Los boricuas Freddie Agrait, junto a su esposa Marnie Ferrer, ofrecen un curso a quienes le pedían ayuda para resolver problemas técnicos con sus computadoras y celulares.

Orlando, Florida - Delia Jusino, de 74 años, nacida en Yabucoa, residente en Florida Central desde 1997, y su hija Vivian González, toman notas en sus respectivas libretas afanosamente mientras Freddie Agrait, imparte el curso.

Con rapidez, Agrait suelta palabras que ninguna de las dos mujeres había escuchado antes como “bluetooth” y “análogo”.

Ambas se miran con rostros de incomprensión, devuelven la mirada al maestro sobre quien inyectan sus miradas inquisitivas. El conferenciante continúa hablando un idioma que les era incomprensible al tiempo que mantiene a todos cautivos.

Pero el curso prosigue y el maestro, quien junto a su esposa, son los creadores y fundadores de “Tecno-abuelos”, explica los conceptos con paciencia.

Cuela un chiste, y para que los estudiantes se sientan cómodos, busca en YouTube un vídeo de Sandro de América, y luego pone otro de Palito Ortega y Rocío Durcal en la película “Amor en el aire”, difundida hace 51 años. La mayoría se echó a reír, excepto Delia quien frunció el ceño tras ver a Sandro mover sus caderas.

Delia y Viviana no estaban solas en el salón. Una docena de adultos mayores asistieron a un taller donde Agrait, en ocasiones junto a su esposa Marnie Ferrer, ofrecía un curso sobre aspectos tecnológicos y, sobre todo, el uso de aplicaciones en celulares inteligentes.

Están allí porque aceptan que la tecnología ha avanzado tanto y tan rápido que necesitan ganarle al tiempo para acortar la brecha que las separa del lenguaje que hablan sus hijos y nietos.

Lo que buscamos es que ellos puedan explorar la tecnología y que así puedan comunicarse con sus seres queridos”, explicó Agrait quien es de San Juan.

En Puerto Rico, y para el año 2013, este matrimonio tenía una empresa de alfabetización tecnológica que recorrió prácticamente todos los municipios de Borinquen. Esta idea no surgió en el vacío: Agrait estudió periodismo y en algún momento de su vida tuvo una publicación llamada “El Hato”. Su rutina laboral le permitía estar en contacto con adultos mayores quienes siempre le pedían ayuda para resolver problemas técnicos con sus computadoras y celulares.

Ahí me di cuenta de que había una oportunidad para educar a esta generación. Yo era bueno con la tecnología y el Periodismo me ayudó a ser preciso en la información que era pertinente ofrecer. Así fue que creamos un grupo que integró a expertos en el área social y en la tecnológica y ofrecíamos estos talleres”, indicó el sanjuanero.

Siempre tuvieron en el radar traer su proyecto a la Florida Central en un futuro. Pero en el 2017, el huracán María aceleró ese plan cuando la isla quedó sin electricidad, sin conexión de Internet y era imposible continuar con estos talleres. “En todo el mundo es una tendencia que los adultos mayores se eduquen en aspectos tecnológicos de manera que puedan salir del aislamiento, pues en ocasiones, ese desconocimiento tecnológico puede separar a las familias”, comentó.

Queremos enlazar a los jóvenes, que son nativos digitales para que puedan entenderse con generaciones anteriores, con los no tecnológicos o análogos”, dijo Agrait.

Desde entonces, han sido cientos los “abuelos” que han emigrado del mundo digital. Y aunque se ha acusado a los aparatos electrónicos de separar a las familias y fomentar la incomunicación, en ciertos contextos es todo lo contrario, como en el Puerto Rico de hoy en donde la tecnología ha sido vital para mantener la isla unida a ese otro Borinquen, en esa otra orilla del Atlántico, a través del Facetime, WhatsApp y otras aplicaciones que permiten realizar video conferencias a través de un celular.


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