Víctor González, Jr. es el único piloto nacido en Puerto Rico con experiencia en el circuito principal de NASCAR. (CARLOS GIUSTI)

A la distancia, el puertorriqueño Víctor González, Jr. ha visto la enorme transformación a la que se sometió NASCAR en las pasadas semanas.

González, de 44 años, conoce muy bien cómo funciona el principal organismo de cartismo en Estados Unidos. En el 2009, se convirtió en el primer boricua en competir en la entonces Nationwide Series -considerada la segunda división de NASCAR- y luego, en el 2013, volvió a hacer historia al correr en dos carreras de la Sprint Cup, el principal circuito.

González vivió de primera mano lo que NASCAR ha comenzado a dar pasos para erradicar: el racismo y xenofobia que agobia un deporte cuyas raíces están en el sur de Estados Unidos.

En medio de las tensiones raciales que vive Estados Unidos tras el asesinato del hombre negro George Floyd a manos de un policía blanco en el pasado 25 de mayo, NASCAR ha saltado a la luz pública por decisiones que han recibido aplausos de la sociedad, pero que han sido miradas con recelo por parte de un sector de su fanaticada.

Por ejemplo, NASCAR prohibió el uso de las banderas confederadas -identificada con los estados sureños que combatieron en la Guerra Civil contra la abolición de la esclavitud- en sus instalaciones y alrededores de las pistas. Esta prohibición llegó después de un pedido de Bubba Wallace, el único piloto negro que corre a tiempo completo en el circuito. Y hace un par de semanas, Wallace volvió a estar en la palestra pública cuando el domingo, 21 de junio, se encontró una soga con nudo de horca en su garage en la pista de Talladega, Alabama.

Una investigación de la FBI luego determinó que no hubo intención criminal, al concluir que esa soga estaba ahí desde octubre. Estos sucesos, no obstante, sirven como un recordatorio que el racismo y la xenofobia sí ha estado presente en el circuito de NASCAR y que la organización está haciendo lo posible por erradicarlo.

“El racismo existe (en NASCAR), estaba desde que yo llegué”, expresó Gónzalez en video llamada con El Nuevo Día.

“Me preguntaban por el apellido ‘González’. Casi siempre decía ‘ah, eres mexicano’. Y yo contestaba ‘no, puertorriqueño’. Hay muchas oportunidades que yo perdí porque querían un piloto americano, lo que no hace sentido porque nosotros somos ciudadanos americanos”, abundó González.

González debutó en el 2009 en la entonces Nationwide series, segunda división de NASCAR. En Montreal, finalizó 14 de 43 carros, un promisorio comienzo. Un año después, competiría en cuatro carreras, mejorando su posición de salida en tres de ellas. Su mejor resultado fue un número 16, también en Montreal.

En el 2013, se convirtió en el primer boricua en competir en el nivel principal de NASCAR al participar en dos carreras, en Sonoma (California) y Watkins Glen (Nueva York) finalizando en las posiciones 37 y 41, respectivamente.

Aunque su trabajo con NASCAR lo llevó a muchos lugares de Norteamérica, González recordó que fue especialmente en los estados sureños que notó un antagonismo de los fanáticos a pilotos de minoría.

“Siempre veías las banderas confederadas. Especialmente cuando iba a las carreras de óvalo, como Talladega y Daytona (Florida). Siempre estaba esa presencia. El fan de NASCAR no entiende que los tiempos han cambiado, ya el deporte no es solo de los ‘boys’ del sur. Eso ha afectado el crecimiento del deporte”, puntualizó González.

“El mundo está cambiando, pero el ‘core’ de NASCAR no lo entiende”, insistió el boricua, quien describió el ambiente en esas pistas sureñas como “tóxico” para los latinos. “Llegas, y sabes que no están tan bienvenido”.

González corrió por última vez en NASCAR en una carrera del XFinity Series en el 2018. Actualmente, trabaja con su propio equipo de carreras, llamado VGMC Racing, cuyos automóviles son de la marca Honda. González no tan solo es piloto, sino que maneja otros asuntos administrativos.

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Sobre el futuro de NASCAR, González no ve que el circuito logre un cambio inmediato para darle más prominencia a las minorías. Recordó que el organismo ya ha hecho esfuerzos como su programa de diversidad y su serie en México, pero esto no ha resultado en una mayor cantidad de pilotos de minoría en el principal circuito.

