Al examinar una muestra bajo el microscopio, los científicos descubrieron que correspondía a un huevo. (Nature Communications) (semisquare-x3)
Al examinar una muestra bajo el microscopio, los científicos descubrieron que correspondía a un huevo. (Nature Communications)

El fósil de un ave, que fue desenterrado hace 11 años en el noroeste de China, guardaba un secreto que hasta hace poco pudo ser descubierto.

Y es que los restos de esta especie, denominada Avimaia schweitzerae y que habitó hace unos 110 millones de años, preservaba un huevo en su interior, según reveló un grupo de paleontólogos, dirigidos por Alida Bailleul, del Key Laboratory of Vertebrate Evolution and Human Origins, en Beijing.

El estudio, publicado en Nature Communications, señala que el fósil tenía una hoja de tejido extraño entre los huesos de su pubis. Al examinar una muestra bajo el microscopio, Bailleul descubrió que correspondía a un huevo.

Pero esto no fue la única sorpresa, ya que el esqueleto de la madre contenía trazas de hueso medular, un tejido que contiene calcio, imprescindible en la formación de la cáscara del huevo.

Según los expertos, esta es la evidencia más consistente de que las aves antiguas produjeron este tipo de tejido durante la reproducción.

Otra peculiaridad del huevo es la doble capa de la cáscara, algo inusual que indica que el huevo pudo haber permanecido demasiado tiempo en el abdomen.

Son capas extremadamente delgadas, síntoma, al menos en las aves actuales, de un estrés excesivo que impide poner el huevo.

De hecho, los investigadores valoran la posibilidad de que este óvulo atrapado fuese la causa de muerte de la madre.


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