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Este tipo de agujeros pueden formarse cerca de la costa cuando el viento empuja el hielo (EFE).

En los años 2016 y 2017, unos enormes huecos en el hielo del mar de Weddell, en la Antártida, atrajo la atención de la comunidad científica, debido a que su aparición resultaba un misterio.

Aunque se habían formado brechas aún más grandes décadas antes, esta era la primera vez que los oceanógrafos tenían la oportunidad de analizar verdaderamente este fenómeno el hielo marino del invierno antártico.

Ahora, un equipo de científicos liderado por expertos de la Universidad de Washington en Seattle, Estados Unidos, publicó en la revista Nature el resultado del primer estudio en profundidad que explicaría las causas.

La investigación detalla por qué este agujero aparece solo en algunos años y qué papel podría jugar en la circulación oceánica más grande.

Este tipo de agujeros, ahora conocidos popularmente como polinias (del inglés polynya), pueden formarse cerca de la costa cuando el viento empuja el hielo.

En este caso se abrieron debido a una combinación de factores, uno de ellos es la inusual situación del océano y el otro una serie de tormentas muy intensas que se arremolinaron sobre el mar de Weddell con vientos casi huracanados, según explicó Ethan Campbell, el autor principal del estudio.

“Pensamos que este tipo de grandes agujeros en el hielo marino era algo raro, tal vez un proceso que se había extinguido. Pero los eventos en 2016 y 2017 nos obligaron a reevaluar esta visión“, señaló.

Para ello, el equipo combinó imágenes satelitales de la cubierta de hielo marino, con vehículos robóticos e incluso focas equipadas con sensores para comprender mejor el fenómeno.

Sin embargo, encontraron que las polinias también pueden aparecer lejos de la costa y permanecer allí durante semanas o meses, donde actúa como un oasis para que los pingüinos, las ballenas y las focas emerjan y respiren.

Las mayores polinias conocidas en ese lugar fueron en 1974, 1975 y 1976, justo después de que se lanzaron los primeros satélites, cuando un área del tamaño de Nueva Zelanda se mantuvo libre de hielo durante tres inviernos antárticos consecutivos a pesar de temperaturas del aire muy por debajo del punto de congelación.

Según los científicos, el proceso detrás de la formación de las polinias podría tener un impacto significativo en términos de cambio climático.

De hecho, la mezcla de las aguas podría traer a la superficie enormes cantidades de carbono provenientes de animales que han muerto a lo largo de los siglos. Este proceso, si se repite con el tiempo, podría influir en el aumento de las temperaturas promedio.


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