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“Chapo” (dcha) se lanza a la ofensiva contra Roberto Elizondo en la pelea que defendió su cetro ligero del Consejo Mundial de Boxeo.

Las candilejas lo iluminaron durante gran parte de su carrera y la fanaticada lo vitoreó sonoramente. Pero en el trayecto boxístico de Edwin “Chapo” Rosario  no todo fue miel sobre hojuelas, mucho menos en sus vivencias fuera del ring.

“Chapo tuvo una vida bien sufrida”, expresó en tono sombrío Manuel Antonio Siaca, hijo del estratega Manny Siaca, quien desarrolló a Edwin y a su hermano mayor, Luis “Papote” Rosario, como boxeadores.

Su amor y admiración por su fraterno nunca disminuyó y no le permitía a Chapo ver que Papote, quien tuvo serios problemas de adicción, se convirtió en una figura nociva para el benjamín de los Rosario.

El fenecido entrenador Manny Siaca, uno de los más respetados técnicos boricuas de todos los tiempos, fue quien descubrió y desarrolló boxísticamente al dúo toabajeño. Siaca, no obstante, dejó de entrenar a Papote cuando comenzaron sus problemas de adicción. También trató de alejarlo de Chapo cuando éste se acuartelaba para entrenar. Pero Edwin extrañaba mucho a su hermano mayor, y si él llegaba a donde Chapo se había hospedado a entrenar, él lo dejaba entrar al grupo a pesar de las órdenes de su entrenador.

Fuera en Toa Baja, en Venezuela o en Catskills, Nueva York,  para entrenar junto a su amigo Mike Tyson y con la asistencia del legendario técnico Cus D’amato, si Papote se aparecía en el acuartelamiento, Chapo le abría la puerta. Y si su equipo estaba velando la puerta, Edwin le abría una ventana. Nunca le dio la espalda a su admirado hermano. Y como hizo de pequeño, de adulto Chapo seguía imitando a Papote, lo que muchos dicen fue una de las razones principales por las que Edwin comenzó a usar drogas ilegales.

Él solo quería ser como su hermano mayor.

Esa lealtad a Papote, dándole en ocasiones prioridad sobre su propia carrera y bienestar, le causó problemas con Siaca. El reconocido estratega era   muy serio en su trabajo, al punto que rompieron relaciones en varias ocasiones.

En el ring, Chapo fue un prodigio. Ganó sus primeras 21 peleas profesionales, y luego llegó su primer oportunidad titular el 1 de mayo de 1983. En pleito por el vacante título del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en las 135 libras celebrado en el Coliseo Roberto Clemente de Hato Rey, Chapo venció  por decisión unánime al mexicano José Luis Ramírez. Rosario venía de una inactividad de un año debido a que se fracturó la muñeca derecha entrenando. Ese triunfo llegó luego de la muerte de su hermano Papote, quien falleció en 1982.

“Papi era bien estricto y cuando Chapo se hizo campeón lo comenzaron a rodear personas problemáticas, malas influencias”, indicó Manuel Antonio. “Cuando uno lleva mucho tiempo en esto (el boxeo profesional), uno se da cuenta cuando ese tipo de personas se aparecen por el gimnasio, con el boxeador. Como papi no le toleraba esas actitudes a nadie, Chapo se fue”.

Chapo defendió en dos ocasiones su corona, hasta que llegó una revancha con Ramírez el  3 de noviembre de 1984 en el estadio Hiram Bithorn.  En una revancha que fue escogida como la Pelea del Año por la revista The Ring, Rosario  cayó  ante el mexicano vía nocaut técnico en el cuarto episodio y cedió  su corona peso ligero.

Tras ese revés, ganó otras cuatro peleas antes de su próxima oportunidad titular, la cual sería ante un compatriota.


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