“NASCAR expandió una división en México que tiene dinero. Y al único que han subido es a Daniel Suárez, que tenía mucho dinero de apoyo. Pero Danny está corriendo para llegar en posición 30. Su carrera se acabó. No hay nadie en el Caribe ni Centroamérica que pueda levantar $10 millones, que es lo cuesta financiar una carrera”, evaluó González.

“NASCAR tiene un programa de diversidad que nunca ha funcionado. Bubba Wallace estuvo ahí, pero su padre ha apoyado financieramente su carrera. El programa de diversidad de NASCAR es un fiasco. Bryan (Ortiz) estuvo ahí, pero no pudo subir, no hubo oportunidad. A la larga, se trata de cuánto dinero tienes. Si no tienes, estás fuera”.

Bryan Ortiz y su experiencia en el programa de desarrollo

En el 2011, con 22 años, el piloto boricua Bryan Ortiz fue reclutado para formar parte del programa Drive for Diversity. Esto le permitiría competir por dos temporadas completas, 2012 y 2013, en la serie K&N, considerada la tercera división de NASCAR.

Al menos, en el aspecto económico, estaba cubierto y tendría la oportunidad de enseñar su talento en las pistas.

En su primera temporada, 2012, Ortiz enseñó su valía y tras 14 carreras terminó en el quinto lugar general de la tabla.

Sin embargo, en el 2013 no corrió con la misma suerte, y terminó en la posición 14 del standing. Solo corrió dos carreras en el 2014, y quedó fuera de NASCAR.

Actualmente,Ortiz es piloto de Bella Racing y el año pasado se proclamó campeón de la Mazda MX-5 Cup.

Ortiz recordó que en el 2012 fue compañero de equipo de Wallace bajo Rev Racing.

“En el caso de personas como Wallace, ya que habían pocos afroamericanos corriendo, era más complicado. Le decían mucho el ‘n word’. Él pensaba que lo tenía que aguantar”, rememoró Ortiz.

En su caso, dice que no fue objeto de ataques racistas, pero sí vio mucha ignorancia de sus colegas sobre sus orígenes latinos. Ortiz sí hizo hincapié que no visito algunas de las pistas más grandes del sur, como Talladega.

“Nunca sentí, directamente, algún tipo de racismo”, dijo Ortiz, quien no obstante sí enfrentó señalamientos cuando hablaba español.

“Me pasaba hablando con (el también piloto) Jorge Arteaga, quien era mexicano, y teníamos una relación de amigos. Muchas veces hablaba en español con él, y me decían ‘we are in America, talk English’. Mi respuesta era que no es mi culpa que nosotros hablamos dos idiomas y ustedes uno. Mala de ellos. Y seguíamos. Pero realmente nunca tuve un problema. Tuve problemas con las tarjetas de identificación, que no sabían dónde quedaba Puerto Rico y no me las querían aceptar”, dijo Ortiz.

Ortiz es un vivo testimonio de que, quizás, el esfuerzo que hace NASCAR para incluir más pilotos de minoría en su principal circuito no es suficiente. Para Ortiz, si el organismo tampoco ayuda a los pilotos de minoría a levantar apoyo económico, esa primera oportunidad en sus programas de desarrollo habrá sido en vano.

“El esfuerzo está, pero quizás pueden hacer un poco más. Llegas a NASCAR, te va bien, pero si no tienes un auspiciador que apoye tu carrera, hasta ahí llegaste. Te van preparando, y te sueltan en el aire. Hay cosas que se pueden trabajar”, analizó Ortiz.

Por ejemplo, en el caso del mexicano Suárez, Ortiz recordó que tenía el apoyo económico.

“Daniel no tuvo apoyo técnico de un equipo, pero tenía a Carlos Slim detrás. Ya esos acuerdos estaban”, dijo Ortiz. Slim, un magnate mexicano, es considerado por Forbes como la quinta persona más rica del mundo en el 2020, con una fortuna estimada de $68.9 mil millones.

De cara al futuro, Ortiz espera que NASCAR pueda afinar sus estrategias para atraer las minorías. Y todo tendrá que ser de la mano de grandes figuras en la pista.

“Quizás ahí está la falla de NASCAR, que no tienen a nadie fuera de Estados Unidos. Tienen que entrar a un mercado europeo, suramericano...Imagínate que tengan un piloto chino. Necesitan la diversidad, pero, les falta. Como que no les ha salido”, concluyó Ortiz.