La mortandad de tortugas a causa de este virus es variable, ya que los tumores pueden disminuir naturalmente. (Suministrada)

Puerto Rico es uno de los pocos lugares en el mundo en los que se ha podido estudiar la prevalencia de la enfermedad viral de fibropapillomatosis (FP) en tortugas marinas, informó el secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), Rafael Machargo Maldonado.

Resaltó, de inmediato, que el estudio se ha realizado durante los pasados 19 años a través del Programa de Especies Protegidas (Proyecto de Tortugas Marinas) de la agencia.

La FP es una enfermedad que consiste en tumores o verrugas que se ven en algunas tortugas marinas. Una de las características principales de este virus, que se encuentra mayormente en los pejes blancos, es que suele presentase o manifestase como tumores, verrugas o quistes que, por su forma de brócoli o coliflor, lucen muy grotescos.

La enfermedad solo es contagiosa entre tortugas. (Suministrada)

Pese a que la enfermedad es contagiosa entre tortugas, no lo es para los humanos u otros organismos. Tampoco es una amenaza directa para la tortuga ni la especie. La mortandad de tortugas a causa de este virus es variable, ya que los tumores pueden disminuir naturalmente. Para que haya mortandad, tiene que ser un caso muy severo de tumores que obstaculicen el campo de visión o movimiento, entre otros, y el animal perezca a consecuencia de no poder conseguir alimento o de presa fácil de depredadores.

“A pesar de que esta enfermedad puede causar mortalidad, esto no ha sido un impedimento para el crecimiento poblacional de la especie”, señaló, por su parte, Carlos Diez, coordinador y líder del Proyecto.

“Actualmente, las poblaciones de peje blanco han aumentado más de 70% en muchas playas a nivel mundial. Por ejemplo, en Florida, se documentaron más de 50 mil nidos durante el 2019. A pesar de que no existe una cura para esta enfermedad, en algunos países, incluyendo Puerto Rico, se rescatan algunos individuos que se encuentran en estado crítico (no pueden nadar o ver) para intentar removerle los tumores, pero no siempre es exitoso, pues estos también crecen internamente o vuelven aparecer externamente”, añadió Diez.

La enfermedad no ha impedido el crecimiento poblacional del peje blanco. (Suministrada)

Entre los hallazgos más sobresalientes de este estudio, el DRNA mencionó lo siguiente: la incidencia de la enfermedad permanece baja, pero con algunos períodos altos o brotes cada cierto tiempo (parecido a otros virus); la gran mayoría de las tortugas juveniles (30 centímetros de largo o menos) no presentan tumores, mientras que tortugas subadultas (más de 30 centímetros) podrían presentar tumores; el virus FP no afecta las tasas de crecimiento en la mayoría de las tortugas que lo poseen; y algunas tortugas tienen la capacidad de recuperarse. Las áreas de alimentación de peje blanco con algún grado de contaminación es donde existe la mayor incidencia.

Según la agencia, para proteger las tortugas marinas se recomienda invertir esfuerzos en la conservación del hábitat, como en el manejo de cuencas y en el desarrollo costero sustentable, para evitar la contaminación y degradación y así evitar la incidencia de esta enfermedad.

Todas las especies de tortugas marinas están protegidas por leyes estatales y federales.