Dos familias que salieron de la isla, luego del huracán María, cuentan cómo enfrentaron el prejuicio por parte de los suyos.

Orlando, Florida – Es ahora, a sus 47 años, que Edwin Rivera entiende el refrán que dice “no hay peor cuña que la del mismo palo”.

Después del paso del huracán María por Puerto Rico el 20 de septiembre de 2017, se mudó a Orlando junto a su esposa Deborah Oquendo y su hijita de dos años Génesis. En Orlando lleva un año y tres meses, y asegura que en esta ciudad el mayor discrimen lo ha recibido de los propios boricuas, específicamente los que llevan tiempo residiendo en Florida.

“Los puertorriqueños me han dado duro y hasta me decían que era un hijo de María, porque llegamos después del huracán. Me decían que yo no cabía aquí mientras que los venezolanos y colombianos me trataban mejor. Yo esperaba un mejor trato, pues nosotros no vinimos a vivir de nadie, vinimos a trabajar”, expresó Edwin quien por falta de electricidad tuvo que cerrar su fábrica de puertas y ventanas en Bayamón, y dejarlo todo para volver a empezar en este estado.

El idioma fue otra limitación, pero se empeñó en aprender “inglés de supervivencia”, ese que permite a quien apenas domina “el difícil” a salir airoso de cualquier situación. Hoy día trabaja en una empresa de alquiler de autos en el Aeropuerto Internacional de Orlando.

Yorely Negrón, natural de Río Grande, también vive en esta ciudad floridana hace poco más de un año y dejó la Isla pues, tras el ciclón, apenas tenía trabajo como vendedora independiente de seguros.

“En mi caso fue más duro, pues este rechazo y falta de apoyo vino de mis familiares que viven aquí”, contó la mujer quien tiene dos hijos. “No sé si lo hacen porque ellos pasaron tanto para lograr el sueño americano y se les ha puesto el cuero duro. Se comportan como si fueran superiores. El puertorriqueño de la Isla no es así”, comentó.

Dijo que esa falta de apoyo se manifestaba en cosas tan sencillas como cuando evitaban responder un mensaje cuando ella pedía que le explicaran cómo se sacaba la licencia; cuando no le ofrecían albergue o en negarle un consejo para que pudiera desenvolverse en un lugar donde todo se hace de forma digital. “No aparecían. Me dieron la espalda”, dijo.

Yorely Negrón llegó a Florida Central después del paso de María.
Yorely Negrón llegó a Florida Central después del paso de María. (Carla D. Martínez / Especial para El Nuevo Día)

Durante los primeros cinco meses dormía cada día en un lugar distinto hasta que consiguió un empleo como conductora de Uber que le permitió estabilizarse.

Un día, su primer cliente en su jornada choferil fue un sacerdote, el Padre José Rodríguez de la Iglesia Episcopal Jesús de Nazaret.

“Él y otra persona han sido los únicos puertorriqueños que me dieron ese apoyo que necesitamos los que acabamos de llegar a un lugar”, manifestó.

Estos testimonios son el rostro humano de uno de los hallazgos más llamativos del estudio “El impacto del huracán María en la salud mental de los puertorriqueños en Puerto Rico y Florida”, que preparó un equipo compuesto por Seth J. Schwartz, Carolina Scaramutti, Christopher P. Salas-Wright y Saskia R. Vos, de la Universidad de Miami (UM), sobre el estado de la salud mental de los puertorriqueños que llegaron a este estado. El grupo encuestó a 213 personas entre Orlando, Miami y Puerto Rico.

El doctor Schwartz, profesor de salud pública en la escuela de medicina de la UM, dijo que, como parte de la investigación, también se realizaron encuentros con grupos focales de puertorriqueños que señalaron que el mayor discrimen que percibieron fue de parte de sus compatriotas establecidos hace años en la Florida Central. 

“No fue de los blancos, si no de los puertorriqueños que ya estaban aquí, que ya están establecidos en la comunidad floridana y que no están muy contentos de ver a los nuevos que llegan desde la Isla”, dijo Schwartz en entrevista con El Nuevo Día.

El catedrático, que como parte de sus investigaciones estudia los fenómenos migratorios, dijo que ha visto este tipo de reacción en Miami entre los cubanos establecidos contra los que llegaban y en California en el trato de los mexicanos ya adaptados a ese estado hacia los recién advenedizos.

