Ilustración facilitada por Carl Knox representando un agujero negro (al centro) mientras engulle una estrella de neutrones, arriba a la izquierda. Las líneas azules son ondas gravitacionales, ondulaciones en el tiempo y el espacio, que es como los astrónomos detectaron la fusión, mientras que las áreas naranjas y rojas indican partes de la estrella de neutrones desprendiéndose.
Ilustración facilitada por Carl Knox representando un agujero negro (al centro) mientras engulle una estrella de neutrones, arriba a la izquierda. Las líneas azules son ondas gravitacionales, ondulaciones en el tiempo y el espacio, que es como los astrónomos detectaron la fusión, mientras que las áreas naranjas y rojas indican partes de la estrella de neutrones desprendiéndose. (The Associated Press)

Vaya merienda. Por primera vez, astrónomos presenciaron, en enero del año pasado, a un agujero negro tragándose una estrella de neutrones, el objeto más denso del universo, en fracciones de segundo.

Diez días después, observaron lo mismo, al otro lado del universo. En ambos casos, una estrella de neutrones —una cucharadita de la cual pesaría mil millones de toneladas— orbita cada vez más cerca de ese punto sin regreso, un agujero negro, hasta que ambos chocan y la estrella de neutrones desaparece en una zampada.

Los astrónomos observaron las últimas 500 órbitas antes de que las estrellas fueran tragadas, un proceso que tomó mucho menos de un minuto y generó brevemente tanta energía como toda la luz del universo observable.

“Fue una rápida zampada grande y desapareció”, dijo el coautor del estudio Patrick Brady, astrofísico de la Universidad de Wisconsin. El agujero negro “tiene una buena cena de una estrella de neutrones y se hace un poco más enorme”.

Los estallidos de energía de las colisiones fueron descubiertos cuando sensores en la Tierra detectaron las ondas gravitacionales, ondas de energía cósmica que recorren el tiempo y el espacio y mencionadas inicialmente por Albert Einstein. Las ondas provenían de una distancia de más de mil millones de años-luz. Fueron detectadas en enero de 2020, pero el estudio de más de 100 científicos que analizó e interpretó los datos fue publicado el martes en la revista Astrophysical Journal Letters.

Aunque los astrónomos habían visto ondas gravitacionales de colisiones entre dos agujeros negros y entre dos estrellas de neutrones, ésta es la primera vez que ven colisiones entre un agujero negro y una estrella de neutrones.

El agujero negro que se tragó la estrella de neutrones tiene una masa entre 7.4 a 10.1 mayor a la del Sol, y pese a ser más pequeña, le estrella de neutrones tenía una masa casi dos veces mayor al Sol.

La detección de la segunda colisión ocurrió el 15 de enero de 2020. En este caso, ambos objetos eran menos densos que en el choque del 5 de enero. Dado el tamaño de los agujeros negros en ambas colisiones, lograron tragarse las estrellas de neutrones rápidamente, lo que evitó que se produjera luz detectable por telescopios.

Las estrellas de neutrones son los cadáveres de estrellas masivas, lo que queda luego que una estrella gigante muere en una explosión de supernova. Son tan densas que tienen aproximadamente 1.5 o 2 veces la masa de nuestro Sol, pero condensada en unas seis millas de ancho. Algunos agujeros negros, conocidos como agujeros negros estelares, son creados cuando una estrella aún mayor implosiona, creando algo con una gravedad tan poderosa que ni siquiera la luz puede escapar.

Los científicos piensan que debe haber muchos más de esos choques entre estrella de neutrones y agujero negro, pero no han detectado otros en nuestra galaxia.

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