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Juan Miguel Echevarría, derecha, durante en entrenamiento reciente en el cuartel general de atletismo cubano en La Habana. (Benjamín Morales Meléndez)

LA HABANA, Cuba.- En apenas un par de años, el cubano Juan Miguel Echavarría pasó del anonimato a convertirse en una de las estrellas más seguidas del atletismo mundial, tras acercarse más que ningún otro saltador de longitud al récord mundial de la disciplina y a la mítica barrera de los nueve metros.

Sin resultados notables en su etapa juvenil, el oriundo de la provincia oriental de Camagüey “explotó” en su tránsito hacia la categoría de adultos. En la pasada temporada, durante el Mundial Bajo Techo celebrado en Birmingham, arrebató la corona a atletas establecidos en el circuito mundial, quienes superaban ampliamente sus 19 años. Y hace apenas unas semanas, con un viento favorable por encima de los límites permitidos que impidió homologar la marca, se estiró hasta los 8.92 metros.

Con cada una de sus presentaciones, muchos ven tambalearse el legendario récord del estadounidense Mike Powell, quien el 30 de agosto de 1991 en el Mundial de Tokio, logró un salto de 8.95 metros, registro que casi tres décadas después luce casi inalcanzable.

Una molestia le impidió ganar en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, pero Echavarría asegura a El Nuevo Día que eso ya es parte del pasado. Sus recientes desempeños en la gira invernal dan fe de la total recuperación del portentoso saltador, quien no esconde que un registro histórico siempre estará entre sus planes.

“Siempre se piensa. Creo que para un atleta su mayor inspiración es ser recordista mundial y campeón olímpico, eso siempre es un sueño desde pequeño… en realidad no esperaba estar tan pronto así, pero trabajé mucho para esto y he hecho, y hago, lo que me aconsejan”, dice Echavarría antes de comenzar una sesión de entrenamientos en el cuartel general de atletismo cubano, al este de la capital cubana.

Entre esos consejos están los de Iván Pedroso, uno de los grandes de la especialidad, ¿qué te ha aportado?

—Iván fue mi primer ídolo desde pequeño, incluso cuando no me gustaba mucho el deporte, él fue mi primer ejemplo, luego sumé a Usain Bolt… pero Iván por ser de la misma disciplina me ha guiado mucho. Él fue un atleta que supo sobreponerse a muchas dificultades y me ayuda con consejos, sobre todo de entrenamiento.

Echevarría tiene la mira en los Panamericanos de Lima.

¿Crees que te pareces a él?

—Todos los atletas son diferentes. Yo tengo bastante velocidad, soy bastante técnico, me concentro mucho en mis competencias y me gusta enfrentarlas sin mucha presión, relajarme cuando más difícil estén, y creo que en eso nos podemos parecer un poco.

Se dice que podrás con el récord de Powell, a quién ya conociste ¿qué representó esa experiencia para ti?

—Fue súper emocionante, conocer a un recordista mundial no es algo que puedes hacer todos los días. Además, me habló mucho… las cosas que dijo me alientan cada día a seguir trabajando, a enfocarme más en lo que quiero. Me dijo que tenía muchas condiciones, que no me desesperara, y que él iba a estar pendiente de mi carrera, pero que trabajara muy duro, con mucho sacrificio, hasta que llegara el momento.

¿Cuánto sacrificio te exige la carrera que elegiste?

—Creo que mucho… mucho. Te pasas tiempo sin ver a la familia, aguantas dolores, muchas veces recibes críticas de gente que ni siquiera saben los sacrificios que haces. Cuando las cosas salen mal las personas te agobian, sin saber que tú eres el principal que se siente mal por no haber cumplido el objetivo, porque solo uno y su entrenador saben lo que se ha hecho para llegar a cada competencia. Es un sacrificio muy grande estar tanto tiempo aislado, las competencias en el exterior no son un paseo, no son vacaciones, llevan mucho rigor. Dejamos nuestra juventud en esto, no asistimos a fiestas, no hacemos otras cosas que hacen los de nuestra edad.

¿Te hace eso diferente al resto de los jóvenes cubanos?

—Yo creo que sí. Los jóvenes cubanos viven hoy tratando de hacerlo lo más alegres posible, con mucha fiesta, tienen libertad para hacer lo que quieren. Nosotros los deportistas tenemos una situación diferente, tenemos un reglamento, dormimos temprano, entrenamos bajo el sol, tenemos que descansar mucho, nuestra alimentación es diferente. Llevamos los estudios junto a los entrenamientos, no podemos hacer casi nada de lo que hace un joven normal, nuestro sacrificio es el doble de cualquier persona.

¿Pero se compensa?

—Sí, vale la pena ver los resultados de ese esfuerzo, es gratificante, te satisface y siempre quieres más… para eso se trabaja.

Los Juegos Panamericanos de Lima ya están en el horizonte… ¿cómo crees que serán?

—En Lima no me puede suceder lo mismo que en Barranquilla, quiero llegar al ciento por ciento. Hemos trazado una ruta para llegar a esa como mi competencia fundamental del año. Luego vendrá el Mundial de Doha, pero es Lima lo principal y estamos preparándonos para eso.

¿Y Tokio 2020?

—A Tokio llegaré con 21 años, muy joven para unos Juegos Olímpicos, pero con muchos sueños y puedo conseguir un buen resultado. Más allá de la medalla, es hacerlo bien, esa es la meta que me tracé… hacerlo bien porque con eso viene el premio.

¿El sueño es llegar a los nueve metros, o hay algo más?

—Ser el primer atleta del mundo en lograrlo, llegar a ser campeón olímpico… eso es lo que busco. No quiero que la gente diga que fui un gran saltador o tenía grandes expectativas, no. Yo quiero que digan que fui el mejor saltador en todos los aspectos… era técnico, táctico, rápido, sencillo y se llevaba con todos… Creo que esa es la integridad que hace grande a un atleta.


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