La gráfica muestra un modelo de un agujero en la capa de ozono. (The Associated Press)

El Servicio de Monitoreo Atmosférico Copernicus de la Unión Europea (UE) reveló hoy, martes, que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártica alcanzó un tamaño de 8.8 millones de millas cuadradas, su extensión anual más grande desde la última década.

El agujero es más del doble del tamaño de los Estados Unidos, indicó la agencia. El hoyo es uno de los más grandes y más profundos en décadas recientes. El Servicio Copernicus resaltó que el agujero comenzó a crecer rápidamente a mediados de agosto y llegó a su tamaño máximo a principios de octubre.

El tamaño del agujero sobrepasa la norma en extensión registrado en la década pasada y dejó al descubierto casi todo el continente Antártico.

La capa de ozono, que comprende desde 47,000 hasta casi 80,000 pies de altura en la estratósfera, contiene una alta concentración de ozono (O3). Esta capa evita que los rayos ultravioletas del sol penetren hasta la superficie de la Tierra en concentraciones dañinas para la vegetación, animales y la piel de los seres humanos. Los rayos ultravioleta de onda menor rompen las moléculas de ozono y forman moléculas de oxígeno y, en el proceso, filtran o bloquean la cantidad de estos rayos en una reacción constante y balanceada.

Sin embargo, el uso de productos con compuestos cloroflurorcarbonados (conocidos como CFCs) de ciertos plásticos y foam, y en ciertos productos refrigerantes para acondicionaries de aire, refrigeradores yaislantes contra el frío o el calor, rompen el delicado balance que ocurre en la llamada ozonosfera.

Al descomponerse, estos productos basados en CFCs suben hasta la estratósfera y aceleran el proceso de romper las moléculas de ozono. Al quebrarse el balance natural, son más los rayos ultravioleta que penetran al haber una concentración menor de ozono hasta que se crea un agujero. Sin la capa de ozono, la vida en la Tierra sería prácticamente imposible de sostener.

Fue por esto que los países miembro de la Organización de las Naciones Unidadas (ONU) firmaron, el 26 de agosto de 1987, el Protocolo Montreal, un tratado internacional que, en esencia, prohibió el uso de productos CFC que permitiría que la Tierra “repare" naturalmente el agujero.

Anualmente, el agujero crece y se encoge dependiendo de las condiciones atmosféricas y la concentración de CFCs y otros químicos que trastocan el proceso en la ozonosfera. Precisamente, la agencia registró, el año pasado el tamaño más pequeño del agujero, el cual se cerró con relativa rapidez.