Los agricultores usan varios métodos para controlar a las iguanas, como mallas alrededor de los cultivos y perros. (Jorge A Ramirez Portela)

La industria agrícola, que comenzó a resurgir tras el devastador paso del huracán María, batalla contra un mal que amenaza con revertir todo lo que se ha avanzado en los pasados casi tres años: las iguanas verdes o gallinas de palo.

Sin reponerse aún de las pérdidas causadas por el ciclón, que el Departamento de Agricultura estimó en más de $2,000 millones, agricultores de diferentes municipios ven sus cultivos destrozados por las iguanas, una especie exótica sin depredador natural en Puerto Rico.

Entre ellos está Alana Toro Ramos, quien, a una semana de María, comenzó su proyecto de siembra familiar en Cabo Rojo, con la esperanza de distribuir diversos cultivos en su pueblo. Nunca imaginó que, inmediatamente, las iguanas llegarían a robarle ese sueño.

Reconoció, sin embargo, que, hace poco más de 10 años, se pronosticó que en la isla habría más de cuatro millones de iguanas. “Así que, de cierta forma, se había anticipado que esto iba a ser un gran problema para el sector agrícola”, dijo.

En 2009, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) catalogó a esta especie, cuyo nombre científico es Iguana iguana, como una plaga, y autorizó a los afectados –como los agricultores– a exterminarlas.

“Con la ayuda de compañeros de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y agricultores del área, hemos desarrollado unas técnicas que estamos utilizando para controlarlas, pero, aun así, se nos hace bien difícil, ya que no podemos sembrar, procesar y matar iguanas, todo nosotros (dos personas), solos en esta finca”, agregó Toro Ramos, quien trabaja la finca junto a su colega Omar Colón.

Entre los métodos que utilizan los agricultores para controlar a las iguanas se encuentran el uso de mallas para proteger los cultivos, repelentes naturales, rifles de caza y hasta perros.

“Las mallas son una barrera que ayuda mucho, pero las iguanas buscan la manera de llegar a los cultivos. Sin embargo, los perros son bien efectivos cazando iguanas y, a veces, te atrapan hasta el 80%, pero el problema es que, si la iguana ya se encuentra dentro de nuestros cultivos y el perro las acecha, pues pueden contribuir a la destrucción de la siembra y, en esos casos, es un gran problema”, explicó.

Para Toro Ramos, que tiene una maestría en Microbiología, el problema de las iguanas “es un reto bien serio para el sector agrícola”, que está tratando de resurgir y que, de por sí, “es un negocio que está colgando de un hilo”.

Las iguanas, naturales de Centro y Suramérica y que, por lo regular, miden entre cuatro y seis pies de largo, son omnívoras (comen plantas y carne), pero prefieren hojas y frutas en su alimentación.

“Me dan ganas de llorar”

En esencia, los agricultores coinciden en que lidiar con las gallinas de palo es tremendo dolor de cabeza y que el impacto económico supera sus ganancias.

“Estas iguanas son bien, pero bien dañinas. Una vez, me limpiaron todos los semilleros de calabazas y me atrasaron por seis semanas, donde perdí más de $2,000”, relató Alberto Suárez González, agricultor de Añasco.

Al igual que Toro Ramos y otros colegas, Suárez González utiliza varios métodos de control, incluyendo a los perros, que también han destruido sus cultivos al momento de cazar iguanas. “Todavía es que me recuerdo de estas pérdidas y me dan ganas de llorar, porque (las iguanas) son bien malas”, recalcó.

Por su parte, Elvin Binet, agricultor de Cabo Rojo, afirmó que las iguanas acaban con todo lo que esté acabado de sembrar y no tenga algún tipo de protección, por ejemplo, mallas.

“Cada dos semanas, me voy de cacería para controlar este problema de iguanas y proteger mis huertos, pero también encuentro nidos que, a veces, tienen hasta más de 60 huevos”, compartió Binet.

Suárez González añadió que sus vecinos se pasan cazando las iguanas con rifles y, en varias ocasiones, matan hasta 40 en un solo día. “Los meses más malos son de febrero a mayo y, en muchas ocasiones, no salgo de la finca por estar pendiente a las iguanas, pero también tengo que estar pendiente a mi composta, que es donde siempre hacen sus nidos”, dijo.

Aunque la plaga de iguanas en el sector agrícola se ha reportado, en su mayoría, en la zona costera, agricultores del centro de la isla también enfrentan el problema.

Tal es el caso de Josué Díaz Coss, miembro de la Finca El Vapor en San Lorenzo, quien ha visto hasta 15 iguanas comiéndose sus cultivos a la misma vez.

“Hemos tenido un problema bastante fuerte y recurrente con las iguanas, donde hemos perdido desde 50% hasta al 90% para muchos de nuestros cultivos. Esto es un problema que hasta mis compañeros agricultores de Aibonito también tienen”, destacó Díaz Coss.

