Santiago Ramírez Ávila (a la derecha) indicó que, para motivar el uso de la máquina, al depositar botellas, los usuarios reciben un incentivo llamado “Gcoin”.
Santiago Ramírez Ávila (a la derecha) indicó que, para motivar el uso de la máquina, al depositar botellas, los usuarios reciben un incentivo llamado “Gcoin”. (Suministrada)

Una iniciativa de conservación ambiental desarrollada por Santiago Ramírez Ávila, recién graduado de la Universidad del Sagrado Corazón, recibió una subvención de $12,500 para el diseño y fabricación de un robot que recicla botellas plásticas de agua para darles una nueva vida por medio de la creación de obras de arte y materiales de larga durabilidad.

La máquina, llamada “Artbot”, es parte del Proyecto Génesis, desarrollado por el joven egresado del Departamento de Administración de Empresas, que busca educar sobre el ambiente y hábitos de sostenibilidad.

“Hice una sinergia en lo que serían las botellas de agua, la educación, la tecnología y convertirlas en arte”, dijo Ramírez Ávila.

El robot, que fue auspiciado por Eco Innovation Network, también cuenta con el apoyo del Museo del Reciclaje, en Hatillo, y el Centro de Innovación Colaborativa-Neeuko de Sagrado.

Proceso de reciclaje

Ramírez Ávila explicó que el proceso de reciclaje consta de depositar las botellas en el robot, que luego pasan a una máquina trituradora y una inyectora. A través de ambas máquinas, se prepara el plástico para ser utilizado como material de arte. Las botellas que no se puedan utilizar por mal manejo o suciedad, pasan a un centro de reciclaje para prevenir que terminen en los vertederos.

Hasta el momento, el plástico reciclado se ha utilizado para materiales como losetas, obras de arte como un arrecife de coral, y se espera pronto realizar un mural interactivo y sostenible hecho con las tapas de las botellas.

Para motivar el uso del robot, al depositar botellas, los usuarios reciben un incentivo llamado “Gcoin”, que pueden redimir en la página web del proyecto como donaciones a campañas sociales y ambientales, descuentos en empresas asociadas a la universidad o productos ecoamigables de comerciantes locales.

Componente educativo

“Artbot”, además de procesar las botellas, tiene un sistema interactivo que brinda información sobre el impacto positivo que tiene el reciclaje en el ambiente.

“El componente educativo del Proyecto Génesis lo que busca es crear herramientas de sensibilización y concientización (del medio ambiente) a todo el ecosistema estudiantil”, dijo Ramírez Ávila.

El componente educativo está dividido en tres fases. La primera fase es el diagnóstico, a través del cual se mide el impacto socioambiental de la universidad. A base de este diagnóstico, la segunda fase conlleva la creación de campañas ambientales para atender las problemáticas del campus y minimizar los impactos ambientales mediante talleres, “webinars” y jornadas de limpieza de playas. Por último, se recolectan métricas que midan los indicadores de gestión ambiental. Estos evalúan “el estatus actual, qué hemos mejorado y cómo podemos seguir proyectándonos a ser un campus sostenible, a ser una comunidad mucho más ‘eco-friendly’ en todos los aspectos de la palabra”, explicó.

Metas del proyecto

Al momento, el robot se encuentra en el Centro de Innovación Colaborativa de Sagrado, mientras se continúan identificando empresas que lo produzcan en masa para llevarlo a diferentes universidades y escuelas superiores de la isla.

Actualmente, la meta del proyecto es instalar el “Artbot” en instituciones educativas como Sagrado y las escuelas superiores cercanas a la universidad y, a su vez, vincular más artistas, entidades, empresas y estudiantes al proyecto.

“Recolectamos un equipo multidisciplinario y cultural de más de 20 personas”, mencionó Ramírez Ávila. El equipo está compuesto por ingenieros ambientales y diseñadores gráficos de Colombia, estudiantes de ingeniería eléctrica y mecánica de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, estudiantes de ciencias naturales, administración de empresas y comunicaciones de Sagrado, y consultores egresados en licenciatura en responsabilidad social y ambiental de México.

La autora tiene un doctorado en Neurociencia y es becaria de la American Association for the Advancement of Science en El Nuevo Día.

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