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Desde que llegó al poder tras su triunfo en las elecciones del 2016, Donald Trump se ha aliado con el sector más conservador del exilio cubano para hacer retroceder casi todas las políticas de Barack Obama. (EFE / Alejandro Ernesto)
Desde que llegó al poder tras su triunfo en las elecciones del 2016, Donald Trump se ha aliado con el sector más conservador del exilio cubano para hacer retroceder casi todas las políticas de Barack Obama. (EFE / Alejandro Ernesto)

La Habana, Cuba - El 17 de diciembre de 2014, los entonces presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama tomaron al mundo por sorpresa: tras medio siglo de tensiones bilaterales, Cuba y Estados Unidos ordenaban la reanudación de sus relaciones diplomáticas, incluyendo la reapertura de sus respectivas embajadas en La Habana y Washington.

Fue un anuncio que sacudió el mundo noticioso y diplomático, pero ante todo tomó por sorpresa a los millones de cubanos fuera y dentro de la isla, que veían cómo una nueva era de colaboración entre estos dos viejos enemigos se abría desde el triunfo de la revolución de 1959.

Con el Papa Francisco a la cabeza de la gestión de acercamiento, Castro Ruz y Obama dejaron a un lado las rencillas mutuas, corriendo el riesgo de enfrentar a los detractores del deshielo en cada uno de sus países.

En Cuba, Castro Ruz enfrentó a los más conservadores elementos de su gobierno, incluido a su hermano Fidel, quien no obstruyó el proceso, pero alertó de que Obama podía ser un ave de paso, que no necesariamente reflejaba la visión general de la política estadounidense hacia Cuba. En Estados Unidos, Obama peleó de frente con el poderoso exilio cubano y sus sectores más extremistas, que siempre se han mostrado contrarios a un deshielo con el gobierno socialista de la isla.

A cinco años de aquel histórico anuncio y luego de dos años de bonanza, en los cuales Obama fortaleció las relaciones bilaterales, flexibilizó el turismo, llevó los vuelos de aerolíneas comerciales a isla, dio luz verde a los cruceros, estableció una cooperación sin precedentes en materia de seguridad, economía y ambiente, y, por sobre todas las cosas, visitó Cuba, el panorama del acercamiento es oscuro con la Casa Blanca de Donald Trump al comando.

Desde que llegó al poder tras su triunfo en las elecciones del 2016, Trump se ha aliado con el sector más conservador del exilio cubano para hacer retroceder casi todas las políticas de Obama.

Ha complicado el turismo nuevamente, liquidó los cruceros, puso cortapisas a las aerolíneas, minimizó el intercambio bilateral en todas las áreas y ha convertido en inoperante a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, donde sólo se trabajan en asuntos consulares mínimos.

Además, ha castigado duramente a Cuba por su estrecha relación con el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, promoviendo un cerco económico que ha asfixiado a la isla, que sufre su peor crisis económica desde el periodo especial de los años noventa.

Los cubanos entienden que lo peor no ha llegado y comparten la visión de la mayoría de los analistas internacionales, que adelantan la posibilidad de que Trump, asediado por un proceso de juicio político en su país, ordene la ruptura de relaciones con Cuba, como medida de distracción y para garantizar el voto del bloque cubano-americano en el Congreso, sobre todo el apoyo de los senadores Marco Rubio, Ted Cruz y Bob Menéndez.

“Cuba no desea la ruptura de las relaciones con Estados Unidos”, aseguró hoy en Carlos Fernández de Cossío, director general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores ese Cuba, en declaraciones a la prensa extranjera.

“Desde la Mayor de las Antillas creemos que deben existir relaciones bilaterales con Washington, y trabajamos a favor de que existan, y ese es también el interés de la mayoría del pueblo norteamericano”, afirmó en conferencia de prensa tras las primeras sesiones de la edición XVIII de la Serie de Conversaciones Cuba en la Política Exterior de los Estados Unidos de América, que se mantiene esta semana en La Habana.

Fernández de Cossío afirmó que hay un grupo de personas poderosas en Estados Unidos con la intención de quebrar las relaciones, y dijo que Cuba no puede sorprenderse con esa realidad si es que llegara a ocurrir.

Sobre las consecuencias de esta decisión, el diplomático cubano afirmó que se romperían los vínculos oficiales y habría efectos en todos los renglones que ambos países han avanzado desde el 2014.

“Vivimos casi 60 años sin vínculos oficiales con Estados Unidos, y nadie perdió el sueño en Cuba y lo mismo sucederá si vuelve a suceder”, dijo. “Todo eso depende de la voluntad política de los gobiernos, y actualmente en el gobierno de Estados Unidos no existe la voluntad de construir una relación pacifica y respetuosa con La Habana”.

Esa visión pesimista del futuro de las relaciones bilaterales es compartida por el cubano común, que mira rencoroso a la figura de Trump y a sus compatriotas que lo apoyan en el sur de la Florida.

“Eso viene por ahí, se ve que es lo que Trump quiere hacer. Sería una desgracia, porque aquí vivimos lo bien que nos fue cuando había paz, con Obama, y ahora este hombre ha echado todo para atrás. Encima mis compatriotas en Florida lo ayudan, parece que les gusta que sus familias aquí vayan sufriendo”, expresó el médico Carlos Ramírez.

A pesar del cerco de Trump y su política de enfriamiento, lo cierto es que, por lo bajo, no son pocos los estadounidenses que apuestan a que todo este escenario sea pasajero y que las relaciones puedan volver a retomarse en el punto donde Obama las dejó. 

“La mayoría del pueblo estadounidense quiere que mejoren las relaciones con Cuba, y esa es la voluntad que debe prevalecer”, expresó Benjamin Chavis, presidente de la Asociación Nacional de Editores de Periódicos, de Estados Unidos, que está de visita en Cuba. “Existen grandes potencialidades para mejorar los vínculos y no interrumpirlos, porque la mayoría del pueblo norteamericano desea y exige que así sea… y los gobiernos deben representar la voluntad de su pueblo”, agregó.

Chavis dijo que existe un pequeño grupo en Florida que quiere poner fin a esos nexos, pero consideró que “no es representativo… Tengo fe en el pueblo, y si la voluntad de la gente yace precisamente en la idea de mejorar las relaciones entre ambos países, entonces mejorarán, sin importar quién gane las elecciones en Estados Unidos. Para esto, ambos pueblos tienen que trabajar mancomunadamente, porque está entre los intereses comunes poner fin a las sanciones y al bloqueo impuesto a Cuba”.

Chavis, quien está invitado a la Serie de Conversaciones Cuba en la Política Exterior de los Estados Unidos de América, indicó que “no vamos a esperar al resultado de las elecciones de noviembre de 2020, vamos a empezar a trabajar hoy, todos los días, para mejorar las relaciones con la República de Cuba y Estados Unidos”.

Y es a ese resultado electoral al que apuesta la mayoría del sector que impulsa que se retome la ruta del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, un escenario que luce incierto cinco años después, sobre todo, porque el presidente Donald Trump está rodeado siempre de la incertidumbre.