios científicos basados en evaluaciones de campo realizadas por expertos, explicó.
Asimismo, el proyecto incorpora los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) propuestos por la Organización de las Naciones Unidas en cuanto a mejoras prácticas de gestión ambiental, responsabilidad social y crecimiento económico sostenible en Cabo Rojo y la costa suroeste de Puerto Rico. Otras acciones contempladas incluyen medidas concretas para reparar los daños históricos generados por proyectos inconclusos, combatir la erosión del suelo, canalizar el agua de lluvia, proteger los manglares y proteger y mejorar los humedales y las dunas costeras.
“Todos entendemos que Puerto Rico es una isla pequeña con recursos naturales muy sensibles. En ese contexto, el turismo de lujo es una forma de desarrollar, minimizando la huella ambiental y maximizando el valor”, contextualizó Ruiz durante su participación en un panel del evento Puerto Rico Real Estate Summit, celebrado a mediados de marzo en San Juan.
“Dicho esto, también hemos visto la necesidad urgente de vivienda asequible en la región, por no decir en todo Puerto Rico, y estamos explorando alternativas de desarrollo en ese renglón”, reveló.
Finalmente, para Massari, la viabilidad económica y la salud ambiental no son mutuamente exclusivas, sino que ambas pueden coexistir en un desarrollo responsable. “Nuestro objetivo ha sido diseñar un plan maestro que mejore y proteja estos delicados sistemas a largo plazo, al tiempo de sentar las bases para un proyecto exitoso”, subrayó.

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