Toro Ramos agregó que conoce “muchos agricultores” que se retiraron de la industria por las iguanas, ya que no tuvieron los recursos ni las herramientas para poder manejar el problema y las pérdidas económicas eran muy altas.

Los agricultores entrevistados por El Nuevo Día coincidieron en que los cultivos que más se afectan en sus fincas son las calabazas, pepinos, calabacines, leguminosas, batatas, lechuga y diferentes frutas, entre otros.

Miden el problema

Un nuevo estudio científico, liderado por la bióloga Christina de Jesús Villanueva, procura evaluar la relación entre las iguanas y el sector agrícola. La investigación tiene como meta recopilar y presentar datos concretos sobre cómo y quiénes se afectan y confirmar cuáles son los cultivos más impactados.

“Hasta el momento, no se ha recopilado quiénes en este sector se han visto más afectados, qué cultivos, en qué áreas de Puerto Rico, cuánto se gasta en controlarlo o cuánto se pierde en las cosechas a causa de las iguanas”, indicó De Jesús Villanueva, quien es candidata doctoral en la Universidad de Rhode Island.

A grandes rasgos, el estudio consiste en una encuesta, que los agricultores pueden llenar en el portal www.gallinadepalo.com. De completarse, sería la primera vez el Caribe –y quizás en el mundo– que se hace un estudio como este para que, finalmente, se pueda poner un valor numérico a este problema y tratar de resaltar la necesidad de manejarlo.

“Otro de los componentes de mi estudio es investigar diferentes métodos para proteger los cultivos ante la presencia de la iguana, con la meta de reportar los resultados y proveer recomendaciones para la comunidad agrícola”, añadió la egresada de la UPR en Humacao y Río Piedras.

Hasta el momento –y de forma preliminar–, los datos recopilados por De Jesús Villanueva confirman que el 50% de los agricultores en la isla tiene problemas con las gallinas de palo. La encuesta busca alcanzar a 100 agricultores de diferentes regiones para complementar los datos obtenidos de las entrevistas hechas al comienzo del estudio.

“Necesitamos recopilar estos datos, para entonces presentarlos a las agencias gubernamentales, para que reconozcan que el problema es serio y se implemente un plan de acción y de control para esta plaga”, afirmó.

¿Plan de acción del gobierno?

“Yo pienso que el gobierno debería proveer unos servicios gratuitos para los agricultores, porque la agricultura es la base de un país. Por ejemplo, si un agricultor reporta una infección de iguanas en su finca y está perdiendo sus cultivos, Recursos Naturales debería tener el equipo de trabajo para que pueda venir y pasar unos días en la finca para eliminarlas”, sugirió, entretanto, Toro Ramos.

Según los agricultores entrevistados, el DRNA les ha indicado que, en fincas familiares o privadas, la agencia no trabaja. Sin embargo, en los bosques u otras áreas protegidas por el gobierno, en los que el DRNA sí tiene jurisdicción y exhiben un gran problema de iguanas, tampoco han visto medidas de control por parte de la agencia.

Cuestionado al respecto, el biólogo Ramón L. Rivera Lebrón, de la División de Recursos Terrestres del DRNA, reconoció que la agencia no cuenta con proyectos para el control de animales exóticos, como las iguanas.

Expresó, sin embargo, que tienen personal que emite recomendaciones o provee asesoramiento a los agricultores sobre estrategias que pueden seguir para controlar la especie.

“Sería bueno que el Departamento de Agricultura y los dueños de fincas puedan estimar el daño que las iguanas causan en los cultivos, en qué temporada y cuál es la intensidad. Con una información como esta, nos podría ayudar a nosotros y otras agencias a desarrollar un plan más puntual y a, quizás, identificar un personal para el control de la iguana verde”, añadió Rivera Lebrón.

Mientras, el secretario de Agricultura, Carlos A. Flores Ortega, reconoció que la iguana verde es un grave problema para la producción agrícola, y tienen varios reportes de daños en las cosechas o plantaciones que lo confirman.

“Ciertamente, hemos tenido varios brotes en toda la isla y se ha convertido en una de las mayores plagas en la producción agrícola de nuestro país. Las veces que agricultores nos han llamado por altas poblaciones de iguanas, nosotros los referimos a las unidades regionales de Recursos Naturales, quienes, entonces, coordinan con exterminadores de iguanas, que cobran por esos servicios, y van a la finca para poner trampas para capturarlas y llevárselas”, señaló.

Para Toro Ramos, este limbo gubernamental es representativo de que, “lamentablemente, la agricultura no es una prioridad en Puerto Rico”. “Por tanto, el problema de la iguana no es una prioridad tampoco porque afecta la agricultura”, subrayó la agricultora.

El autor tiene un doctorado en Biología Celular y Molecular y es becario de la American Association for the Advancement of Science en El Nuevo Día.