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El atuendo fue estrenado por Neil Armstrong y debía suministrar oxígeno, ser resistente a la abrasión y ser antiinflamable (NASA).

Uno de los principales retos que debió asumir la NASA cuando emprendió el objetivo sin precedentes de conquistar la Luna, fue dotar a los eventuales exploradores del satélite natural de un atuendo que les permitiera sobrevivir en aquellas condiciones aún desconocidas.

De acuerdo con el ingeniero argentino Pablo de León, quien se ha dedicado a diseñar trajes espaciales para la NASA y, más recientemente, SpaceX, el traje utilizado por los astronautas del programa Apolo, denominado A7LB, debía cumplir con condiciones como ser muy resistente a las temperaturas extremas (tanto frío como calor) y a la abrasión y ser antiinflamable.

“La NASA tenía muy poca información sobre las condiciones del suelo lunar, pero sabía que estaba compuesto por un polvo muy abrasivo y cortante. También, y gracias a las lecciones que dejó el incendio del Apolo 1 en 1967 (cuando tres aspirantes a astronautas murieron durante una prueba en tierra), sabía que todo el material que llevaran puesto los futuros exploradores espaciales debía ser resistente al fuego”, explica De León, y agrega que fue así como la agencia espacial estadounidense diseñó la Beta Cloth, similar a la fibra de vidrio y capaz de soportar temperaturas extremas.

El traje, según De León, contaba con distintos materiales, como el neopreno, anclajes de aluminio y cables de acero. Así mismo, el visor del casco estaba recubierto de una película de oro para que la radiación solar no dañara los ojos de los astronautas y ellos pudieran ver los objetos de su color natural.

De acuerdo con el experto, para la fabricación de los trajes, la NASA abrió una licitación que, al final, fue ganada por dos empresas que se fusionaron: ILC Dover y Hamilton Standard, las cuales se tardaron alrededor de cinco años en terminar su tarea.

“Al final, el costo de cada traje fue de unos $400,000, que en los años 60 era una cifra considerablemente alta”, destaca el experto, quien agrega que cada astronauta tenía tres trajes: uno principal, otro de reserva y uno de emergencia, todos a la medida.

Una de las características más reconocibles de los trajes espaciales, y en especial de los atuendos lunares, es su sistema de soporte vital primario (PLSS). Se trata de una estructura montada en la espalda de los astronautasa manera de mochila, la cual se encargaba, en pocas palabras, de mantener vivos a los astronautas, pues conservaba el oxígeno, removía el dióxido de carbono producido como desecho de la respiración y se encargaba del sistema de refrigeración de los astronautas.

Gracias a este equipo, los exploradores contaban con hasta ocho horas de autonomía para recorrer la superficie del satélite. El PLSS también les permitía a los astronautas proporcionar oxígeno y apoyo vital a un compañero en caso de emergencia.

De acuerdo con la NASA, el A7LB pesaba unas 48 libras, mientras que el PLSS podía llegar a las 57 libras. Por eso, uno de los desafíos que enfrenta la exploración espacial humana en la actualidad está enfocado en el diseño de materiales cada vez más livianos, pero conservando la resistencia y la seguridad.

En este sentido, De León señala que los nuevos t

rajes espaciales cuentan con materiales como el kevlar, plásticos, aleaciones y las denominadas estructuras en forma de panal –inspirados en las viviendas de las abejas–. Además, dice, los avances también están orientados a tener mejor electrónica, con sensores muy precisos para conocer el estado de salud de los astronautas en cada momento de la exploración.


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