Puerto Rico tiene dos estatutos que protegen a los murciélagos: Ley de Protección y Preservación de Polinizadores y Nueva Ley de Vida Silvestre. Si se matan viciosamente, aplicaría la Ley para el Bienestar y la Protección de los Animales.
Puerto Rico tiene dos estatutos que protegen a los murciélagos: Ley de Protección y Preservación de Polinizadores y Nueva Ley de Vida Silvestre. Si se matan viciosamente, aplicaría la Ley para el Bienestar y la Protección de los Animales. (Suministrada)

De las 13 especies de murciélagos que hay en Puerto Rico, cuatro pudieran optar por utilizar estructuras hechas por el ser humano como sus hogares, lo que para algunas personas pudiera traer problemas de ruidos, olores, deterioros en la propiedad e, incluso, afecciones de salud.

Frente a ello, BatExclusion surge como una iniciativa –que nace del Programa de Conservación de Murciélagos de Puerto Rico– para trabajar en soluciones que contemplen la relevancia de las especies y velen por su conservación.

“Dentro del Programa, nos llegaban muchos mensajes de personas reportando que tenían problemas de colonias de murciélagos en sus casas. La complejidad del trabajo nos obligó, a un pequeño grupo, a movernos de forma independiente por la logística que esto envuelve”, relató Wilkins Otero Alicea, presidente de BatExclusion.

Empleando protocolos de exclusión –que han sido desarrollados por grupos dedicados al estudio y la protección de murciélagos–, la iniciativa busca lograr que las personas no utilicen métodos que pudieran tener repercusiones negativas en las especies, los humanos o el medioambiente. De igual forma, recopilan datos científicos de la biología de estos mamíferos voladores y educan a la ciudadanía sobre su importancia.

Según Otero Alicea, en Puerto Rico, los murciélagos en las edificaciones son bastante comunes y muchas personas no saben que los tienen hasta que se convierten en una problemática mayor. De hecho, una de las especies nativas de la isla es comúnmente llamada murciélago de los techos (Molossus molossus).

También, expuso que, luego de los huracanes Irma y María en 2017, las situaciones con murciélagos en las residencias pudieron haber aumentado, debido a que muchos perdieron sus refugios diurnos por inundaciones en cuevas y cavernas, defoliación del dosel (pérdida de hojas) en los bosques y la destrucción de edificaciones abandonadas.

Cuatro especies nativas pudieran utilizar las estructuras hechas por el ser humano como refugios diurnos.
Cuatro especies nativas pudieran utilizar las estructuras hechas por el ser humano como refugios diurnos. (Suministrada)

El proceso empleado por BatExclusion se divide en cinco fases, detalló. En primera instancia, realizan una inspección para evaluar la estructura, las colonias presentes y el tipo de especie. De esta manera, se determinan las metodologías de exclusión que se emplearán.

Considerando la ubicación de las posibles salidas y entradas de los murciélagos, el material de construcción de la edificación y el tamaño de las especies presentes, entre otros factores, se procede, entonces, a la implementación de metodologías, que incluyen colocar mallas mosquiteras, cortinas, tubos PVC o una combinación de ellas. Se colocan de manera que los animales puedan salir, pero no entrar, y es por esta razón que las tareas son realizadas por expertos, usualmente en las tardes.

Luego, se pasa a la fase del monitoreo, en la que el equipo de BatExclusion supervisa el funcionamiento efectivo de las metodologías instaladas y realizan ajustes (de ser necesario). Al cabo de siete días, se remueven y se procede a sellar las entradas de los murciélagos.

Una vez culmina el proceso, se puede optar por un servicio de sanitización y limpieza del área afectada, por lo que esta quinta fase es opcional.

Otero Alicea destacó que, una vez los murciélagos abandonan las estructuras afectadas, se instalan casas de madera para que sirvan como refugios provisionales. Precisó que las labores de BatExclusion se realizan de septiembre a julio para no interferir con las temporadas de apareamiento y reproducción.

Por otro lado, indicó que, en Puerto Rico, no muchas compañías de control de plagas trabajan con murciélagos, y alertó que, a veces, se recurre a métodos que los perjudican, pese a su importancia ecológica. “El 75% de las especies de murciélagos se alimentan de insectos, y cada millón de murciélagos consume un promedio de 10 toneladas de insectos por noche”, resaltó.

Los murciélagos insectívoros controlan una gran cantidad de plagas y previenen la propagación de enfermedades, como el dengue, zika y chikungunya. Los frugívoros, por su parte, ayudan en la reforestación de los bosques con la dispersión de semillas. Y en el caso de los nectarívoros, actúan como polinizadores de diversas especies de plantas, como agave, cacao, guineo y guayaba, entre otras.

Puerto Rico tiene dos estatutos que protegen a los murciélagos: Ley de Protección y Preservación de Polinizadores de Puerto Rico y Nueva Ley de Vida Silvestre de Puerto Rico. Si se acaba con su vida sin seguir los procedimientos correspondientes, pudiera aplicar también la Ley para el Bienestar y la Protección de los Animales.

BatExclusion cobra $80 por la inspección inicial, pero el costo total de la operación dependerá del tamaño de la estructura y si se desea la sanitización.

El autor es candidato doctoral en Biología y becario de la American Association for the Advancement of Science en El Nuevo Día.

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