Previo a participar en el Puerto Rico Open, el boricua se enfoca en grandes metas.

Puerto Rico tiene una larga lista de figuras que se han convertido en la cara del país en distintos quehaceres del ámbito profesional, político, cultural y deportivo. Y, poco a poco, el sanjuanero Rafael “Rafa” Campos se ha tornado en la bandera del golf boricua junto a María Fernanda Torres.

Ya en su novena temporada como profesional, Campos se encuentra en su mejor momento como atleta al ver cumplida su principal meta para el 2019: ganar por primera vez en su carrera un torneo en el circuito del Web.com Tour, considerado el circuito de desarrollo del tour de la Professional Golf Association (PGA), el más importante de Estados Unidos.

Con ese aliciente, Campos regresa a la isla lleno de entusiasmo para tomar parte por undécima ocasión en el Puerto Rico Open, que se efectuará del 21 al 24 de febrero en el campo de Coco Beach en Río Grande. El Open es el torneo de máximo nivel en la isla, donde juegan algunos de los exponentes de las ‘grandes ligas’ del golf, la PGA.

De 30 años, Campos debutó como profesional en 2011, primero participando en el PGA Tour Latinoamérica y en los últimos cuatro años en el Web.com, el paso previo para llegar al PGA Tour.

Graduado de Administración de Empresas en Virginia Commonwealth University en 2010, Campos comenzó el 2019 aun mejor del que, hasta ahora, había sido su año más productivo en 2017. En esa campaña, a finales de marzo terminó décimo en el Puerto Rico Open y el resultado le abrió puertas para realizar otras apariciones en torneos del circuito de la PGA. Con su actuación en el Puerto Rico Open y luego en Houston (séptimo lugar), se convirtió en el primer boricua desde Juan “Chi Chi” Rodríguez (1977) en arribar entre los primeros 10 en dos certámenes consecutivos del PGA Tour.

Campos quiere regresar a esos días, pero de manera permanente como jugador bonafide del circuito de la PGA, así como tantos peloteros puertorriqueños juegan en el mejor béisbol, el de Grandes Ligas, o como la tenista Mónica Puig en el tour de la Asociación de Tenis de Mujeres (WTA, por sus siglas en inglés).

Por ahora, Campos está saboreando su buen momento en el Web.com Tour. Aparte de su triunfo en el Torneo Clásico Abaco en Bahamas el 23 de enero, Campos ha participado en otros torneos en este inicio de 2019, por lo que llegará a la isla con bastante preparación. Sin incluir su participación este fin de semana en Sarasota, Florida, llega a la isla con 566 puntos en su circuito, buenos para el tercer lugar del grupo de los mejores 25.

Campos conversó con El Nuevo Día como preámbulo a su regreso al campo de Río Grande, tras la pausa forzosa del Puerto Rico Open en 2018 como resultado del huracán María.

Tu última aparición en el Puerto Rico Open en 2017 abrió la puerta a otras apariciones en torneos del PGA Tour. ¿Te sientes ya que perteneces a ese nivel?

—Desde hace tiempo me he sentido que pertenezco al torneo (PR Open). Las oportunidades que me dieron, esa invitación al principio, al primer año (2008), al segundo año... La realidad es que solo tuve que cualificar uno de 11 años, porque ya cualifiqué para el próximo. Pero fue lo que me abrió muchas puertas. Esa puerta que me abrieron de poder competir con jugadores de ese calibre, me demostró que de verdad puedo jugar, y que lo que estaba pensando que iba a ser mi carrera profesional, lo podía hacer.

¿Sientes que representas el golf de Puerto Rico?

—Me siento cómodo (en el torneo), pero también sé que es una responsabilidad. Soy uno de cuatro puertorriqueños que van a estar jugando lo más seguro este año. Pero no solo venimos a jugar golf, sino a asegurarnos que la gente que viene de afuera, sepa lo que es Puerto Rico. Gracias a Dios los últimos dos años que jugué el torneo tuve dos buenas actuaciones que pusieron mi nombre un poquito en televisión más a menudo. Tuve muchos mensajes de amistades afuera que me decían, ‘te estoy viendo en televisión y estoy viendo a la isla’.

¿O sea que sientes cierta responsabilidad?

—Como imagen sí, no lo puedo negar. No siento presión cuando estoy jugando. Los nervios siempre están ahí al principio. Lamentablemente soy el único puertorriqueño jugando golf fuera de Puerto Rico (en la rama masculina). Quiero asegurarme que los jóvenes tengan a alguien de quien decir, ‘mira, este es puertorriqueño, lo está haciendo, ¿por qué yo no?’ La responsabilidad es más y quiero asegurarme que no esté mostrando una imagen que no sea quien soy yo, y que no sea la definición de lo que es el golf.

¿Qué se puede hacer para masificar de una vez el golf en Puerto Rico?

—Cuando tenía entre 12 y 18 años, podía ir a cualquier campo y jugaba de gratis. Si no hubiese tenido el apoyo que tuve, quizás no estaría jugando golf, porque es un deporte sumamente caro. Es algo que teníamos cuando yo era joven (el apoyo de los clubes). Estoy molesto con los clubes, porque no hacen eso ahora. ¿Qué se tiene que hacer? Que cualquier nene de 18 años o menos que viva aquí en la isla, pueda usar las facilidades para jugar y practicar. No importa que el club sea privado. Si quiere ir a jugar, que pague, como máximo, el carrito, 30 dólares. No vas a poder atraer a gente (jugadores) si estás cobrando a los papás tanto dinero.

¿Sería algo como adoptar jugadores para desarrollarlos?

