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Madrid - La superficie de la Luna emite iones de carbono, lo que contradice la antigua teoría de que en nuestro satélite se han agotado los elementos volátiles y fácilmente vaporizables como el carbono, y plantea nuevos interrogantes sobre cómo se formó, según un estudio que publica Science Advances.

La investigación que firman varias universidades e institutos de Tokio indica que los hallazgos apoyan la hipótesis de que la Luna contiene carbono volátil que se incrustó en ella originalmente durante su formación o fue adquirido de otra manera hace miles de millones de años.

La teoría que prevalece sobre la formación de nuestro satélite es que surgió tras un gran impacto entre la Tierra joven y un objeto del tamaño de Marte y se basa en la idea de una Luna moderna agotada, por lo que los nuevos resultados "podrían tener implicaciones de gran alcance" para comprender cómo llegó a existir.

Los primeros análisis de las muestras de las misiones lunares Apolo llevaron a los científicos a creer que los elementos volátiles eran una cosa del pasado de la Luna.

Sin embargo, los estudios de la última década han cuestionado esta hipótesis de una Luna "seca" y revelando la presencia de agua volátil y carbono en superficie.

Para determinar si en la Luna hay aún carbono "autóctono", el equipo encabezado por Shoichiro Yokota de la Universidad de Osaka utilizó un mapa de las emisiones de iones de carbono lunar derivado de los datos de observación tomados por el orbitador lunar Kaguya durante año y medio.

Además, estudiaron si podía haber una fuente externa adicional para las emisiones de carbono observadas por el orbitador, para lo que estimaron el promedio de átomos de carbono del viento solar (el flujo de partículas cargadas procedentes del Sol) y de las colisiones con micrometeoroides ricos en volátiles, que suministran carbono a la Luna.

Los científicos determinaron que "ninguna de las dos fuentes es capaz de suministrar la cantidad de átomos de carbono que la Luna emite regularmente".

Además, descubrieron diferencias por zonas geográficas en las emisiones lunares de iones de carbono. Las grandes llanuras de basalto emiten mucho más que las tierras altas, diferencias que, según el equipo pueden responder más a las antiguas reservas de carbono del satélite que a las contribuciones de fuentes externas.


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