Tai Wesley está debutando este año en el Baloncesto Superior Nacional con los Brujos de Guayama. ( Especial para El Nuevo Día/Jorge A. Ramirez Portela)

QUEBRADILLAS.- Antes de darle forma a su carrera como baloncelista profesional, Tai Wesley optó primero por expandir su mirada del mundo y salir de su zona de confort, al aceptar una misión como mormón en México en el 2005.

Muchos le dijeron que desistiera de esa drástica decisión a sus 19 años, y se enfocara mejor en comenzar a pulir sus destrezas en el baloncesto colegial. Empero, el llamado por servir fue más fuerte y decidió poner su vida baloncelística en pausa.

“Mi dirigente no quería que me fuera de misión. Era algo más importante para mí. A esa edad, uno no pensaría que otra cosa fuera más importante que el baloncesto y las chicas. Pero fue una decisión que tomé a temprana edad y estoy contento de haberla tomado”, expresó Wesley, refuerzo de los Brujos de Guayama en el Baloncesto Superior Nacional (BSN), a El Nuevo Día.

Por dos años, el egresado de la Universidad de Utah State —quien representa a Guam a nivel internacional debido a sus raíces paternales— estuvo destacado en el estado Oaxaca, ubicado al sureste del país mexicano, tocando puerta por puerta sin hablar español para predicar la palabra de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

“En Oaxaca, las personas son conocidas por ser de un tono oscuro de piel y de baja estatura. Así que ver a un hombre alto (6’7’’) y moreno que no sabía hablar español, tú sabes, era intimidante. Pero muchos me abrieron las puertas y me invitaron a comer, así que fue genial”, contó Wesley, de 32 años, sobre su experiencia.

Lejos de sus familiares, amistades y del deporte que ama, el delantero asegura que la experiencia todavía rinde dividendos en su vida.

“Abrió mis ojos a un mundo distinto. De vivir en Utah, donde uno abre la pluma y el agua sale limpia, que te la puedes beber, a un país que no tiene agua potable limpia en uno de los lugares más pobres de México. Me abrió los ojos. Entiendo que me ayudó a crecer y madurar como persona. No jugué baloncesto por dos años, que fue algo difícil, pero me ayudó a madurar demasiado. Creo que afectó mi vida de una manera tan buena que estoy orgulloso de haber tomado esa decisión”, relató.

Lejos del baloncesto, Wesley se refugió en el fútbol en México. Una vez terminó su misión, el canastero se unió a los Aggies de Utah State, quinteto colegial en el cual se destacó por cuatro años.

En el 2011, comenzó su carrera profesional en Europa. En ocho años, Wesley suma campeonatos en las ligas profesionales de Holanda, Nueva Zelanda y Australia antes de su primera experiencia en el BSN este año.

“Ha sido un recorrido de locura. He sido muy afortunado de poder jugar. Poder sostener a una familia jugando baloncesto es genial”, declaró sobre su travesía como deportista.

Con los Brujos, Wesley es el mejor anotador de la escuadra del técnico Allans Colón con 16.1 puntos por juego, y marcha segundo en rebotes con 6.4 rebotes, detrás del importado David Laury (8.8).

Tener éxito en Puerto Rico y poder comunicarse en español con sus compañeros de equipo se lo debe a su experiencia en México.

“Todo el mundo habla español. Yo hablo un poco y lo entiendo, así que esos dos años en México me sirven ahora en Puerto Rico para entendernos”, señaló.

Sobre volver a realizar una misión, a Wesley le encantaría embarcarse en una nueva aventura junto a su esposa Chyna.

“Me gustaría hacer algo en el futuro, en especial con mi esposa. Sería fenomenal. Pero sí, ayudar a otros y servir es una mirada más amplia que jugar baloncesto”, dijo el jugador importado.

“El baloncesto es una pequeña parte de este mundo que vivimos. Si podemos hacer otras cosas para ayudar a otras personas, va para ambas partes. No cambiaría lo que tuve. No lo podré olvidar . El baloncesto terminará. Tengo 32. En cuatro años terminará. Pero las cosas que aprendí, las relaciones que formé nunca terminarán. Estoy muy feliz con eso”, destacó Wesley.


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