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Estos animales utilizaban sus dientes caninos como armas para perforar los cráneos de sus rivales (EFE).

Cuando hablamos de los tigres dientes de sable, se nos viene a la mente la imagen de enormes felinos que atemorizaban por sus largos colmillos.

Y aunque esto es cierto, la verdad es que eran mucho más temibles de lo que pensábamos, tal como lo descubrió recientemente un equipo de paleontólogos gracias al análisis de unos fósiles que datan de la época del Pleistoceno tardío.

Dichos fósiles, encontrados en el noreste de Argentina, revelan que los tigres de la especie esmilodon populator, probablemente usaban sus caninos alargados para desgarrar los puntos blandos de los cuerpos de sus presas.

Además, también pueden haber usado esos afilados dientes para apuñalar los cráneos de otros rivales dientes de sable, reveló Nicolás Chimento, líder de la investigación y paleontólogo del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, en Buenos Aires.

El estudio, publicado en Sciense News, indica que las lesiones encontradas en el cráneo de un tigre dientes de sable, fueron provocadas por otro ejemplar de la misma especie que pudo haber estado defendiendo el territorio o luchando por un compañero.

Los grandes orificios de punción en la parte superior de los cráneos, fósiles coinciden con el tamaño y la forma de los caninos de los dientes de sable. Lesiones similares se observan a veces en los cráneos de los gatos vivos, como leopardos, jaguares y guepardos, señalan los autores.

De esta manera se determinó que estos animales utilizaban sus dientes caninos como armas para perforar los cráneos de sus rivales, y a manera de daga, como anteriormente se creía.

"Los caninos de esmilodon eran lo suficientemente fuertes como para penetrar en los huesos y eran armas de caza formidables", señaló Chimento.

Las heridas craneales probablemente se produjeron durante las peleas mientras "luchaban por la territorialidad, las hembras o la comida", concluyó.


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