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La sequía por la que atraviesa la Isla ha acallado uno de los sonidos más distintivos de las noches borincanas.

Ya el sonido del coquí no se escucha ni en la montaña, según reconoció el catedrático de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Humacao, y experto en anfibios y reptiles del país, el doctor Neftalí Ríos.

“Si uno sale al monte, apenas vamos a escuchar animales cantando… (Pero) basta con echar una rociada de manguera y vas a ver que alguien va a empezar a cantar”, afirmó el científico para dramatizar el efecto que ha tenido en los coquíes la deficiencia de precipitación.

Al igual que se ha apagado su canto, se espera que las poblaciones de este pequeño anfibio disminuyan en un futuro cercano. Esto se debe a que su canto es parte del rito del apareamiento.

Ante la gravedad de la sequía que se ha experimentado en 83.17 por ciento del territorio de la isla, el grado en la reducción de la población de coquíes se verá durante los próximos seis meses. Esta situación se da en momentos en que un 66 por ciento de las especies de coquíes están clasificadas en amenaza o vulnerables, en peligro de extinción o en peligro crítico de extinción, dijo el experto.

“Durante estos momentos de baja humedad, los animales reducen grandemente su comportamiento de canto y reproducción, lo que se refleja en menos cantidad de animales que ingresan a la población durante los siguientes meses”, especificó Ríos.

“La teoría es que si yo tengo menos animales buscando pareja para reproducirse, yo tengo que entender que mañana va a haber menos hijos y no va a haber individuos que repongan la producción y la situación es que se verá una reducción de individuos”, añadió.

Aceptó que desconoce si las poblaciones de coquí serán capaces de recuperarse en un futuro de la baja en reproducción que se anticipa.

“No voy a decir que se van a extinguir. Ellos han pasado por estos eventos en sus vidas evolutivas. Me imagino que la naturaleza encontrará la manera de recuperar”, afirmó el catedrático.

Actualmente, Ríos dirige un proceso de investigación sobre el coquí en el bosque de El Yunque, ubicado en la Sierra de Luquillo. Según el Servicio Nacional de Meteorología, en lo que va del año 2015, esta zona ha registrado una deficiencia de precipitación de sobre 40 pulgadas de lluvia. Es, de hecho, la más zona impactada por esta disminución en la lluvia.

“Estamos generando más información, haciendo expediciones para auscultar qué está pasando en el bosque para empezar estudios formales más rigurosos, para cuantificar la magnitud de los efectos de una sequía prolongada, atípica a lo que ellos experimentan año por año”, expuso.

Los hallazgos preliminares, sin embargo, no son alentadores.

“¡Qué silencioso está el bosque!”, dijo Ríos con un cambio de voz que denotaba su pena.

Dijo que los coquíes los encuentra hasta en los picos más altos de El Yunque, a una elevación de 1,050 metros, “en la posición de conservación de agua, con sus patas debajo de su cuerpo, un comportamiento que reduce el área superficial del animal evitando así perder la mayor cantidad posible de humedad durante noches secas o con baja humedad en el aire”.

El mayor impacto de la sequía, según comentó, se observa en las seis especies de coquíes que viven en el suelo. Este grupo representa el 40 por ciento de la población.

“Estas especies dependen más de cómo están las condiciones ambientales en el piso. Ahí se está empezando a ver unos efectos, porque el piso del bosque se mantiene relativamente seco, a pesar de que recibe humedad por las neblinas… Ellos dependen de esas condiciones (húmedas) para reproducirse. Lo lógico es decir que están siendo impactados negativamente”, detalló el científico.

Comentó, además, que la especie del coquí dorado no ha sido detectada por los científicos en los pasados meses. Por ello, opinó que de haber algunos anfibios de este tipo, les sería imposible sobrevivir a la sequía, ya que dependen de la humedad.

Por otro parte, Ríos indicó que, al momento, el coquí llanero no se ve tan amenazado por la sequía severa que afecta al municipio de Toa Baja, donde está su principal hábitat.

Señaló que este coquí habita en una zona pantanosa, donde se observan zonas secas solo en los bordes, pero que mantiene “agua y humedad” en su interior.

Para el científico el peligro principal de esta especie es que la sequía desate un fuego en la zona.

“Sería desastroso para este animal”, afirmó.