Obras de Antonio Martorell, Rafael Trelles y otros artistas boricuas integran una colección dedicada a la isla en el Museo de Bellas Artes de Cornell.

Winter Park – Aunque los puertorriqueños son el grupo hispano más importante y numeroso en el estado de Florida su presencia no necesariamente está representada en al mundo del arte. Esto motivó a la curadora del Museo de Bellas Artes de Cornell en la Universidad de Rollins, la puertorriqueña Gisela Carbonell, a gestar la primera colección de arte boricua en esta institución.

Las obras serán propiedad del museo y la meta es ampliarla poco a poco con obras de artistas reconocidos y emergentes tanto de la Isla como de la diáspora, explicó Carbonell a El Nuevo Día.

“Tuve la fortuna de discutir la propuesta de crear esta colección con la directora del museo, con el comité de adquisiciones y con la junta y todos acogieron la idea”, dijo la curadora. “El reto era decidir con qué artistas iniciar el proyecto. Decidimos comenzar con Antonio Martorell, Rafael Trelles y Daniel Lind-Ramos por su estatura artística y por sus años de trabajo en y fuera de la Isla”, explicó.

Sus obras se unirán a la colección permanente de este museo que consiste en más de 6,000 obras.

La pieza de Martorell es impresionante y sobrecogedora, no solo por su tamaño – mide 12 pies por ocho pies- sino por el contenido. Es un tríptico (obra en tres piezas) de medios mixtos sobre fieltro color negro donde hay un gran mapa de Puerto Rico formado por pedazos de imágenes de esquelas. Las esquelas tienen tachados con brochazos de pintura negra los nombres y detalles de los fallecidos y sus dolientes, aunque, si se mira de cerca, aparecen fragmentos de palabras que denotan que se trata de avisos sobre muertes reales ocurridas tras el paso del huracán María en septiembre de 2017.

“En esta obra, el artista aborda el tema de las muertes causadas por María y critica el mal manejo de la situación por parte del gobierno de Puerto Rico. Pinta encima de los nombres de las esquelas como una forma de hacer un comentario sobre ese manejo inadecuado de la emergencia, es como si los tachones simbolizaran la manera en que el gobierno de la isla negó la muerte de los que perecieron, pero también les negó la vida”, explicó.

En su manera típica de jugar con las palabras, Martorell colocó en la parte superior de la obra la frase “¿Qué es la que?”, y al pie del tríptico aparece lo siguiente: “Es que la…”. La primera es la forma informal y urbana de preguntar “qué ocurre” y la segunda, son tres palaras que, juntas, crean la unidad lingüística “esquela” seguida de una elipsis…, esos puntos suspensivos que invitan al que observa la obra a completar la frase.

“Es que la…muerte de tanta gente no tiene perdón”, o “es que la… ayuda nunca llegó y la gente murió”, o tal vez “es que la… ayuda de Trump nunca arribó a tiempo”. En resumen, son las excusas o las razones que podrían enumerarse para justificar o explicar por qué murieron más de 2,000 personas.

La obra es la más grande en tamaño en una sala del museo cuya exposición lleva por título “The place as metaphor” (El lugar como metáfora), y fue colocada de tal manera que cuando uno va acercándose a esa sala, desde lo lejos, queda enmarcada por los pórticos de otros salones. Es como, si al caminar, el que la observa inicia un dramático acercamiento a una obra capaz de erizarle la piel a cualquier ser humano.

Junto al tríptico hay un gran libro, también confeccionado con fieltro negro por Martorell y que es una de esas pocas obras de arte creadas para que le público se acerque, la toque y manipule. Se llama “Libro de las esquelas”. En su interior también se muestran pedazos de esquelas, algunas cortadas y rasgadas, otras forman una cruz.

En otra página, las esquelas están pegadas una sobre otra dejando en el centro la silueta negra de la isla de Puerto Rico. “Es una referencia al vacío que también dejaron los miles que, tras la tragedia del huracán y su manejo, tuvieron que dejar la Isla”, explicó Carbonell. Este libro está en el museo en calidad de préstamo, aunque la intención del museo es eventualmente adquirirla, explicó.

Cerca, está la obra de Trelles titulado “La autopista del sur”, inspirado en el famoso cuento del escritor Julio Cortázar y que narra un extremo tapón vehicular en la autopista entre Fotainebleau y París, tan serio que duró meses y los conductores afectados empezaron a conocerse y a organizarse para resolver problemas, aunque en el proceso murió gente y surgieron amoríos.

“Es un cuadro que nos invita a reflexionar sobre cómo los seres humanos pueden manejar situaciones de crisis y salir airosos”, explicó.

La obra de Lind-Ramos es una escultura titulada “Vencedor”. La obra aún no ha llegado al museo, aunque se espera que esté en exposición antes del verano de este año. La obra aborda el ataque británico a Puerto Rico en el 1797 y la resiliencia de las milicias puertorriqueñas que resistieron y defendieron la isla.

Las obras de estos tres artistas -que estarán expuertas todo este año- se suman a tres dibujos que el museo ya había adquirido en el 2018 y que fueron creados por Wanda Raimundí-Ortiz, artista que nació en el Bronx, pero sus padres son puertorriqueños. Ilustran mujeres reinas negras que, en otros contextos, no hubiesen sido seleccionadas para ilustrar una obra de arte. Esta es, precisamente, la crítica que hace la artista, explicó Carbonell.

La meta de la curadora es agregar obras de mujeres puertorriqueñas, como Mirna Báez, Olga Albizu, así como de exponentes de esta generación, como Frances Gallardo.

El museo abre sus puertas de martes a domingo y la entrada es gratis. Algunos eventos incluyen charlas como la que se ofrecerá el próximo 18 de febrero, que será en español, tratará sobre los artistas puertorriqueños y será dictada por Carbonell.


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