—Yo me crié en Río Mar, en Dorado, jugando allí. Creo que para ellos es un orgullo poder decir, ‘mira Rafa practicó aquí todos los días; se hizo aquí’. Es lo mismo que si tú (como club), por ejemplo, le das esa oportunidad a fulano de tal aquí (Río Grande). De repente, se convirtió en un buen jugador y llegó a los rangos profesionales. Yo te garantizo que él va a decir, ‘yo practicaba en Coco Beach todos los días’. Eso es bueno para el nombre del club. Entiendo a los clubes, porque eso es un negocio y no es económico mantener un campo de golf. Pero a la misma vez yo digo, supply and demand. ¿Por qué estás cobrando $200 por jugar un campo, y te vienen cinco personas, cuando puedes cobrar 30 dólares por persona y te vienen 300? Lo segundo (para masificar el golf) es tener más torneos. Creo que la asociación (Puerto Rico Golf Association) hace como cuatro o cinco torneos, y eso no es suficiente. No estás dejando al joven mejorar.

Te gozaste el último abierto en la isla (en el 2017) y te mostraste sorprendido por el apoyo de la gente.

—Definitivamente. La realidad es que cada año ha crecido más y más. Significa que hay más gente interesada en el deporte. Es un deporte que no muchas personas lo conocen, lamentablemente, aquí en la isla. Pero cada año veo a más y más personas viniendo y apoyando. De verdad que sientes el calor cuando estás acá. Y lo bueno de este deporte es que cuando le das a la bola, la gente puede gritar lo que le de la gana. Recientemente, desde hace año y medio, estoy viendo muchos más jovencitos de 13, 16 años, que están jugando. No es si están jugando excelente, bien o mal. Eso no importa. Es que están cogiendo un palo de golf y están empezando a jugar. Significa que el golf se está moviendo en un camino bueno.

Antes del gran año que tuviste en 2017, venías de lesionarte. Y en 2018 tampoco jugaste a tiempo completo. ¿Cuán difícil hace eso que puedas subir a jugar en el Tour de la PGA?

—En realidad comencé el 2018 muy bien. En los primeros tres torneos ya tenía garantizado que no iba a perder mi trabajo (en el Web.com). Para que la gente que no sabe de golf entienda, yo estoy en en un nivel que es como la Triple A, tratando de llegar a las Grandes Ligas. Hasta el año pasado, todo era a base de dinero (para aspirar a ascender). Tenía que ganarme aproximadamente 90,000 dólares (en premios) para llegar en los mejores 75 del Web.com Tour. Esos mantienen su tarjeta. Entonces, los mejores 25 son los que suben a las ‘grandes ligas’, el PGA Tour. En los últimos tres años yo he estado entre 26 y 75. El año pasado había comenzado muy bien, pero la espalda empezó a molestarme muchísimo. Tuve un desgarre lumbar (espalda) hace dos años y medio. El año después tuve la buena racha en 2017, y después de jugar cuatro torneos del PGA Tour corridos, estaba en Kansas y caí en un lugar incómodo en una loma bastante grande. Cuando le pego (a la pelota) se me quedó el palo estancado y ahí me explotó la espalda.

¿Cómo te sientes ahora en este comienzo de temporada?

—Me siento muy bien. Enlas últimas tres temporadas no he tenido una temporada sin dolor y estoy loco por ver qué puedo hacer en una temporada sin dolor.

Ahora que lograste una de tus metas, que era ganar un torneo, ¿cómo cambian tus objetivos para este año y el futuro?

—Gracias a Dios pude chequear una de mi lista (de metas). Pero estoy sumamente lejos de adquirir mi tarjeta del PGA Tour. Gracias a Dios ganamos al principio del año y por lo menos me garantizo que tengo trabajo para el año que viene en el Web.com. Me gustó esa sensación de ganar. Quiero volver a ganar otro torneo ahora. Si gano ahora, me garantizo ya mi tarjeta para el PGA Tour. Si no gano (otro evento en el año) tengo que asegurarme de hacer muchos cortes y tratar de llegar de cuatro a seis veces en los primeros 10 (por torneo) y de ahí creo que me garantizo mi tarjeta para el año que viene.

¿Es difícil subir a la PGA?

— Antes era por dinero y se hacía más difícil, porque si alguien ganaba un torneo de mucho dinero, y uno ganaba otro de menos dinero, era un poco injusto. Pero ahora los puntos compensan a los jugadores que juegan consistentemente, haciendo muchos cortes. Tengo que tratar de llegar en los primeros 10 lo más posible. En verdad quiero ganar otra vez. No quiero esperar nueve años.

¿Qué te parece la labor que está haciendo Marife Torres en la Ladies Professional Golf Association (LPGA)?

—Estoy sumamente orgulloso de ella. Tiene un equipo de trabajo buenísimo, completo, con nutricionista, coach, psicólogo... Se merece todo lo que ha hecho (acaba de debutar y convertirse en la primera puertorriqueña en la LPGA). Desde chiquito estuve jugando con ella. No es la que más talento tenía, pero es la que más trabajó en todo tipo de aspecto desde que tiene 13 años.

¿En qué sentido trabajaba?

—Me recuerdo verla con una carpeta, y todavía. Literalmente, decía: ‘despertarme a las 7:30 a.m., desayunar melocotón con esto y esto otro, practicar poteo una hora’... Tenía eso día tras día. Se merece 100 por ciento estar ahí y se merece que juegue bien todo el tiempo. Es la primera puertorriqueña que llega al nivel más alto. Y está entre las mejores 180 del mundo. Y para poder decir eso en el golf, donde son miles y miles de jugadoras... Está haciendo las cosas bien. Ella es la embajadora del golf femenino en Puerto Rico, y ella lo sabe.


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