Impresionante imagen de parte de la flota de los cruceros Carnival, mientras están anclados cerca de las Bahamas, a la espera de que los dejen atracar en el puerto de Miami. (Suministrada)

El cese de operaciones de los cruceros desde marzo, obligado por la pandemia del COVID-19, supuso muchas variantes además de la conocida pérdida económica para las líneas de cruceros y toda la industria de viajes en general.

Mientras por un lado se hizo trizas el deseo de más de 30 millones de viajeros de tener sus vacaciones de crucero este año (una proyección estimada para el 2020), por el otro representó la pérdida de empleos también para millones de personas. Nada más en el renglón de los tripulantes de barcos de pasajeros, se estiman en más de 300,000 personas, y la mayoría ellos, además de perder sus ingresos, que son muchas veces de propinas, también tuvieron que permanecer por meses alejados de sus familias.

La mayoría finalmente se han podido repatriar pero todavía quedan miles de ellos que no han podido regresar a sus hogares. Los esfuerzos de las líneas de crucero han sido impresionantes y han ido desde hacer vuelos “charters” hasta llevar sus barcos de país en país para repatriarlos.

Los retos para estos tripulantes varados y las compañías han sido igualmente impresionantes, pero ya la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF) ha dicho que finalmente el proceso está casi completo y sobre 250,000 marinos han podido regresar. Esto representa a gran parte de la fuerza laboral mundial de los barcos, que incluyen toda la categoría de empleados, desde animadores y artistas, hasta la tripulación que hace labores de servicio y técnicas.

Varios tripulantes de Carnival se tomaron un "selfie" minutos antes de lograr entrar a las Bahamas para ser repatriados.
Varios tripulantes de Carnival se tomaron un "selfie" minutos antes de lograr entrar en Barbados para ser repatriados.

La crisis no ha terminado

No todos los tripulantes han podido regresar, y algunos, como los de ciertos barcos de Royal Caribbean y Celebrity Cruises, permanecen en las Bahamas o áreas cercanas, esperando tener el visto bueno para desembarcar en Miami. Pero cuando logren el permiso de las autoridades y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para ello, se enfrentarán a una complicada logística de cómo enviar a sus empleados restantes a sus casas.

En casos como los de Ravishkar Sonoo, fotógrafo del Navigator of the Seas, de Royal Caribbean, que vive en Mauricio, una isla al sureste de África, en el océano Índico, esta permanece cerrada. Hay otros casos similares, por lo que las líneas de crucero podrían optar por seguir usando sus barcos como lugar de hospedaje para ellos, después que se les permita anclar en varios puertos estadounidenses.

La mayoría de las empresas con barcos en Norteamérica han dicho que le queda muy poco personal a bordo. En julio, Carnival Corporation anunció que había repatriado desde Barbados a la mayoría de sus 26,000 tripulantes y que solo quedaba un pequeño grupo con ellos.

“La pandemia ha demostrado lo mejor y lo peor de la humanidad”, dijo Dave Heindel, presidente de la Sección de Gente de Mar de la ITF. “Por un lado, hemos visto a los gobiernos cerrar vergonzosamente sus puertas a la gente de mar como estados portuarios, países de tránsito e incluso los países de origen de la gente de mar, cuando realmente deberían haber hecho todo lo que estaba a su alcance para que la gente de mar volviera. Por otro lado, esta pandemia ha demostrado lo mejor de los sindicatos y muchos empleadores que han hecho todo lo posible por estos marinos”, dijo.

La ITF declaró que el momento es increíblemente difícil para algunos de sus miembros, que consideran ahora los barcos como “prisiones flotantes”. Dijeron que algunos marinos se han visto abrumados por la situación e incluso ha habido suicidios por la desesperación en que están.

La entidad pidió solidaridad de los gobiernos para la gente de mar, y el respeto del público por lo que han sufrido durante esta pandemia, pero además destacó que aunque el esfuerzo y el resultado es fantástico en cuanto a los trabajadores de cruceros, todavía quedan alrededor de 300,000 marinos atrapados trabajando en sus contratos a bordo de buques de carga, algunos hasta con 15 meses ahora, pues sus contratos son de ocho a nueve meses.

Los gobiernos y los puertos, no cumplen con sus obligaciones legales y de derechos humanos en virtud del derecho internacional. No solo era moralmente incorrecto que los estados rechazaran a la gente de mar la posibilidad de llegar a tierra para llegar a casa, sino que también era ilegal”, dijo por su parte Johan Øyen, también del “taskforce” de cruceros de la ITF.

La ITF también se mostró preocupada por los informes recientes de casos de coronavirus en barcos que ya están navegando y dijeron que sólo deberían volver a navegar cuando se apliquen y se sigan las medidas adecuadas de salud y seguridad, y se asuma el compromiso de los países de ubicación de cruceros de que permitirán a la gente de mar salir a tierra y tierra para asistencia médica y cambio de tripulación según sea necesario. “Las líneas de cruceros deben aprender de los errores que muchos de ellos cometieron al principio de esta pandemia para garantizar entornos de trabajo seguros para la gente de mar”, concluyó Øyen.