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Macho Camacho (izq) y Edwin Rosario durante una actividad promocional previo al combate entre ambos. (Archivo)

El 13 de junio de 1986 en el Madison Square Garden de Manhattan se dio un choque para decidir quién sería el nuevo rey del boxeo boricua: el noqueador Edwin “Chapo” Rosario o el fino esgrimista Héctor “Macho” Camacho.

Eran dos peleadores de técnicas y personalidades opuestas. Camacho poseía una velocidad de manos inigualable y solo superada por su gran capacidad de llamar la atención y promocionarse como figura, usando vestimenta llamativa y comentarios controversiales y chistosos.

Por su parte, en público o junto a desconocidos, Chapo era callado y sospechaba de todos. Cuando se sentía cómodo o rodeado por amigos o gente de confianza, Rosario exhibía su lado gracioso y amable.

“Los primeros días en Nueva York, él era muy callado y serio. Uno se preguntaba si estaba molesto por algo o con alguien. Pero a mediados de semana comenzó como a sentirse cómodo y aprendí que era una persona amable y muy graciosa. Le gustaba contar chistes y sinceramente eran muy buenos”, relató recientemente don Félix Trinidad Rodríguez, quien compartió con Rosario la semana de la pelea entre su hijo Tito y Troy Waters en el Madison Square Garden de Manhattan. Rosario peleó en la antesala, noqueando en ocho asaltos a Sanford Ricks.

La noche del 13 de junio de 1983, Rosario subió al ring decidido a demostrarle a Camacho y al mundo que él tenía los quilates para superar al Macho Man de Harlem.

Camacho, sin embargo, tenía otros planes.

Luego de tres parejos episodios, Rosario le causó una herida cerca del ojo izquierdo a Camacho en el cuarto episodio. Al inicio del quinto, Chapo acertó una izquierda en semicírculo al mentón que tambaleó malamente al Macho Man. Las rodillas le fallaron a Héctor, quien puso la reversa total por primera vez en su carrera. No sería la última.

Chapo conectó varias otras manos fuertes antes de que terminara el asalto y lo hirió varias veces más, especialmente  en el round 11. Pero, al final de la noche, los jueces le dieron el combate a Camacho. Las tarjetas oficiales fueron 115-113 dos veces para Camacho, y 113-114 para Rosario.

Esa fue una derrota que siempre le pesó a Chapo. Sintió que le robaron la pelea y cargó ese malestar hasta el día de su muerte.


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