“Esto de la discriminación dentro de un mismo grupo es algo que no hemos estudiado, pero es mi opinión que es algo que ocurre cuando alguien llega de otro país a un nuevo lugar, pasa por el proceso de adaptación, ya le va bien, y entonces resiente a los que llegan y que apenas están iniciando ese proceso de adaptación. Es como si dijera, ‘Ya no soy como esos que acaban de llegar’”, dijo Schwartz.

Explicó que este discrimen de boricuas establecidos proviene de esas comunidades puertorriqueñas que se establecieron en Florida en la década de 1990 o antes. Este grupo, además de integrarse a la vida comunitaria, fue responsable del crecimiento de una industria boricua vibrante que consiste de restaurantes, tiendas, pequeños negocios y que son parte de los aspectos que caracterizan al llamado “corredor de la I-4”. Este nombre que se refiere a la autopista que cruza la Florida Central de forma diagonal y alrededor de la cual se han concentrado los boricuas.

El sur versus el centro 

Un hallazgo principal de esta investigación -que se realizó entre marzo y abril de 2018- es que los puertorriqueños que llegaron a la Florida Central tras el paso de huracán han pasado más dificultades y problemas que los boricuas que se establecieron en el sur de este estado.

Schwartz explicó que estas dificultades se magnificaron por los errores que cometió la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). Dijo que esa agencia colocó a cientos de familias en hoteles en una zona de Kissimmeedonde no hay empleos, no existen sistemas de transportación y no hay manera de movilizarse.

A eso se sumó el que muchas de estas familias no sabían inglés o apenas dominaban el idioma que, a diferencia de la zona de Miami, se utiliza como lenguaje principal. “La zona central no es como ir a Miami donde vas a estar bien y te va a ir bien aunque solamente hables español. De hecho, muchas de las personas que llegaron a Miami desde Puerto Rico después del huracán les ha ido bien, pues Florida del sur es un crisol donde se fusionan culturas latinas”, agregó el investigador.

Según la encuesta, el 55% de los puertorriqueños entrevistados no hablaba inglés o apenas lo hablaba.

“Creo que muchas de las personas que llegaron a Florida luego del huracán eran personas de las zonas de la montaña o de las áreas más afectadas cuyas casas se destruyeron y donde nunca llegó la electricidad. Quizás eran personas con más limitaciones económicas”, dijo Schwartz.

Aunque no incluyó estos datos en el estudio, dijo que los puertorriqueños que se ubicaron en el sur de Florida tenían un nivel socioeconómico más alto que los que se fueron a la zona central y también una mayor preparación académica.

Por ejemplo, descubrieron que entre los boricuas que se quedaron en el sur, el 30% tenía bachillerato. En contraste, entre los puertorriqueños que se fueron a la Florida Central, el 18% tenía un bachillerato.

El estudio también revela que, si bien los puertorriqueños que vinieron a la Florida Central lo hicieron para escapar de la situación difícil que vivía la isla tras el ciclón, los boricuas que se ubicaron aquí mostraron niveles más altos de ansiedad y estrés postraumático que los que se quedaron.

“Esto tiene que ver con esa imagen que se hace la gente de que en Estados Unidos todo es maravilloso, que todos se vuelven ricos y que todo funciona bien, y no es lo que encuentran cuando llegan”, dijo el experto quien está a la espera de fondos adicionales para realizar otras dos nuevas investigaciones.

Una de las investigaciones busca seguir a los supervivientes del huracán María durante tres años para tener una idea más clara de sus necesidades y de su estado de salud mental. La otra investigación pretende estudiar cómo Florida se puede preparar para futuras migraciones por situaciones catastróficas, sean fenómenos naturales, guerras o crisis políticas. Según dijo, quizás por su clima o porque hay otros latinoamericanos, Florida es el destino principal de los hispanos cuando en sus países ocurren estos eventos extremos.

¿Por qué realizó este estudio?, se le preguntó.

“(Suelta una carcajada) Bueno, mi esposa es de origen puertorriqueño. Su papá es de Ponce. Por eso, y porque me interesa el tema de la migración por desastres, es que tengo mucho interés por los temas de Puerto Rico”, afirmó Schwartz.


💬Ver 0 comentarios