Una turbulencia fue la responsable, en marzo de este año, del aterrizaje de emergencia de un vuelo Estambul-Nueva York (EFE).

Hablar de las consecuencias del cambio climático, es hablar de intensas olas de calor, deshielo acelerado en la región del Ártico y el aumento en los niveles de los mares, entre otras cosas.

Sin embargo, hay otros factores que se podrían ver alterados por el calentamiento global, y quizá no lo relacionamos a esta situación, como el aumento de las turbulencias que experimentan los aviones en el aire.

Así lo revela un estudio reciente publicado en la revista Nature, donde se señala que las turbulencias severas podrán ser hasta tres veces más comunes en unos 30 años.

Un grupo de científicos de la Universidad de Reading, descubrió que existe un mayor impacto en la corriente en chorro a través del Atlántico Norte, pues se ha vuelto 15% más agitada en la atmósfera superior desde que los satélites comenzaron a observarla en 1979.

Esto quiere decir, según los expertos, que se incrementan las variaciones en la dirección y la velocidad del viento a medida que se asciende, y como consecuencia generaría un aumento en las turbulencias de los aviones.

La principal impulsora de las corrientes de aire en esta zona es la diferencia de temperatura entre el ecuador y el polo norte, de modo que, cuanto mayor sea, más fuertes soplarán las corrientes de chorro de aire de oeste a este.

El estudio señala que, en las latitudes más altas, incluida la estratosfera más baja sobre el polo, las temperaturas han disminuido como consecuencia del rápido cambio climático del Ártico.

Por otro lado, en la troposfera superior, sobre el ecuador, las temperaturas han aumentado, por lo que el contraste entre ambas es mayor y también los chorros de aire.

Este trabajo es el primero en detectar un aumento estadísticamente significativo en la cizalladura vertical del viento (la diferencia en la velocidad del viento o su dirección entre dos puntos en la atmósfera terrestre).

“La cizalladura vertical del viento y el aumento en su velocidad en altitudes más altas causa turbulencias invisibles en el aire despejado, que pueden ser lo suficientemente graves como para arrojar a los pasajeros del avión fuera de sus asientos”, consideran los autores del estudio.

De hecho, una turbulencia fue la responsable, en marzo de este año, del aterrizaje de emergencia de un vuelo Estambul-Nueva York en el que el súbito movimiento del avión causó heridas en varios pasajeros y miembros de la tripulación.


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