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Iván Calderón (azul) durante un combate de los Juegos Panamericanos de 1999.  (Archivo/Xavier Araujo)
Iván Calderón (azul) durante un combate de los Juegos Panamericanos de 1999. (Archivo/Xavier Araujo)

Aunque sobre el cuadrilátero mostró un talento casi extrasensorial para evadir golpes contrarios y atinar los suyos, Iván Calderón fue, primero que todo, un boxeador intelectual.

“Cuando fui al gimnasio por primera vez, me preguntaban si yo había boxeado antes. Me salía natural. Pero cuando me metí a entrenar (de lleno), me puse a mirar mucho boxeo, porque así tú aprendes también. Yo me ponía a ver las peleas de los boxeadores buenos y a aprender de ellos”, relató Calderón, quien descubrió su disposición boxística a los 17 años, edad que es considerada demasiado vieja como para comenzar en el pugilismo.

A pesar de su edad, Iván se dedicó de lleno a este deporte y el sacrificio no tardó en rendir fruto. Calderón se convirtió en un verdadero estudioso del boxeo y logró formar parte de la Selección Nacional. Allí maduró velozmente como esgrimista y ganó fama internacional, conquistó la medalla de bronce en los 48 kilos del torneo de boxeo de los Juegos Panamericanos de 1999 en Winnipeg, Canadá,  y participó en las Olimpiadas del 2000 en Sidney, Australia. Fue uno de los más exitosos -si no el más exitoso- de los boxeadores aficionados boricuas del ciclo olímpico que culminó en la olimpiada griega.

Aunque muchos destacan las herramientas defensivas de Calderón como claves de su éxito boxístico, el veterano entrenador Freddy Trinidad entiende que la ofensiva del bicampeón fue pieza vital en su éxito sobre el ring.

Calderón era un boxeador que lanzaba mucho golpe. Y con esa ofensiva no dejaba a su oponente ‘setearse’ para tirarle a él”, dijo Trinidad, entrenador en jefe del Gimnasio Municipal de Caimito.

Además de intelecto, buena condición y gran defensa, Calderón también era osado y temerario. Estaba dispuesto a entrar en la batalla de trinchera, intercambiando a quemarropa con peleadores que siempre eran más pesados, más corpulentos y que tenían más alcance que él.

“Él no era el tipo más rápido, pero metía sus manos. Y no era de los que se ponen a correr en el ring. Era guapo e inteligente”, agregó Trinidad.